Con otra mirada

La cultura sin dinero está perdida

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

El pasado 11 de febrero, National Geographic sorprendió al mundo con su transmisión por TV del programa Tesoros perdidos de los mayas, que muestra el trabajo de investigación con alta tecnología, de Francisco Estrada, Thomas Garrison y Albert Lin sobre el área maya.

La tecnología LiDAR (detección por luz y distancia) aplicada desde el aire, envía señales láser hacia la superficie, cuyo rebote crea una imagen digital del suelo, pudiendo elaborar planos cartográficos, e identificar estructuras artificiales —muros, construcciones, canales, calzadas, etcétera—, como vegetación.

Del mundo maya se conoce bastante y son incontables los sitios depredados. La presentación ofrece un valioso instrumento de investigación que expuso su inmensidad, como también, a los ojos de los ladrones, otras posibilidades del gran negocio mundial que hay detrás de esa riqueza cultural. La reacción del ministro de Cultura y Deportes fue inmediata. Mostró la ausencia de recursos para proteger aquel enorme territorial cultural, difícil de controlar y conservar, pese al esfuerzo que se hace.

Tan delicada situación no es novedad. Entre las prioridades del Estado de Guatemala, la cultura jamás ha sido una de ellas, pese a que la industria turística gira alrededor de sus vestigios, de una cultura milenaria que ha sobrevivido y dio lugar al mestizaje, cuya identidad y desarrollo aun no despegan, así como a la posición geográfica y topografía del país de la que derivan clima, paisaje y todo lo que en él cabe.

El gobierno actual está en su tercer año, de cuatro en total, en los que por circunstancias conocidas no ha podido hacer mayor cosa. Ante la falta de un plan de nación y de proyectos, la presentación me hizo recordar una propuesta hecha tiempo atrás, que podría salvar el mundo maya mostrado y, de paso, la crítica imagen de la actual administración.

Me refiero a la iniciativa de un grupo de profesionales y amigos, dedicados a la protección del patrimonio cultural de la Nación, que sedujo al Congreso de la República para que la apoyara. Mediante punto resolutivo No. 12-2005, publicado en el Diario de Centro América el 7 de octubre de 2005, el Congreso resolvió “Exhortar al Organismo Ejecutivo para que pueda crear el Ministerio de Turismo y Cultura, para que diseñe y defina las políticas que permitan crear en el corto plazo la industria turística guatemalteca”.

El asunto, según lo veo, solo requiere de voluntad política para su realización. Recursos económicos, sabemos que Guatemala los tiene en abundancia, el problema es que están mal distribuidos en instituciones que no los requieren y que en la mayoría de los casos no alcanzan ejecutar porque no tienen en qué, sumado a la consabida ineficiencia administrativa y de ejecución. Pongo como ejemplo la Comisión presidencial coordinadora de la política del Ejecutivo en materia de Derechos Humanos (Copredeh), que como tal no puede disponer de recursos económicos, pero tiene asignados Q208.1 millones. El Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat) recientemente solicitó una ampliación de Q121.6 millones para el presente ejercicio, con los que sumará Q387.1, de los que no invierte mayor cosa en conservación del patrimonio cultural que justifica su existencia.

En otras palabras, con voluntad política y decisión de despojarse de esas cajas chicas que permiten al Ejecutivo mantener la fiesta se lograría poner en valor el patrimonio cultural de la Nación y mostrar al mundo la riqueza que, solo porque es tan grande, todavía persiste, pues quienes sí le sacan total provecho, en su detrimento, son los otros depredadores.