A contraluz

La reina de las mojarras

Haroldo Shetemul @hshetemul

En su mejor momento, Roxana Baldetti Elías se convirtió en la mujer con más poder en Guatemala. Durante años construyó las estructuras del Partido Patriota que le permitieron posesionar al general Otto Pérez Molina como un líder nacional, pero ella mantuvo el control partidario. No se movía una hoja sin que la voz fuerte y grave de Baldetti diera una orden. Fue ese poder acumulado el que la llevó a colocarse como candidata a vicepresidenta, sabedora de que a ella le hubiera correspondido la corona que había confeccionado para el general. El poder tejido en época de campaña lo trasladó al gobierno y por eso exigió siempre estar a la par del general en todo; no se asumía como vicepresidenta, reclamaba el poder compartido que había amasado.

Baldetti trasladó ese poder omnímodo a los negocios para saquear las arcas del Estado, junto con el general. Había un tercero en discordia: Alejandro Sinibaldi, con quien guardaba recelos políticos, pero principalmente la disputa era económica porque este acumulaba fortuna a la sombra del Ministerio de Comunicaciones sin darle cuentas a ella. Por medio de su secretario privado, Arturo Batres, ahora prófugo de la justicia, la vicepresidenta trató de arrebatarle a Sinibaldi los sobornos que pagó la empresa brasileña Odebrecht en 2012, pero no pudo porque el exministro de Comunicaciones salió tan largo como ella. Esta situación ilustra la forma en que operó la banda criminal que gobernó al país.

La exvicepresidenta fue condenada a 15 años y seis meses de cárcel por asociación ilícita, fraude y tráfico de influencias en el caso Agua Mágica, por el cual pretendió llevar a cabo una de las estafas más descaradas de los últimos tiempos. Según el juez Pablo Xitumul, la fórmula resultó ser agua con sal y cloro, altamente corrosiva. Este caso ilustra la forma de operar de Baldetti, quien llegó al extremo de ir al lago de Amatitlán, donde dijo que había “pipirañas” y “popodrilos”. Fue a ese lugar a defender públicamente su negocio e invitar a periodistas a comer mojarras cuando el lago quedara descontaminado. Esa sorprendente desfachatez demostraba cómo había perdido la dimensión de la realidad porque, según ella, con su inmenso poder nadie iba a cuestionarla. Con razón, el juez afirmó en la sentencia que fueron actos grotescos, caros e innecesarios para defraudar al Estado de Guatemala.

Baldetti es apenas uno de los rostros de la corrupción en el país. A ella aún le faltan varios procesos judiciales en los que está sindicada, como La Línea o la Cooptación del Estado, así como su extradición a Estados Unidos, donde es reclamada por asociación delictuosa y conspiración para el tráfico de drogas, por sus vínculos con los Zetas. Sin embargo, las redes mafiosas que en su momento la exvicepresidenta protegió y utilizó desde que era diputada están ahí en plena operación. Por eso insisto en que la pena es mínima en relación al daño que ella causó al país porque esas estructuras siguen operando y buscan la forma de lograr más impunidad para sus miembros incrustados en el gobierno de Jimmy Morales, el Congreso y el Organismo Judicial.

Pero si hay algo que se deba reconocer luego de este fallo judicial es el trabajo que ha desempeñado Iván Velásquez, actual jefe de la Cicig. En tiempos en que gobernaba la camarilla del PP era casi impensable que se hubiera podido efectuar una investigación que llevara a ambos fuera del gobierno y a su procesamiento. Junto con la ahora exfiscal general Thelma Aldana, el comisionado Velásquez jugó un papel fundamental para desmantelar esta estructura criminal. Precisamente el hecho de que ahora sea denostado y no se le permita ingresar al país es parte del costo de haber enfrentado a estructuras paralelas que están incrustadas en el Cacif, el Ejército y el Gobierno.

@hshetemul