EDitorial
Un Padre es aquel que da la vida
Millones de guatemaltecos pasan el día dedicado a ellos laborando, produciendo, ganando el sustento y, sobre todo, dando el ejemplo.
El enunciado no se refiere al solo hecho de engendrar una vida. Al decir un padre siempre da la vida queremos valorar, reconocer y enaltecer el sacrificio de entregar el esfuerzo diario, la fatiga de las jornadas y el cansancio noble de los anocheceres para dar vida a las ilusiones, los potenciales y los sueños de los hijos: sean niños, adolescentes o incluso adultos.
En redes sociales abundan por estos días algunas bromas sobre el Día del Padre. Se afirma que no se celebra con la misma fruición que el Día de la Madre, que no hay actos escolares tan emotivos, que los restaurantes no se llenan igual o que no es un asueto por ley. Hay múltiples explicaciones: si fuera feriado oficial, se detendría el país, pues más del 75% de la fuerza laboral está integrada por hombres; la mayoría de ellos, papás. Sí, son millones de guatemaltecos quienes pasan el día dedicado a ellos laborando, produciendo, ganando el sustento y, sobre todo, dando el ejemplo. No merecen mayor comentario aquellos individuos que evaden sus responsabilidades paternas.
La intensidad del festejo a los padres no existe tanto en el bullicio comercial. Si bien un obsequio o un agasajo no está de más, el día del padre amoroso, responsable, laborioso no tiene que compararse con ninguna otra ocasión. Existen muchos padres distintos, con diferencias de temperamentos, inteligencias, historias y ocupaciones: el piloto rutero que conduce a pesar de las amenazas de extorsión, el agricultor pendiente de las lluvias impredecibles, el comerciante que lucha por mantener abierto su negocio en una economía adversa; el policía, bombero o médico que trabajará precisamente para salvar a otros padres; el trabajador que sale de casa antes del amanecer y vuelve cuando sus hijos ya están dormidos, precisamente para que puedan alcanzar sus sueños.
Muchos padres están lejos porque migraron, llevan años enviando puntual una remesa que no es solo dinero, sino amor y abnegación; aún tienen en la memoria a sus hijos cuando eran pequeños y los han visto crecer en fotos y videos, hasta que un día puedan volver a abrazarlos. Existen padres solos, por ausencia de la madre, fallecida por un accidente o padecimiento. Está el padre campesino que migra a las fincas de café, caña o palma para sostener a la familia; el maestro, el ingeniero, el cerrajero, el albañil, el mensajero y tantos otros trabajos honestos desempeñados en busca de un gran ideal: construir un mejor país para quienes hoy lo están esperando para ver un partido del Mundial.
Con tilde o sin tilde: ¡Papa! ¡Papá! De tú, de vos o de usted. En español y hasta en inglés: ¡Daddy! Tal vocativo fusiona millones de nombres y apellidos en una sola misión cotidiana y de toda la vida. Solo quien ha sido padre sabe lo que significa el instante de ver nacer a un hijo o hija; de esperar en una sala de hospital o, por desgracia, en una morgue. De estar en un salón de clases esperando unas calificaciones sobre las cuales habrá que conversar más tarde para preguntar ¿qué está pasando?, para luego decir ¡Tú puedes! También padres que son abuelos y bisabuelos y vuelven a ser padres. Curiosamente, cuando un hombre tiene hijos es que comienza a entender las llamadas de atención, el rostro serio o la insistencia en asistir a la iglesia.
Este 17 de junio, si Ud. aún tiene a su papá, dígale cuánto lo ama. Si ya no lo tiene, eleve una oración por él. Si por cosas de la vida no lo pudo conocer o no contó con él, es muy probable que tal figura haya sido un abuelo, un tío, un padrino que sí tuvo los pantalones para ser esa voz de sabiduría, de consejo, de aliento, de valentía: porque Padre, así con mayúscula, es el que da la vida.