EDITORIAL
Negociando con el gigante
Las exportaciones son un rubro vital para el país, que puede ser aún más productivo y competitivo.
A poco más de ocho meses de la súbita imposición de tributos de ingreso a las exportaciones guatemaltecas a Estados Unidos, se concreta la reducción a cero arancel para el ingreso del 70% de productos. Guatemala logró cerrar uno de los primeros acuerdos comerciales concretos de la nueva era de política arancelaria impulsada por el presidente Donald Trump. La firma del Acuerdo Recíproco de Aranceles con Estados Unidos, oficializada ayer, no solo representa un hito diplomático, sino también una señal clara de pragmatismo económico en un entorno internacional cada vez más volátil.
El acuerdo fue anunciado inicialmente el 14 de noviembre del 2025, pero ahora está totalmente vigente. Entre los principales rubros beneficiados por este ingreso desgravado figuran bananos y plátanos, así como sus derivados. También el café guatemalteco, de proverbial calidad, tendrá acceso al mayor mercado del mundo, tostado, sin tostar y procesado, lo cual implicará un beneficio en cascada para la cadena productiva local. El cardamomo, del cual Guatemala es el mayor exportador mundial, es otro producto beneficiado, y aunque Estados Unidos no es su principal destino, sigue siendo un mercado estratégico. A estos productos se suman frutas tropicales frescas o procesadas —piña, mango, papaya, guayaba— chocolate artesanal y especias: todo un conjunto de fortalezas chapinas que pueden ganar ahora más espacios en el público estadounidense, por su calidad.
Pero no se trata de una concesión gratuita. Tal como se anunció desde noviembre, existe una agenda de compromisos respecto de barreras no arancelarias para productos estadounidenses: simplificar trámites, aplicar normas de ese país y mejorar registro de marcas, además de respeto a derechos de autor.
La tramitología en Guatemala ha tenido una larga historia de rezagos y papeleos análogos que resultan anacrónicos en tiempos digitales. Además, el acuerdo contempla compromisos relativos a derechos de los trabajadores y protección ambiental, lo cual implica frenar la competencia desleal de países donde predomina el trabajo forzoso. En todo caso, el principal foco de EE. UU. se centra en fortalecer su integración económica regional y frenar el avance chino.
Por eso es llamativo el reciente acuerdo de libre comercio negociado con El Salvador, país cuyo gobernante ha sido muy proclive a Donald Trump pero que tiene fuertes nexos con China Continental. Seguramente hay condiciones relacionadas con tal extremo que aún no han sido divulgadas. No obstante, Guatemala sigue siendo el socio estratégico más confiable. Lo cierto es que esta reducción arancelaria exhibe el estado de relación bilateral con el gobierno actual, a pesar de los cabildeos de ciertos grupos opositores. Quizá dicho momentum pueda aprovecharse en otra área muy sensible, como el reciente congelamiento de trámites de permisos de residencia para guatemaltecos.
Guatemala fue incluida en una moratoria que abarca a 75 países, debido a supuestos abusos de ciertos servicios sociales por parte de connacionales. La pesquisa interna podría continuar, pero quizá permitiendo la continuidad de gestiones que estaban en proceso y quedaron en vilo. Al fin y al cabo, las exportaciones son un rubro vital para el país, que puede ser aún más productivo y competitivo, para generar más oportunidades que reduzcan la pobreza y la migración forzada. Sin embargo, por ahora son los migrantes quienes proveen la quinta parte del producto interno. Quizá también en eso nos podría apoyar el poderoso socio del Norte.