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Prospectiva debe trazar rutas de avance

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El miedo nunca ha sido un buen consejero ni tampoco el egocentrismo. El liderazgo no debe ser confundido con protagonismo ni el altruismo tiene que convertirse en campaña de imagen. La expresión de estas paradojas tampoco deben ser leídas como animadversión sino como una oportunidad de tomar distancia de la preocupación inmediata y poner la vista en el complicado horizonte para la economía global en la cual deberá navegar la sociedad guatemalteca en su conjunto, aprovechando al máximo sus fortalezas y potencialidades.

Los cálculos estratégicos sobre cuánto tiempo debe durar la etapa de contención, aislamiento y propulsión a medio vapor de la producción nacional deben encararse con visión de Estado, pero también mediante la aplicación de modelos matemáticos y digitales que aproximen los escenarios globales para los próximos 12 meses, tomando en cuenta las posibles decisiones y necesidades de los grandes socios comerciales de Guatemala, un país cuya rica producción agrícola y de commodities apunta a revaluarse.

Es de hacer notar que el aparato productivo nacional no descansa solo en el sector agrícola y que la seguridad alimentaria nacional es una prioridad a cubrir. Sin embargo, a pesar de los efectos adversos que la pandemia tenga sobre grandes economías de Asia, América y Europa, es de esperar que se busque a toda costa el repunte económico, mediante incentivos fiscales, líneas de crédito y hasta planes de rescate que podrían revelar a nuevos protagonistas. Pero aquí viene el punto medular de la reflexión prospectiva: las personas son lo más importante y su cuidado médico digno debe ser una prioridad durante la crisis y mantenerse así en adelante.

Las acciones de calamidad responden a la urgencia, pero con esas mismas potestades extraordinarias se puede comenzar a pensar desde ya en el futuro del Sistema Nacional de Salud. Por demasiados años ha sido el botín de unos cuantos negociantes, especuladores, cobradores de ilícitos sobreprecios que se convierten en sentencia de muerte para tantas personas y no por coronavirus.

La desnutrición no debe perderse de vista y por ello es acertada la medida de permitir a los comités escolares de padres de familia gestionar los fondos de la refacción escolar durante la suspensión de clases, puesto que esos alimentos son a menudo el principal tiempo del día para miles de niños en el interior del país.

Es temprano para aventurarse a dar un cálculo sobre la duración de la emergencia, pero la misma no puede ser permanente, por razones financieras, productivas y sociales. En varios países se habla de un tiempo desde dos meses hasta un año para aplanar la curva de contagios. Salvar vidas de los efectos del virus es en este momento la misión primordial, pero también lo es salvar vidas que podrían ser golpeadas por una eventual depresión económica que se sumaría a los problemas climáticos que afectan a la agricultura doméstica.

Los académicos y los institutos de análisis están llamados a trazar modelos de recuperación sin sesgos ideológicos. De los partidos políticos poco se puede esperar puesto que sus propuestas programáticas se fundan más en animadversiones, dogmatismos y metas clientelares cortoplacistas que en criterios técnicos; sin embargo, todo proyecto económico nacional debe recibir aval legal en el hemiciclo. Ojalá y se dejen ayudar en lugar de volver a procurar miopes beneficios.