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Una brecha de efectos económicos y humanos

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A diario, miles de guatemaltecos madrugan a sus labores, en el campo y la ciudad, en oficios o profesiones, en servicios o manufacturas, en labores físicas o intelectuales, en empleos formales e informales. Incontables son los tipos de labores que hombres y mujeres desempeñan para ganar el sustento, aunque deben mencionarse también las labores del hogar, que no siempre son remuneradas pero que constituyen un pilar fundamental para las familias.

El problema de la falta de empleo aparece invariablemente en las mediciones de opinión pública como una de las principales exigencias ciudadanas en año electoral desde hace más de dos décadas. Este ha ido en incremento, sobre todo debido a la juventud de la población. Se calcula que cada año se generan alrededor de 20 mil oportunidades de trabajo formal, pero la brecha crece a razón de 580 mil plazas, que al no existir pasan a engrosar las filas del comercio informal, la migración y los desempleados.

Las cifras en cierta manera convierten este drama en una abstracción estadística, pero las consecuencias de esta falta de espacios laborales golpean fuertemente el desarrollo humano, el crecimiento económico y la capacidad productiva del país, en una especie de círculo vicioso que se ha visto agravado por la reducción de inversiones en el país por efecto de decisiones confrontativas del Gobierno, la falta de leyes actualizadas en materia de competencia y por la incertidumbre política.

El ritmo de las exportaciones del país se ha estancado, tanto en relación a productos como con servicios, con lo cual se hace necesario redescubrir los recursos, generar una nueva imagen nacional y trazar una alianza nacional intersectorial, incluido el Estado, para encontrar los acuerdos y estrategias de cara a las siguientes décadas.

Por otra parte, no solo se trata de una cuestión puramente económica y tecnocrática. La educación del país se debe transformar para ser generadora de personas productivas, con habilidades competitivas y oportunas, tal el caso de las aptitudes para el cálculo matemático, la comprensión lectora, el juicio crítico y el dominio de al menos un segundo idioma. Resulta lamentable que muchas instituciones educativas, públicas y privadas, se conviertan en una fábrica de desempleados debido a que gradúan de diversificado a personas que no cuentan con las herramientas intelectuales necesarias para enfrentarse a las exigencias industriales o para insertarse con emprendimientos innovadores. No es esto una generalización, pues existen también planteles que cultivan la inteligencia, el sentido empresarial y el afán de crecimiento. Se necesita un ecosistema financiero que facilite recursos para el surgimiento de nuevas empresas de rubros técnicos, creativos, informáticos, artesanales, agrícolas y de manufactura. Prueba de este potencial es el triunfo de diversas iniciativas de guatemaltecos migrantes en Estados Unidos y otros países.

En este 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo, es oportuno honrar la lucha tesonera, la perseverancia y la fortaleza con la cual millones de guatemaltecos alimentan la esperanza de un mejor futuro. Ningún político puede ofrecer que creará empleos de la nada ni a base de medidas unilaterales, por lo cual un buen criterio de selección es distinguir aquellos planes que fomenten la inversión, promuevan el emprendimiento, mejoren la capacitación y dejen de lado el clientelismo, que tanto daño ha hecho a la sociedad en su conjunto.