EDITORIAL
Ecuación del desarrollo sigue con incógnitas
Es el ciudadano quien puede y debe exigir cambios para crear oportunidades.
Una ecuación es una fórmula matemática, fundamental en el álgebra, en la cual se trata de resolver un dato desconocido llamado incógnita, para que dos expresiones a los lados del signo igual (=) sean equivalentes. Alguien dijo que Guatemala es un país de muchas oportunidades precisamente porque tiene muchas necesidades por resolver: de alguna forma esa también es una ecuación cuyos datos pueden ser cifras de infraestructura vial, mejores indicadores de seguridad ciudadana, certeza jurídica o incentivos para la inversión local o extranjera. O quizá aún son una incógnita pendiente de despejar, como si de un problema matemático se tratara.
Lamentablemente, la vida nacional con sus componentes políticos, sociales e incluso económicos no necesariamente se pueden despejar como fórmulas de álgebra. Sin embargo, paradójicamente, un mayor fomento de la capacidad matemática en los niños y jóvenes, sobre todo aquellos con natural disposición a este tipo de habilidades, podría —y debería— convertirse en una apuesta nacional para el desarrollo de un sector que ha demostrado ser muy competitivo, generador de empleos, pero que no logra expandirse plenamente, debido a la falta de talentos.
Si seguimos con la metáfora de la ecuación, podríamos decir que la gran incógnita por resolver es cuántos recursos del erario se deberían dedicar para cultivar el talento y las múltiples inteligencias de la juventud. Las ramas del desarrollo informático y la investigación científica que no solo son altamente redituables para quienes trabajan en ellas, sino para toda la sociedad, pues crean un efecto de círculo virtuoso que motiva a más personas a esforzarse en el aprendizaje y la búsqueda de soluciones como desafío de vida. Pero se necesita enfrentar el problema del rezago educativo nacional.
En el sector tecnológico hay nichos de productividad aún pendientes de expansión; uno de estos es el sector de fintech, integración de servicios financieros y tecnológicos, en el cual operan 119 empresas actualmente en Guatemala que generan alrededor de dos mil cien empleos, pero que aún podrán contratar más talento humano el próximo año. Son plazas relacionadas con desarrollo de software, análisis de datos, ciberseguridad, inteligencia artificial aplicada, productos digitales y áreas comerciales especializadas. Son empleos de alto valor agregado, con mejores salarios y un enorme potencial de crecimiento. Sin embargo, para estas labores no hay suficientes candidatos cualificados, y esa es la principal limitante para su crecimiento.
Esta limitación no solo abarca a las fintech, existen otras áreas como la agroindustria, la manufactura y la logística que precisan de técnicos y profesionales con sólida base informática para poder emprender una especialización laboral constante. Pero, lamentablemente, muchos planteles del país, públicos y privados, siguen varados en carreras tradicionales, de hace 30 años, tanto en contenidos como en metodologías.
¿Cuándo comenzará en el país la transformación educativa que otros países iniciaron hace dos décadas? Naciones que lideran la innovación tecnológica no surgieron espontáneamente: Corea del Sur hizo apuesta sostenida por la educación, Estonia incorporó la programación desde la primaria, Finlandia exige pensamiento crítico enfocado en solución de problemas. Aquí el problema está en una clase politiquera que solo busca fomentar el clientelismo y la codependencia para seguir medrando con la pobreza. Y es el ciudadano, cuya inteligencia relegan estos demagogos, quien puede y debe exigir cambios para crear oportunidades.