Editorial

Q2 mil millones de todos… pero no para todos


El descenso temporal de precios dependerá de la voluntad, del agotamiento de inventarios previos y, a la larga, de la libre competencia.

Reza un viejo adagio que de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno, en alusión a los trasfondos, intereses y objetivos ulteriores a los declarados. Y —siguiendo la metáfora—, si acaso está muy caro el material para ese empedrado, no faltará quien proponga subsidiarlo porque va hacia otro lugar. El caso es que, ante el incremento internacional en los precios de los combustibles reflejado desde hace mes y medio en el país, sin perspectivas certeras de que se reduzca en el corto plazo, el Congreso de la República aprobó un fondo de Q2 mil millones para implementar un subsidio a las gasolinas y el diésel durante tres meses o lo que alcancen los recursos. El Ejecutivo había propuesto Q1,200 millones y le aumentaron Q808 millones; total, no son suyos ni los pagan ellos.


El Ejecutivo sancionó el decreto y está en proceso el reglamento para la aplicación del beneficio de Q5 por galón de gasolinas y Q8 por el de diésel. La norma aprobada invoca la obligación de “garantizar el bienestar económico” de los habitantes, pero es precisamente en atención a ese considerando que se debe puntualizar que, por elemental lógica, todo subsidio entraña una desigualdad, ya que no necesariamente todos los guatemaltecos se beneficiarán por igual con este gasto, aunque en esencia todos los tributantes sufragarán. Al ser fondos del erario, implica quitarles a otros rubros, que aún deben ser detallados.


La motivación del subsidio es clientelar y electorera. “El Congreso escucha a la población y aprueba apoyo al precio del combustible”, dice la nota en el portal digital del Legislativo, que más adelante menciona los bolsillos del ciudadano. Sin embargo, no existen suficientes mecanismos efectivos para detectar el impacto real y equitativo del apoyo al consumidor.


¿Cómo se aseguran de que ese camión que transporta verduras en efecto reduzca el costo del flete? ¿Quién monitoreará el efecto en las tarifas del transporte extraurbano? ¿Cómo se obligará al taxista ilegal, sin permiso de operación ni supervisión, a reducir el costo del pasaje? Si con los anteriores precios, esos operadores eran capaces de decirle a un pasajero que se bajara si no le gustaba el precio, ¿por qué van a actuar distinto ahora que podrían ganar un poco más?


El descenso temporal de precios dependerá de la voluntad, del agotamiento de inventarios previos y, a la larga, de la libre competencia. También del cambio en la retórica de Estados Unidos e Irán. Mientras tanto, la transmisión del efecto del subsidio se diluye en una cadena larga de actores. Focalizarlo, condicionar su uso —para evitar acaparamiento o contrabando— o establecer sistemas de trazabilidad de precios requiere capacidades institucionales que no siempre están presentes.


Durante tres meses podría haber cierto alivio para muchos propietarios de vehículos, pero quienes no poseen uno, a causa de su precariedad económica, deberán esperar una hipotética serie de efectos en los precios. Q2 mil millones equivalen casi a todo el presupuesto del Ministerio de Agricultura y dos veces el de Cultura. ¿Qué más se pudo hacer con ese dinero? La discusión de fondo no era solo si subsidiar o no, sino cómo ayudar eficazmente a los sectores más vulnerables ante las alzas. Así, también es necesario que el Congreso deje su usual miopía y empiece a prever ¿qué ocurrirá después del trimestre del subsidio si la situación internacional prosigue? ¿Van a donar sus sueldos para un mes más? Porque presumir con dinero ajeno no cuesta nada, sobre todo si no quisieron tocar abiertamente su bolsón de gasto electorero.

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