EDITORIAL

La misión periodística se reafirma a diario

Alrededor del mundo, la misión del periodismo siempre se encuentra invariablemente vinculada al sentido de servicio a la comunidad local y nacional para dar a conocer problemas, factores, decisiones, coyunturas y sucesos que conculcan derechos fundamentales, la calidad de vida de las personas e incluso la vida misma. Nunca faltan los señalamientos de grupos o particulares que, desde una postura hegemónica, acomodada o interesada acusan al periodismo de resaltar solo aspectos negativos, cuando en realidad es cada persona la que necesita contar con información confiable para tomar previsiones y decisiones acerca de lo que impacta en su economía hogareña, en la seguridad de su familia o en la certeza jurídica para sus negocios o emprendimientos.

Vivimos tiempos digitales, de comunicación omnidireccional en multiplicidad de canales y soportes a través de los cuales prácticamente toda persona puede expresar su opinión, puntos de vista, comentarios, críticas, descontentos, emociones, avales, repudios o apoyos, ya sea firmando con su nombre, apellido, o con seudónimos a cada cual más rebuscados y a veces con personalidades múltiples para aparentar más voces en redes, aunque en internet nada hay oculto ni nada que no llegue a rastrearse.

Por eso, en los medios periodísticos serios cada pieza lleva nombre y apellido: noticias, reportajes, fotografías, crónicas, tuits, artículos, columnas: la audiencia merece saber quién le está informando y este conocimiento cimenta a su vez la confianza y alimenta el compromiso por reunir datos certeros, análisis balanceados y sentido crítico íntegro, contenidos que están abiertos al juicio y escrutinio del ciudadano, que busca referencias y puntos de navegación.

En los 72 años de vida de Prensa Libre permanecen inalterables los principios sentados por nuestros fundadores: servir a diario a Guatemala y a los guatemaltecos con el reporte actual de realidades en diversos campos del devenir nacional. Evaluar el desempeño gubernamental y el manejo del erario constituyen temáticas centrales porque implican los tributos aportados por cada ciudadano en favor de la prestación de servicios esenciales, la construcción de infraestructura productiva y la consecución de mejoras para potenciar el desarrollo humano. Hacer bien ese trabajo es la obligación a la cual se comprometen voluntariamente personas y partidos; incumplirlo es faltar a sus ofrecimientos.

Con frecuencia, las denuncias de corrupción, obras incompletas, malversación de fondos públicos, dispendios discrecionales, nepotismo, negocios clientelares o disfuncionalidades institucionales suscitan feroces diatribas por parte de funcionarios responsables, o más bien irresponsables. A la larga, las mejores pruebas las aporta el tiempo, al observar carreteras destruidas, proyectos que se derrumban o incapacidad para sostener el funcionamiento digno de hospitales o programas contra la desnutrición.

Muchos politiqueros ambicionan recibir halagos a pesar de sus contradicciones, falsos discursos y malos resultados. El periodismo crítico pone de manifiesto tales incoherencias, contrasta ofertas contra realidades, devela abusos de poder vestidos con piel de oveja. En este 30 de noviembre, Día del Periodista en Guatemala, revalidamos nuestro compromiso con el ciudadano que día a día reafirma su confianza y con la democracia que nos provee garantías que grupos intolerantes tratan de vulnerar en favor de oscuras agendas sectarias.

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