catalejo

Ingresar a la política para matar la politiquería

Mario Antonio Sandoval

En Guatemala no hay política. No se practica, porque este concepto significa “arte y ciencia de gobernar a los pueblos” y es tan antiguo como Aristóteles, quien la coloca como parte de la Ética, y la califica como la más importante de las ciencias, porque busca y tiene como fin el bien común. En nuestro país se practica la politiquería, consistente en “brujulear” (andar sin rumbo fijo) en política; tratarla de manera superficial o con ligereza (o inconstancia); hacer política de intriga y de bajeza. En el largo camino de la historia nacional, actualmente la ausencia de políticos tiene como resultado lógico: la inexistencia de partidos, llamados así aquí porque algún nombre deben tener.

Por esas causas, el inicio del arreglo nacional pasa necesariamente por la creación de partidos reales, no simples aglomeraciones de líderes autonominados, seguidores advenedizos, auténticos tránsfugas dispuestos a todo, etc. Hace algunos días, se tuvo en el Instituto de Fomento Municipal el ejemplo más reciente. Es complicada la solución a esto, porque los partidos políticos, para serlo verdaderamente, no necesitan solo las firmas de ciudadanos, sino sobre todo la integración de cuadros nuevos. En un tiempo también difícil de predecir, pueden comenzar a surgir líderes distintos a quienes se llaman así, pero en realidad es simplemente gente ilusa, en casi todos los casos, ambiciosa y dispuesta a unirse a quien sea. Ejemplo: el mandatario actual.

Hay un problema. Si quienes desean participar tienen la convicción de eliminar la politiquería, deben entonces hacer a un lado a los politiqueros anteriores, o en todo caso realizar un amplio y profundo estudio sobre las cualidades personales de quienes han participado y desean seguir. Mientras tanto, se debe utilizar el dinero otorgado, por ejemplo, por el Instituto para la Democracia Multipartidaria, de Holanda, cuyo escaso conocimiento de la situación del país se evidencia cuando parten de la base de existencia de partidos políticos para, de esa forma, como señalan ellos, facilitar el sistema multipartidista, reformar el sistema político y potenciar el tema de género. En vista del largo tiempo de esta situación se ha malgastado todo el dinero holandés donado por 15 años.

En los últimos meses se han conocido personas jóvenes, es decir menores de 40 años, los necesarios para poder ser candidato a la presidencia. Lamentablemente, en casi todos los casos pronto se han convertido, sobre todo en el Congreso, en réplicas de las mafias tradicionales. Lo mismo ha ocurrido a quienes han participado en política como alcaldes antes de saltar a una curul, y ello provoca el desaliento y el rechazo de la población deseosa de participar en organizar los cambios necesarios, pero no dispuesta a arriesgar su imagen personal al ser agregado, sobre todo si es sin razón en los grupos secuestradores del Estado, tan activos y económicamente poderosos, cuya presencia en el panorama nacional se ha aumentado en los últimos meses.

La participación en política es fundamental para lograr el inicio de cambios en el país. Pero primero se debe eliminar quienes ejercen la politiquería. En este momento, el factor más preocupante es la idea diseminada en la población acerca de una similitud y concordancia conceptual entre política y politiquería. Ya hubo política en Guatemala, y la representaron los partidos Democracia Cristiana, Movimiento de Liberación Nacional y Revolucionario, derrumbados a causa de su nociva y letal politiquerización. La falta de partidos reales provocará un desastre en la escogencia de quien debe mandar en el Ejecutivo, de todos modos condenado a la inacción si no hay una fuerza suficiente en el Legislativo.