Con otra mirada

La piñata de la fiesta

José María Magaña Juárez jmmaganajuarez@gmail.com

De acuerdo a los relatos de Marco Polo de su viaje por el lejano oriente, la piñata era usada en China para celebrar las fiestas de año nuevo. Llevó la tradición a Italia, en donde se incorporó a la conmemoración de la Cuaresma. De ahí pasó a España y de esta, al Nuevo Mundo.

Se trata de una vasija de barro cocido cubierta de una estructura de alambre, forrada con papel maché, en forma de globo, originalmente con siete picos, decorada con papel de vistosos colores. Dentro de la olla se colocan dulces. La piñata se cuelga de una cuerda, mientras con otra se la hace ir y venir; y alguien trata de golpearla con un palo, igualmente decorado, a fin de romperla y obtener su apetecido contenido.

En nuestro medio es el principal atractivo de la celebración de cumpleaños de los patojos. Papá la hala de un lado a otro, al tiempo que mamá organiza los turnos. La lucha entre los invitados es hacerse del palo para abrir el botín y quedarse con la mejor tajada.

La Antigua Guatemala (LaAG), después de 49 años de estar sujeta a régimen de conservación, es un bien deseado. Con los primeros trabajos de puesta en valor, programas educativos, recuperación de monumentos invadidos, consolidaciones y parciales restauraciones se detuvo el deterioro que la amenazaba. Luego fue incluida en la lista del patrimonio mundial de Unesco, reconociendo su excepcional valor, pero al mismo tiempo despertando la ambición de potenciales explotadores, ansiosos por obtener beneficios de esta maravillosa piñata urbana, arquitectónica, histórica y cultural.

Hoy, el esfuerzo por su conservación y desarrollo es más intenso desde instancias ajenas al Consejo Protector (Cnpag) y Municipalidad. El caso más notorio es el Consejo Cívico de Vecinos de LaAG, creado como consecuencia del deterioro al que se le pudo someter al aprobarse proyectos atentatorios y tomar erradas decisiones, oportunamente denunciadas por las asociaciones Salvemos Antigua y Diego de Porres. Entuertos que fueron abortados luego de foros públicos y escándalos nacionales e internacionales, haciendo valer el Plan Regulador de 1974 que las autoridades no quisieron aplicar.

De esas acciones derivó, en 2001, la creación de la Unidad de Planificación Municipal, desde la cual se generaron reglamentos y un Esquema de Plan de Ordenamiento Territorial; instrumento que, por no convenir a sus intereses, el alcalde de turno desestimó en 2003, desbaratando la unidad y sus funciones. A partir de eso los controles de conservación, administrativos y desarrollo se relajaron.

El resultado es que, al momento actual, en LaAG pareciera ser que todo el mundo hace lo que mejor le parece, y no hay ley, reglamento o norma que se aplique, como no sea a aquellos que cometen el error de hacer alguna gestión, haciendo cumplir la máxima que reza “Es mejor pedir perdón que pedir permiso”.

Ante ese descalabro, el pasado miércoles 5 el Consejo Cívico de Vecinos entregó a Idom, empresa que tiene a su cargo la preparación de los planes de ordenamiento territorial para LaAG y municipios aledaños, las conclusiones de los dos foros públicos ¿Qué ciudad queremos? Importancia de la planificación del territorio, celebrados en febrero y julio pasados, junto a comentarios y trabajos realizados por y para la conservación y desarrollo de la Ciudad.

El objeto es ofrecer herramientas técnicas para que la próxima administración municipal sepa coordinar, como la madre del patojo cumpleañero, a quién da el palo, y no entregar graciosamente uno a cada uno de los amiguitos deseosos de quedarse con el botín.

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