EDITORIAL

Repetitivo y tormentoso fiasco en ruta Xela-Reu

Es histórica la miopía de sucesivas administraciones de gobierno, que en cuatro décadas no han podido trazar una sola ruta nueva importante.

Ya no hay tiempo para pretextos y menos aún para explicaciones rimbombantes, con tecnicismos ingenieriles que se quedan atascados en las comunicados y los videos oficiales. Desde junio de 2025 empezaron esos reiterados vocablos a esgrimirse como si fueran conjuros mágicos para solventar lo que hace mucho requiere un proyecto a cargo de una fuerza de tarea robusta, emergente, bien dirigida, con plazos perentorios y con todos los recursos que se necesite, obviamente con una glosa que no se convierta en rezago.

Por desgracia, el kilómetro 189 no es en este momento lo que conecta, sino lo que separa dos importantes núcleos económicos: Quetzaltenango y Retalhuleu, pero con ellos a toda la región circundante, cuyo comercio, industria, turismo, actividades productivas, educativas, logísticas, constructivas y de suministros se atascan, no solo por la tardanza, sino por el aumento de costos, agravados ahora por el actual encarecimiento de los combustibles.

En este contexto, lo que menos se quiere oír es otra explicación “técnica”, “administrativa” o “política”, porque la crisis del paso ya causa fricciones entre pobladores y conductores: ambos tiene razón, unos quieren cuidar su paso de todos los días, y los otros, el paso emergente. Pero para ambos se hundió. El más reciente socavón del badén ocurre después de haber sido reparado por otro deslave: sí, como si fuera una pesadilla tormentosa en la que nadie responde por el tiempo transcurrido sin mayores avances. Lo peor es que el inicio de la temporada de lluvias está a un mes para todo el país, aunque para esta área comenzó —y muy copiosamente— hace una semana. Ese aumento de caudales en una zona en obras fue lo que barrió con el relleno provisional, que otra vez se está instalando.

 De lo poco que se sabe sobre el proyecto de la carretera es que la empresa contratada para los trabajos empezó con energía, pero luego se fue relajando el avance. Ciertamente, en los socavones iniciales de mayo y junio no pudo trabajarse por la precipitación pluvial. Esto implicaba que, al llegar la temporada seca, debían trabajar las 24 horas del día, para poder cumplir a tiempo con la reparación. Se desconoce si hay adeudos, si afectó el proyecto el cambio de titular de Comunicaciones o si existe incumplimiento.

Hasta el momento, no hay datos ni plazos mínimos para recuperar la más importante conexión del altiplano con la bocacosta del país. Funcionarios quieren tapar el agujero con un dedo, divulgando supuestas “rutas alternas”. Una de ellas es que el transporte pesado vaya a dar la vuelta a Colomba o, peor aún, a la RN-14, vía Chimaltenango; pero esto conlleva mayores costos, que no los pagan el Gobierno ni el Congreso.

Es histórica la miopía de sucesivas administraciones de gobierno, que en cuatro décadas no han podido trazar una sola ruta nueva importante. Ni siquiera han podido dar supervisión y mantenimiento para evitar este tipo de incidentes. Ante este panorama, no queda más que declarar de urgencia nacional la restitución del kilómetro 189. No solo es urgente, sino que se debe hacer bien, para que no se caiga como la supuesta reparación que se efectuó en tiempos de Jimmy Morales. También en aquel momento hubo comunicados técnicos, con detalles de materiales y puro relleno verbal que obviamente no funcionó. Además, ante la inminencia de las lluvias, el Ministerio de Comunicaciones y sus unidades, Covial y Caminos, deberían tener identificados los puntos vulnerables de carreteras y puentes, porque, con otro socavón así, nos hundimos todos.

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