EDITORIAL
Viernes de Dolores trae una carroza de amaños
El espíritu constitucional debe prevalecer, las exclusiones se deben revertir y la democracia universitaria debe recuperarse.
Desfachatez de achichincles. Componenda evidente. Burla al Pueblo de Guatemala, que con sus impuestos sostiene a la Universidad de San Carlos (Usac) para tener mejores profesionales con mente crítica y no émulos de tirano venal. El hecho de que no extrañe no significa que no indigne la jugarreta montada por el aún incompleto pero instrumentado Consejo Superior Universitario (CSU) que intenta repetir el fraude del 2022 al acreditar discrecionalmente a los electores de rector: de ocho cuerpos electorales admitidos, seis están bajo la férula del cuestionado Walter Mazariegos, incluyendo estudiantes y docentes de la Facultad de Humanidades, de la cual fue cuatro veces reelecto decano. O sea, ya existe una adicción a las reelecciones.
Qué casualidad que el CSU encuentra supuestas objeciones a los cuerpos electorales opositores, electos en votaciones abiertas, de estudiantes, docentes y colegios profesionales, pero deja pasar a las planillas afines. Algo así como fue casualidad que Mazariegos llegara a la decanatura de Humanidades después del extraño asesinato de su antecesor, Mario Alfredo Calderón, la noche del 15 de julio del 2008. O, qué casualidad que en 2022 una planilla opositora que disputaba la Rectoría fue excluida por otra resolución controvertida del CSU.
La indiferencia del anterior Ejecutivo, Legislativo y Judicial, dominados por el oficialismo, facilitó la validación de la controvertida votación de 2022, desarrollada en el Parque de la Industria, bajo vigilancia de esbirros armados con los cuales Mazariegos y el CSU negaron tener nexo alguno, pero que impidieron el ingreso de votantes opositores. Pero esta vez, la exclusión es notoria y arbitraria; además, hay múltiples amparos que la Corte Suprema de Justicia y la Corte de Constitucionalidad deben resolver.
La propia Huelga de Dolores de hoy debería ser un canal de protesta ante este atropello, aunque es notorio que existen ciertos comités alineados con el continuismo. “Dicen que son una huelga, pero más es un carnaval”, escribió el Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias en su novela Viernes de Dolores, que se desarrolla en un hipotético pero revelador desfile bufo desprovisto de sentido. Entre los personajes de tal relato aparecen algunos que podrían coincidir con ciertos perfiles de la actualidad, como don Tenazón o el Cholojero. En esa trama, el desfile está comandado por minidictadores, tipos prepotentes que le rinden cuentas a otro obtuso. Cualquier parecido con la realidad es porque esta siempre supera la ficción.
Para más señas del intento fraudulento, qué casualidad que el campus universitario estará cerrado varias semanas, por supuestos trabajos de restauración y hasta una exploración arqueológica. Qué casualidad que las clases en línea fueron aprobadas por el CSU justo a tiempo de la amañada descalificación de cuerpos electorales adversos. “Se juntaron el polvo y el estiércol”, dice el personaje Celestino Tomelloso en un muladar decadente de la historia asturiana que hasta parece premonitoria.
La autonomía de la Universidad de San Carlos no la convierte en feudo de nadie. Después de cuatro años de dilaciones, estudiantes, docentes y profesionales sancarlistas se han podido expresar en la mayoría de elecciones de representantes. Tales votos colectivos no deben quedar fuera a causa de tretas oscuras y obviamente ilegales. El espíritu constitucional debe prevalecer, las exclusiones se deben revertir y la democracia universitaria debe recuperarse. Al fin y al cabo, al participar en procesos previos, el propio CSU y rector saliente se han sometido tácitamente a esa institucionalidad.