EDITORIAL
Poderes artísticos
Hace falta más para descubrir, valorar y estimular esos superpoderes artísticos que bullen en tantos niños y jóvenes.
En plenos tiempos de la inteligencia artificial, la creatividad orgánica, humana, en lo individual o en equipo, sigue siendo el gran tesoro, de ilimitadas posibilidades, para continuar la construcción de expresiones que comunican valores, sensibilidades y raigambre cultural. Sin embargo, el cultivo de estas potencialidades estéticas, lingüísticas y humanísticas se encuentra en un limbo, al menos en el plano de la educación pública.
En los antiguos pensa escolares se diferenciaban materias como artes plásticas, artes industriales, música y literatura. Sin embargo, reformas al Currículo Nacional Base unificaron todo, hace algunos años, en una materia denominada “expresión artística”; sin embargo, no existe tal especialidad en las carreras de magisterio. Hay músicos, pintores, bailarines, actores, dramaturgos, pero resulta complicado que un experto en cierta materia pretenda impartir otra. Además, dentro de las nomenclaturas en las nóminas de contratación ni siquiera existe un código de “expresión artística”, con lo cual el cambio solo generó un agujero negro.
Guatemala ha sido, históricamente, un inmenso semillero y vergel de vocaciones artísticas. Grandes compositores e intérpretes musicales, connotados autores de pintura y escultura, deslumbrantes figuras del teatro y sorprendentes plumas en narrativa, poesía o dramaturgia. A ello se suma la oleada de artistas conceptuales, escénicos e incluso con capacidades especiales. ¿En qué asignatura escolar se aprecian, experimentan y valoran sus aportes? ¿Depende del acervo del docente, de sus gustos o de su iniciativa? Y si la respuesta es sí, se confirma el vacío.
Quizás el problema radica en considerar el arte solo como un complemento, una distracción o incluso una ocupación para los ratos libres. Pero hay que ver el otro lado de ese mismo enfoque, es decir, se trata de una industria que genera recursos económicos, plazas de trabajo y creaciones que devienen en activos económicos o en insumos para otras actividades: las producciones de televisión o cine, la producción de publicidad multiplataforma o la simple generación de contenidos precisan de expertos en múltiples áreas creativas.
A nivel universitario existen carreras de arte en diversas disciplinas, que generan oportunidades para montar propuestas locales, pero también para buscar oportunidades sin fronteras. Pero se necesita propiciar la germinación de esas vocaciones desde la niñez, sin prejuicios ni expectativas exageradas. Lamentablemente, la miopía estatal y la ignorancia politiquera suelen relegar estas prioridades, y lo mismo pasa con los programas para facilitar intercambios, becas, presentaciones de grupos artísticos de alto nivel o el envío de embajadores artísticos guatemaltecos a otras naciones.
Para muestra de esta inercia indolente basta ver cómo sigue cerrado, después de casi cuatro años, el Museo Nacional de Arte Moderno, que se suponía iba a ser restaurado, pero en lugar de eso fue prácticamente desmantelado. Sí, existen instituciones artísticas como la Orquesta Sinfónica, el Ballet Guatemala o la Marimba de Concierto de Bellas Artes, que brillan en medio de la adversidad. Pero hace falta más para descubrir, valorar y estimular esos superpoderes artísticos que bullen en tantos niños y jóvenes.