Editorial

Legado ejemplar

Pocas personas logran dedicarse por cinco décadas a un servicio docente de excelencia combinado con el ejercicio creativo, ambas características enmarcadas en una trayectoria intachable. Es el caso del maestro Robelio Méndez, un músico brillante y polifacético cuya principal faceta fue el cultivo de nuevas generaciones de marimbistas en el Conservatorio Nacional de Música y quien falleció esta semana a los 90 años de edad. Su trayectoria se vio coronada por una sentida despedida, acompañada por amigos, alumnos y familiares que heredan el orgullo de haber convivido con un guatemalteco de gran valía.

Prensa Libre tuvo el honor de entrevistar en varias ocasiones al insigne percusionista y compositor, cuyo legado vive a través del aprendizaje adquirido por niños y jóvenes. Apenas el pasado 20 de febrero, con motivo del Día de la Marimba, Robelio Méndez dirigió un emotivo concierto en el cual fue ovacionado por el público. Se trató de un homenaje en vida, según afirman quienes estuvieron cerca de él en sus últimos meses.

A lo largo de 50 años se desempeñó como maestro de composición y marimba, de los cuales más de 40 transcurrieron en el Conservatorio. Desarrolló un método tan preciso y único que hoy es referencia obligada, puesto que cuidaba, incluso, detalles como el rebote de las baquetas o la forma de sujetarlas para una eficiente interpretación.

Fue además integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional, donde estuvo en la sección de percusión. También era saxofonista y pianista. Como marimbista se presentó en Centro América, Estados Unidos, Francia, España, Luxemburgo, Holanda, Alemania y Bélgica, entre otros lugares, con lo cual es válido decir que puso en alto el nombre del país, sin aspavientos ni prensunciones. Invariablemente realizaba sus tareas de enseñanza, con la misma humildad y búsqueda de la excelencia de todos los días.

El objeto de exaltar a esta figura nacional de las artes es el de hacer justicia a su noble y perseverante tarea, lo cual constituye un ejemplo, no solo para los artistas de todas las ramas, sino también para cada guatemalteco, ya sea que se desempeñe en el campo profesional, empresarial o académico. Existen ciertamente muchas más personas que desarrollan a diario una misión vital para ganar el sustento, pero, además, aportan a la construcción de un país mejor al enseñar a sus hijos, alummos o colaboradores una ética de esfuerzo e innovación.

Guatemala es un país rico en talentos artísticos que luchan por florecer a pesar de las limitaciones económicas y sociales; existen algunos programas estatales y municipales de extensión de la enseñanza estética, pero aún hacen falta más escuelas de música, danza y expresión visual. A menudo se discuten vías para erradicar la violencia y la conflictividad, pero se deja de lado este tipo de formación.

Una de las mejores vías para sensibilizar a las personas sobre el valor de la vida, el sentido de la autoexigencia y la capacidad de generar nuevas ideas radica precisamente en el arte: una herencia que nunca se pierde, y prueba de ello son los grandes nombres que precedieron al maestro Méndez en el firmamento del grato recuerdo.