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Lecciones contundentes dejan las elecciones

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La voz del pueblo es a veces estentórea como en las multitudinarias manifestaciones contra la corrupción en plazas y calles, pero en una jornada electoral como la de ayer tuvo su manifestación masiva de cada cuatrienio: la expresión colectiva, soberana, pacífica y constitucional plasmada silenciosamente en las papeletas para alcaldes, diputados y presidente.

Los datos preliminares, con un 49% de mesas procesadas al cierre, apuntaban a una segunda vuelta entre Sandra Torres, del partido UNE, con un 23.98% de votos, y Alejandro Giammattei, del partido Vamos, con un 15.07% de los sufragios, en un resultado que seguía la tendencia reflejada por la Encuesta Libre. De hecho, el triple empate técnico entre los siguientes aspirantes identificado por la medición se decantó también por los candidatos Edmond Mulet, del partido Humanista, con un 12.03%; Thelma Cabrera, del MLP, con un 10.27%; y Roberto Arzú, de la coalición Pan-Podemos, con un 8.41%, seguido de cerca por Isaac Farchi, de Viva, con 8.03%. Las variantes en las cifras continuarán, pero son claramente explicables gracias a otro indicador de dicho estudio estadístico: un 48% de los ciudadanos consultados expresó, entre el 26 de mayo y el 5 de junio, no estar aún totalmente seguro de su decisión electoral.

Lo que no causa sorpresa es el voto de castigo de los ciudadanos hacia el partido oficial, FCN-Nación, cuyo candidato presidencial se encontraba, al cierre de esta edición, con un 3.52% de los sufragios, una consecuencia lógica de los pactos y deficiencias del gobierno de Jimmy Morales. Parte del desgaste es atribuible a la entrega oportunista de bonos por hambre estacional, acción que desató denuncias de clientelismo y que se sumó a los sospechosos pagos a expatrulleros de autodefensa civil a través de un programa que ya había sido finiquitado y que fue revivido en el 2016. Estos y otros factores dan como resultado la continuación de la imposibilidad para cualquier partido de gobierno de conseguir un segundo período consecutivo.

Otro mensaje importante es la necesidad de renovación política, puesto que el nivel de conocimiento de Torres y Giammattei, que les daba una aparente ventaja en comparación con otros candidatos, no fue suficiente para obtener mejores cifras, mucho menos para ganar en primera vuelta. Esto conllevará la necesaria búsqueda de apoyos de cara a la segunda ronda, pero también para hacer viable una agenda de consenso para la administración que comienza el 14 de enero de 2020. Por otra parte, el surgimiento de algunos partidos y aspirantes que no existían hace cuatro años atrajo a una interesante porción del electorado, ávido de ideas nuevas.

La ciudadanía tiene un creciente espíritu crítico y por ello no se deja arrastrar tan fácilmente por populismos baratos ni por discursos confrontativos. Ningún político debe menospreciar la inteligencia de los votantes ni debe intentar basar su campaña en unos cuantos objetivos generales o en ataques para desgastar al contrario. El debate de la segunda vuelta debe fundamentarse en compromisos éticos, en propuestas programáticas y, sobre todo, en volver a hablar con la gente a fin de encontrar no solo sintonía emocional, sino encontrar la verdadera razón de sus aspiraciones. La conflictividad de algunos municipios, que llegó incluso a impedir la realización de comicios, es también motivo de aprendizaje sobre lo que ocurre cuando las figuras políticas acendran la polarización y rompen los puentes de diálogo, pero ello solo enfatiza la necesidad de políticos más responsables.