Editorial

La fe mueve montañas

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Muchos devotos católicos lamentan aún la suspensión de los tradicionales cortejos procesionales que marcan con su solemnidad y alegorías, año con año, testimonios de piedad y riqueza cultural que identifican la cuaresma guatemalteca. Sin embargo, bajo una circunstancia apremiante, con fundamentadas razones científicas y ante las duras lecciones afrontadas por países que no decretaron a tiempo el paro de labores y encierro domiciliar como medidas precautorias, no cabe más que recordar actividades sacras de años anteriores y anhelar las del año próximo, junto con una plegaria de súplica por el cese de la calamidad.

De hecho, en Guatemala se convocó a una jornada de ayuno y oración, ayer sábado, que tuvo múltiples manifestaciones, personales e institucionales, de diversas iglesias y congregaciones, con transmisiones en vivo de misas, velaciones eucarísticas, prédicas, jornadas de alabanza en línea y foros virtuales en los cuales quedó patente una espiritualidad que no tiene espacio para divisiones.

La ciudadanía aún no termina de asimilar toda la carga de incertidumbre, brusco cambio de hábitos y restricciones implementadas por prevención sanitaria; a esto se suma el temor, la zozobra y hasta la preocupación por el futuro próximo, tanto a causa del coronavirus como por los impactos económicos de este episodio histórico. Nerviosismo, angustia o incluso irritación pueden ser estados de ánimo detonados por el confinamiento obligado y la sensación de impotencia ante un enemigo prácticamente invisible.

No obstante, aunque pueden ser estados anímicos con una causa obvia, es necesario mantener una actitud de esperanza ante la adversidad, puesto que la congoja únicamente conduce a un sentido descendente que puede convertirse en pánico, apatía o incluso nihilismo. Es allí donde entran en juego los valores morales y las creencias religiosas que, en general, profesan un sentido unívoco de amor por la vida, confianza en un ser infinito y predican el servicio al prójimo como vía de realización personal, puesto que implica una salida del propio ego y sus preocupaciones.

Con esto no se está diciendo que las personas que no pertenecen a ninguna denominación religiosa queden fuera de la posibilidad de encontrar un sentido a la dificultad. Por el contrario, quienes viven bajo principios humanistas tienen también un conjunto de conocimientos y razonamientos que invariablemente los conducen a la fraternidad nacional y universal.

El desafío apenas comienza. Se cierra la primera semana de medidas de excepción pero comienza a partir de hoy un toque de queda de 12 horas, además del cierre gradual de más industrias, debido a la necesidad de atajar la propagación asintomática del covid-19. El episodio es inédito a nivel global, debido a su alcance todavía en expansión y por los miles de decesos que acarrea. Pero Guatemala es un pueblo de fe, una nación bendecida que a pesar de numerosas adversidades sabe unirse para salir adelante. Se prevén días en los cuales se multiplicará la confirmación de casos a causa del contagio invisible de las tres semanas anteriores, pero aún así, contra toda razón, siempre hay espacio para el milagro en el corazón de quien tiene fe.