EDITORIAL
El factor estratégico
Las madres son abnegadas, es decir, capaces de quitarse el pan de la boca para darlo a sus hijos. Las madres son responsables, por una razón biológica, pero también por una convicción natural y una misión espiritual. Las madres son luz en medio de tantas sombras del mundo actual.
Por eso las madres son clave en la implementación eficaz de toda estrategia de superación educativa, económica, sanitaria y nutricional que pretenda generar cambios radicales en los indicadores de desarrollo. Tal nivel de incidencia se debe a su autoridad moral, emocional y, sobre todo, a su inconmensurable amor a su familia, un factor estratégico en el momento actual, pero también a lo largo de toda la historia nacional, aunque en diversos períodos su valor haya quedado relegado detrás de prejuicios, legalismos o la simple cotidianidad.
Es vergonzoso decirlo, pero hubo etapas en que la opinión, el aporte e incluso el voto de las mujeres no solo estuvo vedado, sino menospreciado a causa de criterios infundados. Mucho más penoso aún es decir que muchos programas gubernamentales supuestamente dirigidos a subsanar rezagos comunitarios y productivos no toman en cuenta a las madres de familia. La evidencia para poder asegurar que ellas constituyen un eslabón fundamental en la cadena del desarrollo radica en varios programas de artesanías, microempresas o cooperativas de tejedoras patrocinados por algunas organizaciones no gubernamentales que tienen como piedra fundamental a mujeres dispuestas a labrar un nuevo futuro para sus hijos.
En algunos períodos gubernamentales se ha apelado a esta convicción maternal para el otorgamiento de remesas condicionadas, pero desafortunadamente se ha incurrido en el error de politizar y buscar un rédito político, con el consiguiente descrédito y sombra de clientelismo, factor de desgaste que se puede evitar mediante un registro transparente de beneficiarias y un monitoreo de peso y talla infantil. En la emergencia alimentaria actual, uno de los programas de asistencia debería estar centrado en las madres de familia, y vale la pena hipotetizar que sería uno de los más eficientes y exitosos.
Cabe recordar el programa Hambre Cero, cuya aprobación fue un trabajo cuesta arriba entre el 2018 y el 2019, gracias a la doble moral de un Congreso centrado en otros intereses y que aún no ha sido implementado a pesar de los éxitos obtenidos en otros países. La exigente cuentadancia y constante auditoría lo hacían poco atractivo para los politiqueros de siempre, interesados más en medrar del erario que en la verdadera superación de los lastres socioeconómicos. Hambre Cero viabiliza el aprovechamiento del amor materno como piedra fundamental del desarrollo humano nacional, con pertinencia cultural y controles médicos. Desgraciadamente, para ponerlo en marcha y sostenerlo por varios gobiernos se necesita de valentía, integridad y coherencia axiológica.
Cada madre lleva dentro de sí estos tres elementos, y con ellos la raíz de un futuro mejor, iluminado por el fulgor de un amor que no se vende, no se compra ni se puede instrumentalizar para fatuas agendas momentáneas. Cada madre es un testimonio de amor, desde los más destacados residenciales urbanos hasta las más áridas lomas del Corredor Seco, y ese es un factor estratégico que puede llegar a dar a luz una nueva Guatemala.