Editorial

Venezuela debe resurgir

La prioridad para Venezuela y los venezolanos es lograr en el corto plazo encarrilar la transición hacia la renovación institucional, en un marco de plenas garantías.

Con el operativo militar efectuado por Estados Unidos en Venezuela para capturar al dictador Nicolás Maduro y hacerlo comparecer ante una corte en Nueva York bajo cargos de narcotráfico, se puso fin a una serie de abusos que el chavismo ya había roto hace mucho, contrario a cualquier tipo de respeto al Estado de derecho, a la participación política equitativa, al derecho a la propiedad privada, a la libertad de acción y, sobre todo, a la libre emisión del pensamiento.


Aunque divide opiniones según las posturas ideológicas, intereses, gobiernos aliados o críticos del régimen de Caracas, ayer se concretó una acción largamente anticipada pero cuya forma y alcance solo se intuía vagamente. Fue un golpe sorpresivo, peliculesco, quirúrgico, para descabezar la satrapía iniciada por Hugo Chávez y continuada por Maduro, cuyo régimen utilizó vías democráticas para llegar, pero luego las pervirtió para entronizarse y suprimir cualquier disidencia. Solo otros despotismos como Nicaragua, Cuba o China reconocieron la fraudulenta reelección de Maduro en julio del 2024.


Los ocho millones de venezolanos que salieron de su patria a causa de la violencia, el desempleo y la pobreza son evidencia de la destrucción ocasionada por la barbarie chavista: una nación otrora próspera, arruinada por una camarilla de saqueadores que aún siguen en sus cargos y gritando consignas desafiantes, clamando amparo en entes internacionales a los cuales ignoraron cuando se les pedía garantizar comicios libres. El caso es que Maduro fue conducido ayer mismo a Nueva York, donde comparecerá ante un juez para afrontar cargos de narcotráfico.


El presidente Donald Trump afirmó que la detención del mandatario abre oportunidad de una transición hacia la democracia, pero advirtió de que EE. UU. “dirigirá” Venezuela mientras se efectúa la transición. No mencionó al presidente opositor electo Edmundo González ni a la premio nobel Corina Machado, ni a la oposición política. Dijo, eso sí, que el secretario de Estado, Marco Rubio, había hablado con la vicepresidenta Delcy Rodríguez, adláter de Maduro, y esta habría aceptado plegarse a los planes de la Casa Blanca, a control remoto. Está por verse si es cierto.


Trump subrayó el interés de que empresas estadounidenses recuperen el control sobre el petróleo venezolano, lo cual podría poner en duda el discurso democratizador. De hecho, la prioridad para Venezuela y los venezolanos es lograr en el corto plazo encarrilar la transición hacia la renovación institucional, en un marco de plenas garantías. Ello no será fácil, debido a los numerosos grupos paramilitares armados y extremistas que el propio gobierno chavista incubó. En otras palabras, se debe evitar que el régimen sea una hidra, mítica bestia a la cual le crecían dos cabezas al cortarle una.


Los días siguientes serán críticos para lograr crear un puente hacia un gobierno de transición, cuya labor de recuperación institucional no será fácil, pero que tendrá el tiempo en contra. Porque la gran riqueza venezolana no es el petróleo ni los minerales raros. Su mayor tesoro es esa mayoría ciudadana que quiere vivir en paz, con libertad de expresar, producir, crecer, desarrollarse y elegir mejores administradores, pues al fin y al cabo, el chavismo se fermentó en el caldo de cultivo de la politiquería corrupta previa.

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