Pluma invitada

A los padres, en todo tiempo y circunstancia

José Miguel Argueta jomiarbo@gmail.com

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“Mais les manoeuvres inconscientes d’une âmepure sont encore plus singulières que les combinaisons du vice”.

Raymond Radiguet escribió la expresión con la que inicio una reflexión sobre el día del padre, cuya traducción a la lengua de Cervantes es “Pero las maniobras inconscientes de un alma pura son aun más singulares que las combinaciones del vicio”.

Su vida fue muy corta. Tan solo veinte años. Sin embargo, en su literatura capta la esencia del amor de padre. Los estereotipos que califican el amor de padre como un amor que se desgasta con facilidad y que con los años tiende a la inmadurez.

Quizá la expresión poco conocida del francés “bonhomía = simplicité dans les manières unie â la bonté du coeur”: “alguien que tiene sencillez en las maneras unida a la bondad del corazón”. La condición de padre conjuga en una sola expresión, no es bondad, benevolencia, ingenuidad, sino sencillez formal más bondad verdadera.

Muchas veces, decir padre ha perdido ese maravilloso significado. Pareciera ser que esa adolescencia en la que muchos inician la tarea de ser padres se identifica con una irresponsabilidad y una crueldad sorprendente, desencadenante de lo que acontece.
La acción instintiva pareciera ser esa constante en la vida de ser padre.

Los padres libran circunstancias adversas, no consideran amar en términos de poesía, pues en tal caso el egoísmo y la felicidad estarían en el mismo pedestal. Como si los padres ven efímero el amor en cuanto a sentimiento. Sin embargo, dejan la vida, aunque en el seno del hogar se olvida lo indispensable que es en la cohesión producto de la bondad del corazón y la sencillez de no recibir nada a cambio.

Ser padre es una acción consagrada, un cultivar la vida tratando todos los días de solucionar las necesidades de su tiempo. Ser padre compromete la vida y desgasta las fuerzas de la existencia para que las generaciones emanadas de él puedan convertir los yerros en acciones que provean un mundo más humano y mejor.

Deseo que ese espíritu que nos une a los padres en la distancia no modifique la calidad de responsabilidad que los demás debemos tener hacia ellos como esa maravillosa fuente de impulso a vencer la adversidad. Quiero reconocer en estas líneas todo aquello que se ha perdido al olvidarse de lo paternal. Ser padre no se aprehende sino dejando la piel en el camino de la vida.

Quiero que este año 2022, en el que salimos del encierro de una pandemia, reconozcamos uno a uno a cada padre, cercano o lejano, presente o ausente, pasados, presentes y futuros, fuera de esa superficial y caprichosa manera de entender su acción en la vida de nuestra querida Guatemala.