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La meta de un país competitivo sigue allí

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La falta de certeza jurídica, retraso en la resolución de conflictos y la desprotección para los inversionistas figuran entre los factores que más rezago presentan para Guatemala, según el índice anual Doing Bussiness 2020, sobre previsiones de negocios y economía, elaborado por el Banco Mundial, que evalúa a 160 países y dentro del cual Guatemala ocupa el lugar 96. Si se tratara de una calificación escolar, el país podría ser considerado un alumno deficiente, con un promedio general de 62.6 puntos, que no es suficiente para insertarlo de manera efectiva en la competitividad global. No es consuelo que en puestos inferiores se encuentren países como Honduras (133), Haití (179) o Venezuela (188), ya que tres economías centroamericanas nos llevan ventaja: El Salvador (91), Panamá (86) y Costa Rica (74).

Si se continúa el símil del estudiante con rendimiento bajo, se puede afirmar que buena parte de la culpa recae sobre sus encargados, es decir, los organismos de Estado que deberán proveer la seguridad necesaria para la inversión, el soporte eficiente para poder pagar impuestos y las facilidades necesarias de infraestructura vial, registro de propiedad y trámite jurídico de contratos, entre los cuales se pueden incluir leyes pendientes a causa de la desidia del Congreso de la República.

En todo caso, el país tiene un gran potencial pendiente de desarrollar y prueba de ello son los aspectos en que existen mejoras a lo largo de una década, varias de las cuales se han dado bajo la guía de este índice global, entre ellas la facilidad para abrir nuevos negocios, el acceso a suministro de energía eléctrica, la disponibilidad de créditos bancarios y el trámite de permisos de construcción, que han mejorado sus indicadores, medidos con una exigente evaluación del clima de negocios dentro de la cual los primeros cinco países son, en su orden: Nueva Zelanda, Singapur, Hong Kong, Dinamarca y Corea del Sur. EE. UU. se encuentra en sexto puesto.

Si bien se trata de estudios con metodologías totalmente distintas, el Doing Business tiene ciertos puntos de contacto con el Índice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial, revelado hace apenas dos semanas, en el cual la institucionalidad y la infraestructura figuran entre los campos con mayor rezago, junto con la capacidad de innovación y adopción de tecnologías, por lo que Guatemala se sitúa en el puesto 98 de 140 evaluados. De hecho, a lo interno del país, según la más reciente Encuesta Empresarial, los mayores obstáculos para el crecimiento económico son la inseguridad jurídica, la conflictividad social y la falta de infraestructura.

De cara al inicio de un nuevo gobierno y de la llegada de un nuevo Congreso, dentro de 81 días, es válido esperar una agenda proactiva, eficiente y ordenada, cuyo objetivo sea la atracción de inversiones, incentivos para el emprendedurismo y mayor transparencia. Los extremismos no pueden tener cabida en la construcción de un país con visión de progreso, porque ya han demostrado su fracaso y su estéril apelación a la confrontación. El consenso es imprescindible e impostergable entre los guatemaltecos. Todos necesitan mejores perspectivas de nación: el sencillo dueño de una ferretería de un barrio periférico que todos los días abre su persiana con la esperanza de mejora en sus ventas, el inversionista que aterriza con visión de crecimiento a largo plazo, el emprendedor que está por fundar una nueva compañía de servicios turísticos o el agroexportador que requiere eficiencia en el transporte transfronterizo, entre tantos posibles ejemplos.