EDITORIAL

Migrantes merecen el mayor respaldo

Los cancilleres del Triángulo Norte de Centroamérica y de México celebraron ayer en Guatemala una reunión crucial para sentar las bases de una estrategia que responda con propiedad a la amenaza de que el recién electo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cumpla de alguna manera una de sus promesas de campaña en relación con los inmigrantes.

Siempre es bienvenido cualquier esfuerzo para llevar alivio a quienes se encuentran ante la posibilidad de vivir una pesadilla que, de ocurrir, tendría efectos catastróficos en Guatemala. Por ello, la diplomacia regional se ha puesto manos a la obra para anticiparse a cualquier riesgo. Son acciones obligadas en nuestro caso, por el enorme aporte de los migrantes a la economía guatemalteca.

Es lo menos que cabe esperar, pero las autoridades deben recordar que la diplomacia no puede obrar milagros, y entonces deben hacer muchos otros esfuerzos para no acrecentar un drama que año con año amenaza con desatar una crisis de proporciones insospechadas, en especial si se concretan las promesas de Donald Trump en su campaña.

Una primera toma de conciencia, responsable y franca, debe empezar por reconocer que las actuales condiciones de vida en el país constituyen la principal causa de ese flujo de guatemaltecos hacia Estados Unidos, sobre todo porque en los últimos años los protagonistas han sido niños no acompañados que buscan reunirse con sus parientes, pero también huyen de la pesadilla de su vida aquí.

Dicho flujo migratorio provocó que Estados Unidos presione a las autoridades centroamericanas por frenar el éxodo y ser parte de un plan que contribuya a crear condiciones de desarrollo para disuadir a los miles de pobladores de estos países que se arriesgan a ingresar de manera ilegal en territorio estadounidense.

Es un reto difícil. En los últimos años tal flujo ha ido en crecimiento, y de 15 mil niños guatemaltecos que ingresaron en aquel país en el 2014 la cifra rebasó los 18 mil en el 2015, lo cual demuestra el fracaso de cualquier medida establecida por los gobiernos del Istmo.

Guatemala tiene la enorme posibilidad de hacer algo por miles de migrantes y dar muestras convincentes a Washington de que aquí se lucha contra la corrupción y el crimen, y también se trabaja por cambiar realidades lacerantes, que empujan a millones de personas a buscar otro modelo de vida.

Si somos capaces de demostrar que aquí las cosas están cambiando y hay un compromiso de largo plazo, podría solicitarse el estatuto de protección temporal para los miles de guatemaltecos que cumplen con los requisitos para acogerse a ese beneficio y también tienen la ventaja de no haber ingresado ilegalmente o de no haber incurrido en delitos.

No debería de ser tan difícil que las cancillerías mencionadas se comprometan a mediano y largo plazos por cambios de fondo en temas fundamentales que estarán en la agenda de Washington, sobre los que habrá insistencia. No actuar en consecuencia debe ser visto como una bofetada para quienes son parte de la columna vertebral de la economía guatemalteca.