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La ONU y la OMS enmiendan la plana

Jorge Jacobs Fb/jjliber

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Durante mucho tiempo, los burócratas de la Organización Mundial de Salud (OMS) y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) fueron de los más fervientes opositores a la legalización de las drogas, bajo la premisa de que la única forma de combatir los supuestos efectos dañinos de los estupefacientes era su completa prohibición. Sin embargo, hasta ellos tuvieron que reconocer —quizá muy a su pesar— que la evidencia en contra de la prohibición es tan amplia y contundente que su postura era insostenible y hace poco la cambiaron. Este es un cambio muy importante en la larga batalla para acabar con la “guerra perdida contra las drogas” y sus efectos funestos.

Reconocer que se ha estado equivocado —por tanto tiempo y tan vehementemente— no es fácil y sería mucho pedir de la ONU y la OMS que hicieran una gran conferencia mundial alrededor de su cambio de postura —aunque es lo que deberían hacer—. Lo hicieron de manera muy escondida, dentro de un largo texto que aparentemente no tiene nada que ver con la “guerra contra las drogas”, pero aun así es un cambio de postura importantísimo, viniendo de ellas.

El cambio fue anunciado en la “Declaración conjunta de las Naciones Unidas para poner fin a la discriminación en los centros de atención de la salud”, publicada el 27 de junio de 2017. El texto completo lo encuentra en: www.who.int/mediacentre/news/statements/2017/discrimination-in-health-care/es/

En esta declaración argumentan que uno de los principales obstáculos para el desarrollo de las personas es que existe discriminación hacia algunos grupos en los centros de atención de salud. Entre los argumentos que citan plantean que “Algunas leyes son contrarias a los datos probatorios establecidos en materia de salud pública y a los principios de los derechos humanos. Se han demostrado las consecuencias nocivas de esas leyes para la salud y los derechos humanos”. Este argumento deja entrever que la evidencia es tan grande en contra de algunas leyes —como la de la prohibición de las drogas— que es necesario cambiarlas.

Más adelante, en los compromisos concretos plantean: “Ayudar a los Estados a establecer garantías contra la discriminación en las leyes, políticas y reglamentaciones del siguiente modo: …Examinando y derogando las leyes punitivas que han demostrado tener resultados sanitarios negativos y que van en contra de los datos probatorios establecidos en materia de salud pública. Se trata en particular de las leyes que penalizan o prohíben de algún otro modo … el consumo de drogas o su posesión para consumo personal…” Hago la salvedad de que este es uno de los temas mencionados entre muchos otros —usted los puede leer todos en el texto completo arriba mencionado—, pero el solo hecho de que lo mencionen y con una postura tan en contra de todo lo que han dicho con anterioridad es un gran avance.

La evidencia luego de casi medio siglo de la “guerra contra las drogas” es irrefutable. Es una guerra perdida, peleada sobre bases equivocadas, con consecuencias realmente trágicas para buena parte de la humanidad, no solo para los “consumidores”. Afortunadamente, después de infinidad de fracasos y tragedias, finalmente la tendencia en contra se empieza a hacer irreversible. Cada vez más la gente está despertando del engaño que le han vendido por tanto tiempo, al grado de presionar para que en cada vez más lugares se despenalice el consumo de algunas drogas —y pronto de todas las drogas—. El que algunos de sus opositores más vehementes, como la ONU y la OMS, aunque tímidamente, estén empezando a dar marcha atrás, es un rayo de esperanza de que pronto la humanidad se deshará de una maldición más.