Editorial
Lo único bueno es que el sepulcro está vacío
Es de esperar que las autoridades israelíes flexibilicen su postura, al menos para los religiosos que se encargan de custodiar el Santo Sepulcro.
Amplia resonancia internacional causó ayer la noticia de la veda de acceso al Santo Sepulcro en Jerusalén, impuesta por autoridades de Israel a religiosos cristianos de varias denominaciones, incluyendo al patriarca latino, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, quien no pudo celebrar allí la tradicional misa del Domingo de Ramos; es decir, la conmemoración del ingreso triunfal de Jesús en la Ciudad Santa días antes de su dolorosa Pasión, Muerte y Resurrección. El cardenal ofició la misa en una capilla del Monte de los Olivos, al este y justo enfrente de la ciudad santa.
Todo el casco antiguo está cerrado, por declaratoria de seguridad, a causa de la actual guerra con Irán. Jerusalén es, en efecto, el núcleo histórico y espiritual de las tres grandes religiones monoteístas del mundo: Los judíos oran aquí en la pared remanente del II Templo (516 a. C.-70 d. C.) o Muro de las Lamentaciones; los musulmanes tienen en la Explanada de las Mezquitas su tercer sitio más sagrado, el punto donde, según su tradición, Mahoma ascendió al cielo; y para los cristianos, aquí está el punto donde Cristo fue aprehendido, juzgado, crucificado, muerto y sepultado, pero también donde, al tercer día, resucitó.
El Santo Sepulcro es, por ende, lugar de peregrinación desde hace dos milenios, precisamente porque está vacío. “Jesús llora otra vez por Jerusalén”, dijo el cardenal Pizzaballa, debido a la situación imperante por los ataques iraníes. Ni siquiera durante la pandemia se detuvieron las actividades religiosas. De hecho, una suspensión tan larga y que incluso afectara las conmemoraciones de Semana Santa no ocurría desde hace más de 900 años. El argumento de las autoridades de Defensa israelíes es prevenir los riesgos de impactos de misiles.
Sin embargo, el cierre empezó el 28 de febrero, el mismo día en que ocurrió la operación de Estados Unidos e Israel, en la cual murieron líderes iraníes, incluyendo el anterior Ayatolá. Se suponía que sería una intervención quirúrgica, pero después de un mes no hay visos de solución y el conflicto ha causado un impacto económico global, por el alza en los carburantes, interrupción de rutas navieras y polarización de posturas.
En ese contexto, el papa León XIV, en su homilía del Domingo de Ramos, exhortó a los católicos de todo el mundo a orar para pedir el cese de la guerra. Reiteró que Jesús es Rey de Paz: “Vino a traer vida, mientras se lleva a cabo el plan para condenarlo a muerte”, dijo. Advirtió de que Dios nunca se podrá usar como pretexto para ninguna guerra. “Cristo, Rey de la Paz, sigue clamando desde su cruz: ¡Dios es amor! ¡Tengan piedad! ¡Depongan las armas, recuerden que son hermanos!”, expuso el Pontífice.
Es de esperar que las autoridades israelíes flexibilicen su postura, al menos para los religiosos que se encargan de custodiar el Santo Sepulcro. Siendo días santos para el cristianismo, proseguir la veda podría prestarse a otro tipo de interpretaciones. Vale recordar que muchos cristianos en el mundo valoran mucho el papel de la tradición judeocristiana como un pilar de tradición espiritual. Ese ascendiente también forma parte fundamental de la imagen israelí ante Occidente, por lo cual no pueden prolongar demasiado el bloqueo al lugar donde nació su fe y cuya mayor evidencia es un sepulcro donde no hay ningún cuerpo, pero en el cual, por milenios, se han escuchado oraciones en todos los idiomas, de todas las denominaciones y de todas las nacionalidades. En Guatemala, donde los cortejos procesionales evocan la Jerusalén del año 33, las oraciones por el reinado de la paz son fervorosas y perseverantes.