Editorial

Entusiasmo y cautela deben balancearse

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La reapertura de diversas actividades comerciales e industriales bajo los parámetros preventivos a nivel local dictados por el semáforo epidemiológico ha traído un respiro para muchas personas que, tras cuatro meses de suspensión laboral, han sido llamadas a retomar sus plazas de trabajo en empresas grandes y pequeñas, obviamente bajo los protocolos de monitoreo, protección y medidas contra la propagación del covid-19.

La apertura de centros comerciales con controles de aforo y la paulatina entrada en funcionamiento del transporte colectivo son otros factores que sin duda alguna acelerarán el movimiento económico del país, que se encuentra en una coyuntura sin precedentes, debido a que la amenaza aún está presente. No son pocas las voces que auguran un fuerte repunte a causa del retorno de dinámicas de movimiento y concentración de personas, pero también era prácticamente impostergable el arranque de una recuperación productiva en todas las regiones del país.

El entusiasmo en los rostros de dependientes y operarios de empresas que vuelven a funcionar constituye un rayo de esperanza para anhelar una estabilización en las cifras de casos que permita, de ser requerida, la debida atención hospitalaria. Hay familias completas que dependen de ese retorno laboral y que ya no contaban —si es que lograron acceder alguna vez— con la ayuda de alguno de los programas que publicitó el Gobierno y que en varios casos se encuentran en una transición de manejo que no termina de aclararse.

El servicio de los medios de comunicación serios e independientes ha sido, a lo largo de la crisis, en favor del bien común, de la salud de la población y de protección a la vida. Difundir cifras de contagios de guatemaltecos dentro y fuera del país, decesos y también de recuperaciones forma parte de la labor periodística; en la misma forma se han dado a conocer esfuerzos, donaciones e iniciativas altruistas, así como historias de abnegación, generosidad e innovación que constituyen un bálsamo en medio de un predicamento tan prolongado.

Se señala esto debido a que ciertos tecnócratas y exfuncionarios han señalado a la prensa de sobredimensionar situaciones e incluso de frenar el retorno a la nueva normalidad, lo cual en sí mismo es un error de análisis, puesto que menosprecia la inteligencia de los lectores y las audiencias. Quizá en la mente de tales personas exista la idea o quizá el deseo de fijar agendas artificiales en la población, cuando en realidad son los propios ciudadanos quienes definen sus prioridades, responsabilidades y exigencias.

El regreso a la actividad no se podía retrasar por mucho tiempo, pero tampoco era viable hacerlo en los momentos en que los contagios rondaban los mil diarios, de hecho el sistema de semáforo epidemiológico instituye cierres municipales o regionales en el momento en que la propagación tenga cifras de riesgo. Tales indicadores precisan de pruebas suficientes, procesadas en tiempo real y con registros actualizados, para poder ser confiables.

Por otra parte, es necesario reforzar los controles sobre las prácticas precautorias, como el uso correcto de la mascarilla —cubriendo la nariz, y no como un antifaz o un tapaboca—, el distanciamiento efectivo en cajas de supermercados y comercios, el respeto de las personas al aforo permitido en los locales. En pocas palabras, se trata de una responsabilidad compartida que demanda prudencia, paciencia y sentido de solidaridad.