EDITORIAL
Por ello hay separación de Estado e Iglesia
El pontífice romano enfatiza la urgencia de la pacificación.
No es que los gobernantes o los políticos estén privados del derecho de seguir una fe, de asistir a una iglesia o de impulsar acciones de beneficio común inspirados por una espiritualidad. El desafío es la coherencia de discurso y acción, el respeto a las creencias distintas y, sobre todo, a la investidura de otros líderes espirituales. “No tengo miedo a la administración Trump ni de alzar la voz para construir la paz”, es el enunciado del papa León XIV que prácticamente fue la piedra de toque a las continuas invectivas lanzadas por el mandatario estadounidense, quien insiste en lograr que otros países, aparte de Israel, avalen, financien y aporten efectivos a la operación militar contra Irán, la cual contradijo sus ofrecimientos electorales de evitar campañas de ultramar; también disparó los precios del petróleo y con ello el costo de vida mundial, incluso en EE. UU., lo cual socava otra de sus ofertas de segundo término.
En efecto, Irán resultó no ser Venezuela y la muerte del ayatolá no devino en la desmoralización de tal gobierno. Por el contrario, enervó más los ánimos, incluso entre países árabes que eran aliados de conveniencia pero se vieron sometidos a fuego iraní.
Es incierto el resultado de la secuencia de acciones militares en el golfo Pérsico, con tantas repercusiones internacionales y que ni siquiera cuenta con el aval del Congreso. Tal madeja de geopolítica, intereses económicos y objetivos energéticos, en el contexto de un año de elecciones de medio término, seguirá rodando. Mientras tanto, el primer papa estadounidense de la historia, León XIV, nacido en Chicago como Robert Prevost y líder espiritual de 1,200 millones de católicos, no guardó silencio ante la guerra y la deploró. “Dios no escucha a quienes manchan sus manos con sangre”, advirtió el 29 de marzo.
No repetiremos aquí las descalificaciones emitidas por el mandatario estadounidense ni se comentará la polémica publicación de una imagen digital en la que parecía sugerirse la figura de Jesucristo, aunque con el rostro de Trump, sanando a un enfermo, la cual fue borrada poco después de su red social. Mientras tanto, el Papa —de nacionalidad estadounidense y naturalizado peruano— avanza en una gira por cuatro países africanos, que comenzó en Argelia, país mayoritariamente musulmán, donde fue recibido y escuchado con respeto. Llegó con humildad y un llamado de conciliación y paz.
Era obvio que ni León XIV, ni sus antecesores, aprobaría la violencia armada contra ninguna nación, sobre todo en tiempos de globalización, entes multilaterales e interdependencia económica mundial. Por el contrario, sigue llamando al impulso del desarrollo digno de las personas y las comunidades. La guerra contradice el mandamiento fundamental de Jesucristo: amarás a tu prójimo como a ti mismo. Son los extremismos religiosos de ciertos gobiernos islamistas como el de Irán los que han conducido a atentados y matanzas. La violencia solo engendra violencia.
En el reciente intercambio entre Donald Trump y el papa León XIV es evidente que se cruzan una lógica de Estado que prioriza la soberanía, la seguridad y la gobernabilidad; del otro, una voz que insiste en la centralidad de la dignidad humana, la solidaridad y los principios universales. La política mide costos y la ética interpela conciencias. Esta situación pone en relieve el debate sobre la separación entre Iglesia y Estado: dos esferas que, aunque formalmente separadas, deben encontrar puntos de diálogo. El pontífice romano enfatiza la urgencia de la pacificación; sin embargo, pareciera más fácil que pase un camello por el estrecho de Ormuz que ciertos intereses creados lo comprendan.