EDITORIAL

Navidad marcada por los contrastes

Para Charles Dickens, la Navidad pasa por diferentes etapas, las cuales adquieren un cariz especial de acuerdo con la edad, lo cual va desde “el anillo mágico de la infancia, en la que se colmaban deseos, aspiraciones, afectos, sueños y diversiones hogareñas, que reunía a todos al amor de la lumbre navideña”, hasta sentir el fugaz paso del tiempo y encontrarse de repente con la falta, temporal o definitiva, de un ser querido, lo que le da otra connotación a esa fecha.

Ciertamente, es en la infancia cuando la Navidad se llena de magia y recuerdos imborrales para convertirse en una sucesión de momentos inolvidables y el mejor para festejar un acontecimiento que cambió el curso de la historia, como fue el nacimiento de Jesús, acontecimiento que le dio un giro a la historia del mundo cristiano y occidental.

Si bien el devenir de esta parte de la humanidad ha girado en torno a ese hecho, la esencia de este se ha transformado en las últimas décadas y ha sido el afán consumista el que más ha influido en el cambio de costumbres, aunque también existen otros factores poderosos, como la migración y el desarrollo económico inequitativo que le han dado otro aspecto.

La precariedad de grandes sectores les da un sentido peculiar a las navidades guatemaltecas, pues despierta sentimientos de solidaridad entre quienes encuentran un espacio propicio para compartir con los que tienen menos posibilidades económicas.

Siendo la Navidad un festejo familiar por excelencia, en Guatemala se ha convertido en un creciente drama para quienes, por necesidades económicas, se ven obligados a emprender la búsqueda de un nuevo destino, principalmente en Estados Unidos, donde miles de guatemaltecos encaran con nostalgia la fecha, separados de sus familiares.

La migración masiva ha hecho que las navidades sean distintas para millones de guatemaltecos, pues la cantidad de quienes residen en el país del norte ha crecido de manera exponencial en las últimas décadas, lo que ha establecido nuevas dinámicas socioeconómicas, las cuales tampoco están exentas de nostalgia, ante la imposibilidad para la mayoría de poderse encontrar.

Esa forzada separación de millones de familias hizo que ayer, durante el rezo del Ángelus, en la Plaza de San Pedro, el papa Francisco enviara un saludo especial de Navidad “a todos aquellos que están lejos de sus familiares y de su tierra”. “Mi pensamiento va hoy a las familias que en estos días se reúnen y quien vive lejos de sus parientes vuelva a casa, los hermanos intentan encontrarse. En Navidad es bonito estar en familia”. “Muchas personas no tienen esta posibilidad, por varios motivos, y hoy quiero dirigirme a todos aquellos que están lejos de sus familias y de su tierra”, expresó.

En el fondo, aunque en el transcurso de las etapas de la vida la Navidad pueda ir revistiéndose de diferentes matices, quizá en la gastronomía guatemalteca se encuentre un poderoso vínculo entre quienes desde aquí y en la distancia mantienen vivas muchas de nuestras tradiciones.

Feliz Navidad para quienes nos favorecen con su preferencia y confianza.