EDITORIAL

Multifacética riqueza

El teclado de hormigo, la marimba, tiene una historia de mestizaje y evolución.

Sonidos melódicos que alimentan la memoria, habla que evoca la infancia en el lugar de origen, una historia de aires legendarios que realmente ocurrió y quedó escrita con nombre propio. El 20 y 21 de febrero volvieron a conjugarse tres conmemoraciones, distintas en dedicatoria que confluyen en la importancia de reconocer la cosmovisión prehispánica, los idiomas y los legados ancestrales que devienen en un patrimonio material e inmaterial que se prolonga sin perder su esencia.

El carácter multicultural y plurilingüe de Guatemala constituye un auténtico tesoro, porque entraña una enorme variedad de expresiones artísticas, místicas, sociales, tejidas a través el tiempo y que, pese a la modernidad tecnológica, siguen floreciendo y enriqueciendo no solo al país, sino al mundo. En la primera fecha mencionada, el 20, coinciden dos símbolos nacionales: la marimba, instrumento nacional, y la conmemoración del heroísmo de Tecún Umán, el guerrero quiché que ofrendó su vida en defensa de la libertad, hace cinco centurias, durante el azaroso y violento proceso de la Conquista.

El teclado de hormigo, la marimba, tiene una historia de mestizaje y evolución que involucra el concepto de agrupación de tablillas, que no es único de Mesoamérica, pero cuyo desarrollo con el uso de madera de hormigo y rosul, así como cajas de resonancia, sobrepasó instrumentos parecidos de otras latitudes. Siguen coexistiendo la marimba de tecomates y también la marimba cromática o de doble teclado, que surgió a fines del siglo XIX y le otorgó su actual versatilidad. Puede interpretarse un son, una sinfonía o el himno nacional.  Planteles que en sus asignaturas de música promueven el aprendizaje de marimba son dignos de elogio.

La valentía de Tecún Umán en batalla contra los invasores y cuyo nombre escrito como tal figura en un documento indígena colonial, el Título Coyoy, de 1550, sigue siendo de gran inspiración para todos los guatemaltecos, por su gallardía y dignidad, que nunca murieron. Expresiones de arte, música, teatro y poesía siguen evocando aquella gesta valiente, incluyendo el poema del Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias (“Tecún Umán, el de las largas plumas verdes, verdes verdes…”). El 20 de febrero de 1524 ocurrió el enfrentamiento al que llegó con el aspecto de un águila, según relata la crónica colonial que representa así su gran presencia.

Y es precisamente esa presencia la que se refuerza con la tercera conmemoración: el Día Mundial de la Lengua Materna, el 21 de febrero, una conmemoración impulsada por las Naciones Unidas desde 1999 para estimular el uso, respeto, valoración y conservación de todos los idiomas, pero especialmente las lenguas originarias.

En Guatemala coexisten 22 lenguas mayas, el xinca y el garífuna, cada una de las cuales constituye un código insustituible para describir el mundo y pronunciar la vida cotidiana. Algunas   tienen cientos de miles de hablantes, pero hay otras como el mopan, el itza’ o el ch’orti’ cuyo uso se ha reducido debido a múltiples factores. No obstante, se necesita mayor esfuerzo para recuperarlas, por ser una herencia de siglos que aún suena en este suelo, al igual que el relato de Tecún Umán o las notas de la marimba, porque son facetas de un mismo diamante llamado Guatemala.

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