EDITORIAL

Inundados de basura, desorden y pretextos

A final de cuentas, son los vecinos quienes pagan las ofertas falsas y los pretextos de sus autoridades.

Un súbito aguacero anegó calles completas de San Miguel Petapa y Villa Nueva la noche del 31 de marzo. Pero el repentino torrente solo puso al descubierto la descomunal cantidad de basura tirada en calles y aceras, en predios baldíos y en botaderos, de esos y otros municipios que forman parte de la cuenca del lago de Amatitlán. Verdaderos diques de desechos fueron grabados justo al momento de colapsar y ser arrastrados por una correntada río abajo, colonias abajo, en donde los drenajes quedaron obstruidos, parcial o totalmente. El resultado: casas inundadas, vehículos sumergidos, pérdidas de enseres y remanentes de lodo al frente o dentro de las residencias.

Esta es una incómoda, desagradable, mas no nueva advertencia de las consecuencias del atraso, barbarie o incultura en el manejo de desechos sólidos: irresponsabilidades individuales y colectivas terminan impactando en terceros que quizá sí —o tal vez tampoco— se preocupan de disponer adecuadamente de sus residuos sin afectar a otros. Debería quedar claro que la basura no es un problema ajeno, que no es pequeño ni trivial; basta dejar tirado un envase, una bolsa o un vaso desechable para formar parte de un monstruo colosal.

El desafío de la basura es de todas las familias, de todos los habitantes de colonias y condominios, de todos los municipios, de todos los departamentos. La diferencia está entre ser parte de la solución o del problema acumulado. Por desgracia, las autoridades de todo nivel se encuentran en un círculo vicioso, mordiéndose la cola entre sí, pero no para buscar soluciones, sino para sabotearse. Hay muchas muestras de esta necedad, incluidas comunas que no se ponen de acuerdo. No debería ser el caso de San Miguel Petapa y Villa Nueva, cuyos alcaldes son padre e hijo, elegidos con un mismo partido.

Atender los daños inmediatos de la inundación es de oficio: el verdadero reto está en implementar planes concretos para fortalecer las cuencas de ríos que se desbordan. Cómo se limpian los alcantarillados y colectores. Cómo se combate el abandono de basura en las calles. Cuáles son los planes para la clasificación y tratamiento de desechos: un desafío del que ningún alcalde debería desentenderse y, sin embargo, se lavan las manos.

No existe actualmente ningún esfuerzo ni propuesta de autoridad alguna ni de la paraestatal Asociación Nacional de Municipalidades, ente privado cuyo presidente impugnó el Reglamento de Tratamiento de Desechos. La Corte de Constitucionalidad también pasó a ser factor de este monstruoso problema de basura el 27 de agosto de 2025, cuando avaló la anulación de dicha norma, con el argumento de que violaba la autonomía municipal, simplemente porque ponía plazos a los alcaldes: sí, esos mismos que se lavan las manos.

Acuatizando de nuevo en el tema de las inundaciones, lo sucedido en los dos municipios mencionados —que ya tienen sus antecedentes de desastres relacionados, incluidos hundimientos de vías y derrumbes de viviendas— es un preludio de lo que se viene en la temporada de lluvias, que arranca dentro de un mes. Pero no son los únicos. Es oportuno mencionar que la inexistencia, desacato o amaño de planes serios de ordenamiento territorial también precipitan este tipo de riesgos. “El agua tiene memoria”, reza un viejo adagio de la hidrología, y a menudo se edifican viviendas, colonias e incluso edificios en áreas que forman parte de viejas cuencas fluviales —por no mencionar las placas tectónicas—. A final de cuentas, son los vecinos quienes pagan las ofertas falsas y los pretextos de sus autoridades.

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