Editorial

Mímesis de agentes ediles socava seguridad pública

Si distintas instituciones de funciones desiguales proyectan prácticamente la misma imagen, el monopolio de la PNC para el uso de la fuerza comienza a hacerse difuso o puede prestarse a abusos de agentes ajenos.

Un autopatrulla negro con letras amarillas llega a la zona donde ocurre un incidente en Tiquisate, Escuintla. Descienden de este agentes vestidos de traje comando oscuro. Parece una unidad de la Policía Nacional Civil (PNC) y efectivos de esta entidad, pero en realidad son de la policía municipal local. Tal mímesis podría parecer irrelevante, pero en realidad entraña una confusión de funciones, puesto que las potestades legales de los agentes ediles están muy por debajo de la institución nacional. ¿Qué interés puede haber en usar una imagen que proyecte poder coercitivo? Pero esta no es la única comuna que practica este juego de apariencias.


En materia de seguridad pública, la confianza comienza por saber exactamente qué autoridad atiende un asunto, sea una denuncia o un hecho delictivo: la mayoría de los ciudadanos desconoce la diferencia de atribuciones de una policía municipal y cuáles son exclusivas de la PNC. Pero si las primeras emplean uniformes parecidos, insignias parecidas, vehículos parecidos, podrían dar la impresión de que tienen atribuciones similares.


De hecho, según un estudio del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (Cien), del 2022, de acuerdo con el Código Municipal, ninguna policía edil puede ni debe atribuirse la función de seguridad ciudadana o seguridad interna, sino únicamente acciones relacionadas con el cumplimiento de acuerdos, reglamentos, ordenanzas y resoluciones municipales. De hecho, cada municipalidad debe regular las funciones de sus agentes, pero por su misma naturaleza no puede crear o asumir competencias que no estén delegadas al municipio. Los artículos 35, 53 y 68 de dicho código (atribuciones del Concejo, del alcalde y funciones propias del municipio) no otorgan competencias de seguridad ciudadana.


Por todo lo anterior, resulta acertada la decisión del Ministerio de Gobernación de advertir a las municipalidades sobre la utilización de uniformes, insignias, emblemas y distintivos parecidos a los de la Policía Nacional Civil. Pero no es una discusión de gustos o diseños, es cuestión de cumplimiento legal: la Ley de la Policía Nacional Civil establece que el uniforme, las insignias, los emblemas y los demás símbolos policiales son de uso exclusivo de esa institución.


Si distintas instituciones de funciones desiguales proyectan prácticamente la misma imagen, el monopolio de la PNC para el uso de la fuerza comienza a hacerse difuso o puede prestarse a abusos de agentes ajenos. Y la ambigüedad se agrava mucho más si se toman en cuenta los casos de criminales que han utilizado indumentaria e insignias parecidas a las policiales para cometer fechorías, como ocurrió en el asesinato de dos personas, el 1 de mayo, en un condominio de San José Pinula, al cual los victimarios ingresaron simulando un allanamiento policial. Mientras mayor sea la cantidad de uniformes similares circulando, más sencillo resulta para un grupo criminal fabricar una apariencia creíble y aprovechar la incertidumbre.


Así también es necesario revisar el equipamiento que puedan tener las policías municipales: es obvio que no necesitan rifles de asalto ni armamento de tipo militar. Los cuerpos policiales ediles tampoco pueden ser guardaespaldas de los alcaldes, pues ello implicaría una malversación de fondos. Así que en breve debería observarse el cambio de atuendo oficial. Si los agentes municipales de tránsito tienen un uniforme característico, ¿por qué el resto no? No faltarán quienes intenten invocar una limitación a la autonomía municipal. Sería absurdo utilizar tal argumento para tratar de justificar una apariencia similar a la de la fuerza policial nacional.

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