Editorial

Necesaria revisión de estrategia cultural

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La divulgación de recientes hallazgos arqueológicos en la ciudad maya de Tikal, relacionados con estructuras que se encontraban ocultas por la vegetación, evidencias de la relación de este enclave con Teotihuacán, pone una vez más de manifiesto la gigantesca riqueza prehispánica de Guatemala, cuya develación es posible gracias a la constante, silenciosa y trascendental labor que efectúan decenas de arqueólogos guatemaltecos y también de otras nacionalidades.

Es necesario reconocer, valorar y dar a conocer el arduo trabajo multidisciplinario que se desarrolla, ya sea en las trincheras de excavación y las labores de dibujo de piezas y artefactos, como en los laboratorios de materiales y en la elaboración de reportes que tarde o temprano se convierten en prodigiosos descubrimientos. Son horas, días y meses soportando muchas veces las inclemencias del tiempo en las tierras bajas de Petén, en la Costa Sur o el altiplano. A estos especialistas los mueve una sola pasión: descubrir la memoria, las raíces y la herencia grandiosa de los guatemaltecos. Es por ello urgente y oportuno reforzar la labor arqueológica, que requiere de contar con los recursos y los insumos adecuados para avanzar de manera fluida y sistemática. Con frecuencia, el apoyo proviene de universidades e instituciones extranjeras, aunque también de casas de estudios superiores como las universidades de San Carlos o la del Valle de Guatemala.

Es imprescindible dejar atrás el mito de que el fruto de la labor arqueológica solo está destinado a eruditos o a asiduos seguidores de arcanas civilizaciones. Las pugnas políticas, las guerras, las alianzas, las sucesiones de gobernantes y también las vicisitudes vividas por los pueblos que habitaban este territorio hace dos milenios tienen mucho que enseñarnos en el presente. Por ejemplo, y muy en especial, en el campo de la conservación medioambiental.

Los misterios no terminan aquí. Los hallazgos motivan nuevas preguntas y el trabajo continúa. Por ello es, en esencia, válido plantear la premura de renovar la política cultural del país, que tiene un impacto directo en el turismo, la economía y la educación. En cuanto al turismo, hay países vecinos que con solo una fracción de la riqueza arqueológica maya guatemalteca superan con creces el número de visitantes atraídos por este fascinante civilización.

Es preciso invertir más recursos en la mejora y habilitación de ciudades mayas que todavía son muy poco conocidas y visitadas, como Dos Pilas, Aguateca, Cancuén o Piedras Negras. Gobiernos se han sucedido y compartido una lamentable característica en común: la inercia burocrática que a su vez se ve agravada por la falta de recursos disponibles y las nulas estrategias de diversificación turística.

Por otra parte, es menester proyectar la construcción de un nuevo espacio, digno y de calidad, para el Museo de Arqueología, equipado con tecnología de punta y museografía moderna a fin de convertirlo en ineludible destino de visitantes nacionales y extranjeros, y referente cultural de la región. Las instalaciones del actual museo son ya insuficientes para resguardar y exhibir la enorme cantidad de objetos encontrados por investigadores en el país.

Tal proyecto no sería un lujo sino una iniciativa visionaria para dar su merecido espacio a los tesoros prehispánicos de este país, y un buen uso a los recursos dedicados a la cultura. La coyuntura del Bicentenario podría alcanzar, de esta manera, una mayor trascendencia y un sentido de pluriculturalidad cuya ausencia se le achaca.