Sin fronteras

La gran mentira de la migración

Pedro Pablo Solares@pepsol

Aún después de que destruyeran sus restos, Goebbels, el ministro de propaganda Nazi, persiste vigente a través de su máxima comunicacional: “una mentira repetida mil veces, se convierte en realidad”. La estrategia de “la gran mentira”, tan grande, que un pueblo no pensaría en cuestionarla. Claro está, que para que esto fuera mínimamente efectivo, ese pueblo, habría de ser incauto, cándido, o desinformado, cuando menos. ¿Quién —en su sano juicio— cuestionaría si la administración de Trump realmente busca detener la migración irregular centroamericana? Nadie, quizá; a menos de que examine sus acciones, más allá de lo que brota de su boca. Un gobierno antimigrante: ¿política pública, o política electoral? Cualquiera de las dos, lo innegable es que los más indefensos de los centroamericanos están en el centro del escenario, aportando a la ecuación, la crudeza de sus humanas realidades.

Los hechos develan una fórmula de números cruel, pero certera: mientras menos piedad tiene Trump con los latinos inmigrantes, más se afianza su popularidad entre quienes lo eligieron. Justo eso reveló en junio el sitio especializado en encuestas FiveThirtyEight, al publicar el resultado de varios sondeos a nivel nacional. Sorprendentemente, después de que estalló el escándalo de la política tolerancia cero, la popularidad de Trump —aunque tenuemente— subió. Esto a pesar de que dos tercios de los estadounidenses, desaprobaron esa medida. Considerada por muchos como desalmada, Tolerancia Cero resultó en miles de niños centroamericanos arrancados de los brazos de sus padres, sin protocolos de control o mecanismos previstos para reunificar a las familias. Por supuesto que hechos individuales, como el abatimiento a tiros de una chiquita mam por parte de un guardia fronterizo, no hacen mella en la percepción de los republicanos hacia su presidente que pinta al latino como enemigo.

El duro discurso de Trump contra los migrantes, explica la contradicción de sus acciones contra los valores que dice enunciar el Partido Republicano: la vida; la unión familiar; el trabajo libre, y una menor intromisión del Estado en las actividades individuales. Y es que todos estos pasan a un orden secundario, cuando los seguidores de Trump ven —ahora más que nunca— al migrante como una amenaza a su seguridad física, y un peligro a su capacidad de obtener trabajo. Y parecen estar creyendo que estas políticas, por ser despiadadas, resultarán de alguna forma efectivas para disuadir a quienes tocan puerta en la frontera estadounidense. Lo evidente es que bajo Trump, EE. UU. ha dejado a un lado el enfoque de atender las causas que generan la migración irregular, y lo ha sustituido con acciones precipitadas y superficiales, que augurarían poca efectividad, si se pretendiera reducir la migración en realidad.

Por sus acciones, parece mentira que EE. UU. quiera detener la migración irregular. Este año, sus altos funcionarios hicieron fila para visitar Guatemala. Y todos anunciaron que la próxima estrategia es una campaña de comunicación: “No viajen hacia el norte”, les dirán. Nuestra Cancillería se montó en la ola, y ahora “explica” que quienes emigran, lo hacen por engaño de los coyotes. Si en realidad se quisiera detener la migración, uno pensaría en estudiar las causas que generan la emigración masiva; tanto las del país que expulsa (push factors), como las del país que atrae (pull factors). Pero los estudios serios han sido guardados. Hoy, las cifras fronterizas revelan un crecimiento en el flujo migratorio. Y las historias, cada vez, son más crueles. Con todo y la mano de obra latina, la economía estadounidense vuela sus días más altos. Mientras, un despiadado Trump navega en popularidad, de cara a las elecciones de noviembre. Un objeto electoral estadounidense. Vaya pacaya, la que tenemos encima.

@pepsol