EDITORIAL
Nadie es ajeno al incendio de Amatitlán
Con 21 años de funcionamiento y dos de haberse anunciado, sin concretarse, su cierre técnico, el botadero controlado de desechos del kilómetro 22 de la ruta al Pacífico se ha revelado como una solución que devino en problema a causa de la desatención estatal. El proyecto empezó con la premisa de convertirse en modelo de reciclaje, producción de gas metano y disposición ordenada de desechos sólidos, a cargo de la Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca de Amatitlán (Amsa).
A pesar de la importancia ecológica, económica, humana e incluso cultural de este programa, poca importancia se le dio durante varios gobiernos, incluyendo los últimos años y meses. En diciembre, cuando empezaron a emitirse alertas de los primeros focos de incendio —se desconoce si son producto de una combustión espontánea u ocasionados deliberadamente—, prácticamente ninguna autoridad respondió, excepto los bomberos, que acudieron a sofocar las llamas. Amsa estaba acéfala en ese momento, por aparentes disputas internas en el Ejecutivo.
Mientas tanto, los pobladores de asentamientos, colonias, condominios y municipios cercanos han tenido que soportar humo y malos olores, pero la mayor agonía es para los habitantes de las proximidades, quienes han expresado temor a morir asfixiados, sobre todo en las noches y madrugadas. Resulta conmovedor escuchar a una pobladora relatar que de noche sale de su casa en busca de aire fresco y solo encuentra más vapores, cuyo efecto en niños, adultos y ancianos es nocivo y de impredecibles consecuencias. Los afectados no se marchan del lugar porque no tienen a donde ir y muchos tienen sus terrenos allí desde antes de que se estableciera el vertedero.
El desastre ambiental es colosal, no solo por las evidentes emanaciones, sino de cara al futuro: 34 son las municipalidades que envían camiones de basura a ese botadero. En este momento ya se acumulan promontorios de bolsas con desechos, debido a que no hay servicio de recolección, precisamente porque el relleno de Amsa no está recibiendo descargas. En 20 años no han podido implementar acciones sostenibles, viables ni seguras para el tratamiento de la basura, con lo cual es previsible una crisis de contaminación futura. Es probable que en el corto plazo se logre extinguir el incendio, que el botadero vuelva a funcionar, pero su vida útil está sobre el límite, lo que lleva a preguntar qué se hará con toda la basura generada por centros urbanos.
Resulta preocupante el silencio del Ministerio de Ambiente en este suceso que es resultado de una mezcla de malas gestiones, endoso de responsabilidades y retraso en la implementación de una cultura de reducción, clasificación y aprovechamiento de desechos sólidos. Es un tema políticamente desgastante pero humanamente necesario que precisa de líderes auténticos y no de mandamases que al momento de las crisis tienen listo a quién echarle la culpa de sus descuidos.
Es necesaria la adopción de un nuevo abordaje para enfrentar el problema de los desechos sólidos a largo plazo. En el país existen proyectos modelo que funcionan con eficiencia y sanidad porque se han ejecutado con un objetivo ecológico definido. El enorme incendio en el relleno de Amatitlán es una apocalíptica advertencia para el ciudadano de a pie, porque tarde o temprano el problema de la basura llegará a su puerta, aunque por ahora lo crea distante y ajeno.