EDITORIAL

Una media legislatura lesiva, onerosa y doblez

Da lo mismo decir que estamos ante una media legislatura o una legislatura a medias.

Nunca se olvidará la afrenta cometida, por obra u omisión, de manera artera, reiterada y por demás desfachatada por la X Legislatura del Congreso, al recetarse un alevoso e ilícito aumento salarial, con pretextos vacuos, la madrugada del miércoles 27 de noviembre del 2024, tras una improcedente enmienda de curul.  Todos los diputados lo cobran: los que lo negaron, los que dijeron no haber votado por tal abuso o los integrantes de la directiva que en el acta 10-2025 del 4 de febrero del año pasado ordenaron una readecuación financiera para empezar a pagarlo aquel mes.

En el presupuesto 2026, hoy suspendido, se incluyó aún con mayor desfachatez el cuestionado aumento, que nunca se discutió en el pleno, como ordenó la Corte de Constitucionalidad. Por lo tanto, no debería poder cobrarse, pues la decisión arbitraria de aquella directiva no es un asidero legal firme, además de ser un egreso lesivo al interés de la ciudadanía. La CC ya no dijo nada, quizá porque más de uno de sus magistrados anhela ser reelecto.

Ni uno solo de los diputados tuvo el valor civil, cuando era candidato, de declarar su intención de subirse el salario, porque habría obtenido un lógico rechazo. El silencio de los dueños partidarios es connivente y hasta cómplice, no solo del incremento, sino de mediocres resultados. Quieren los diputados felicitaciones por unas cuantas leyes que han aprobado, algunas incompletas, otras con errores, otras por puro populismo preelectorero. Pero adeudan normas sólidas y actualizadas de Servicio Civil, de Tránsito, de Contrataciones, de combate del lavado de activos; la resistencia pasiva a abordar esta última exhibe una tirria sintomática. Ni qué decir de las reformas serias a la Ley Electoral: en lugar de eso intentaron debilitar los controles al financiamiento ilícito partidario.

Da lo mismo decir que estamos ante una media legislatura o una legislatura a medias: no por el tiempo transcurrido, sino por el trabajo lastrado por los conflictos de intereses, la incoherencia de discursos y acciones, la sombra de gruesos nexos que solo se mantienen gracias a la inmunidad. También hay circos de supuesta fiscalización, en mayoría infructuosa, intrascendente, de velada campaña anticipada. Existen congresistas reciclados por tercera o cuarta vez que ya fueron parte de pretéritos gobiernos cundidos por las telarañas de la opacidad. Los contratos de asesores pululan a cuenta del erario.

Hay bancadas que se dicen muy conservadoras y otras que se sienten muy liberales; todas fragmentadas, incluyendo a oficialistas, por la metamorfosis tránsfuga de cara a las siguientes elecciones. No se soportan ante las cámaras ni en el hemiciclo, pero se abalanzan sobre los recursos públicos. La mejor prueba de esta gazuza fue el aval del bolsón clientelar de Q12 mil millones para los Codedes, que no lograron ejecutar ni un tercio de los fondos del 2025, a pesar de que la cantidad era menor, pero prometen hacerlo en el año preelectoral.

En el discurso del presidente Nery Ramos hubo retórica patriótica y una lista de decretos aprobados. No mencionó el autoaumento, el cual constituye una vergüenza total para una legislatura a medias. La directiva encabezada por Luis Contreras debería, por lo menos, colocar en punto de agenda la eludida discusión del aumento salarial de cara a la ciudadanía. Pero sin presupuesto aprobado, no es procedente pagar sino el sueldo anterior, que ya era muy superior al ingreso promedio de las familias guatemaltecas. Sin embargo, es poco probable que lo haga, pues él fue uno de los 87 que votaron a favor del mismo, a espaldas del pueblo.

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