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El CNPAG y su urgente cambio

Mario Antonio Sandoval

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CNPAG

CNPAG SON LAS SIGLAS DEL Consejo Nacional para la Protección de La Antigua Guatemala, creado en 1969 —si no recuerdo mal—, con el objetivo, como dice el nombre, de proteger las características únicas de esa ciudad, tanto en su aspecto histórico como artístico. Ambos elementos son primordiales para una actividad económica fundamental para el país, la visita de los nacionales y los extranjeros. En sus primeros lustros, la institución mencionada realizó su tarea, muchas veces incomprendida por los propios vecinos, según criterios defendibles decididos por sus integrantes: el alcalde, quien lo preside; representantes del Ministerio de Cultura, la Academia de Geografía e Historia (AGH), y las facultades de Humanidades y Arquitectura de la Usac.

SIN EMBARGO, DESDE hace largo tiempo, el CNPAG se ha convertido en un lugar donde se toman decisiones inexplicables: atrasos en las autorizaciones de obras, trabajos mal hechos y enormemente lentos, sospechosas acciones de beneficio para un pequeño grupo de personas, exigencias de requisitos indefendibles muchas veces. Y al mismo tiempo, autorizaciones verdaderamente absurdas, como convertir ventanas en puertas, con el resultado de crear bares muchas veces de mala muerte, o construir paredes frontales de dos pisos de altura, pero solo con ventanas en el primero, para así considerarlas oficialmente como de una sola planta, entre otros casos. Todo ello afecta la unidad arquitectónica de la ciudad, a veces en forma irreparable.

LA DETENCIÓN DE los trabajos de la catedral antigüeña, autorizados por el mismo CNPAG luego de años de búsqueda de acuerdos con los grupos de vecinos, se ha convertido en una especie de detonante de la molestia no solo de los antigüeños, sino de toda persona interesada en el respeto a la ciudad. A causa de ello, cada día se están gastando innecesariamente ocho mil quetzales diarios para el pago de los salarios de los trabajadores especializados, porque el grupo privado a cargo de los trabajos no quiere despedirlos. Da grima, verdaderamente. Interpreto esto como una forma de causar innecesario daño al patrimonio histórico y cultural, de desalentar a quienes desean participar en su conservación, y de burlar los fines de la entidad protectora.

DEBE SER INMEDIATA LA intervención del Consejo Superior Universitario de la Usac y del Ministerio de Cultura para tomar la única decisión posible: analizar las actuaciones de sus representantes y cambiarlos. En cuanto a las autoridades ediles, ahora encabezadas por la arquitecta Susana Asencio, actuar de conformidad con la ley y con las autorización al proyecto suspendido, pero además hacer una auditoría forense de las decisiones del CNPAG en anteriores oportunidades, a fin de decidir si fueron justificadas o hay sombras de dudas. Y como el Ministerio Público también tiene parte, sus máximas autoridades también deben analizar las actuaciones de sus representantes. En resumen, enderezar el ahora torcido rumbo del CNPAG.

LA ENTIDAD, VALE REPETIR, ha actuado bien en lejanas ocasiones, y ha sido determinante para detener barbaridades. Pero quien visita con alguna frecuencia la ciudad puede notar constantes cambios a veces pequeños y aparentemente inocuos, como los cambios en los colores de las paredes, en la forma de determinados techos, en las proporciones de los elementos arquitectónicos, el uso de los inmuebles, la manera de reparar las calles, etcétera. Admiro a La Antigua, pero sobre todo la respeto, y siento lo mismo por quienes se preocupan por evitar su destrucción histórica. No es exagerado: por sus posibles consecuencias, a nivel nacional es una crisis y por ello abre la puerta para desfacer entuertos y acciones vergonzosas.