Pluma invitada

Diccionario Político Chapín 2019 (R-S)

Pablo Rodas Martini  @pablorodas

Recintos electorales. Se parecen a los mataderos, pero hay tres diferencias fundamentales. La primera, por supuesto, se trata de que al recinto electoral ingresan personas humanas. La segunda es que las personas se alinean de manera voluntaria —siempre hay algún aprovechado que quiere colarse—, mientras que en el matadero se les alinea en pasillos de metal o de madera. La tercera es que a los votantes solo se les pega un tiro de manera figurada.

Recursos de amparo. Abogados marrulleros los presentan contra algunos de los candidatos presidenciales; nueve de diez abogados lo hacen por encargo de algún candidato opositor. Aquellos candidatos contra los que no se presentan recursos es porque ni suman ni restan. En Guatemala, los recursos de amparo son una especie de virus que enferman el sistema judicial, alcanzando picos cuatrianuales antes y durante los procesos electorales.

Regalos electorales. Unas décadas atrás lo usual eran gorras y camisetas: en los mítines se armaban moloteras para recibirlas aunque al final las camisetas se usaran para dormir. Con la proliferación de la venta de ropa en pacas, las camisetas han perdido atractivo. Ahora le dan desde lapiceros, llaveros, calcomanías, hasta USB. El ciudadano, por supuesto, preferiría que mejor le dieran el dinero que costó el regalo, así al menos podría comprar un Coca-Cola o un TorTrix.

Representación proporcional. Es el sistema electoral que prevalece en Guatemala: de un listado —sea el nacional o el de un departamento— se lleva más diputaciones aquel partido que más votos logra sacar. Lo que se pretende es que aun los partidos pequeños logren al menos un par de diputaciones. Por el sistema de representación proporcional es que tenemos ese número enorme de partidos y ese congreso de cien colores. Ya que nuestros congresos han sido pésimos como que valdría la pena probar el sistema opuesto: first-past-the-post, como el que tienen los británicos. Peor que brexit no nos puede ir.

Resultados electorales. Se comienzan a transmitir la noche de las elecciones. Todos los canales de televisión y de radio comienzan sus coberturas. Se dará cuenta que los locutores se repiten a sí mismos todo el tiempo: “que la ciudadanía cumplió con su deber ciudadano”, “que ahora los políticos tendrán que cumplir sus promesas”, etc. Transmisiones aburridísimas. De ahí comienzan a dar resultados por pushitos. Mejor duérmase temprano y entérese del resultado al día siguiente. Se va a topar con que el primero terminó con un 15% y el segundo con 14%, o quizás 20% y 18%.

Secretario General. El caudillo que ambiciona ser presidente, o el caudillo que después renta el partido a un millonario.

Segunda vuelta. Otra gastadera de plata, pero ni modo, habrá que desempatar entre los que obtuvieron 20% y 18%. Los dos finalistas se afanarán por lograr el apoyo de aquellos que perdieron, aunque solo hayan sacado 2% o 1%. Se les ofrecerán los ministerios X, Y o Z, lo que resultará en un Gabinete del demonio: ingobernable, pero los candidatos dirán que se trata de una gran convergencia nacional. Lo único bueno de la segunda vuelta es que ya no hay tercera vuelta.

Sistema d’Hondt. Una fórmula matemática de al pelo que se aplica en Guatemala para la asignación de las curules. La próxima vez que compre una pizza, aplique la misma fórmula para repartir los trozos entre sus cuates, y si no tiene amigos, entre usted, su perro y su gato.

Sufragio. Suena más elegante que voto o votación, por lo que si quiere impresionar diga que el sufragio tendrá lugar el domingo 16 de junio. No exagere diciendo que usted es un sufragante que irá a sufragar al sufragio nacional. Por cierto, sufragio nacional suena como naufragio nacional, y sufragio comienza con las primeras cuatro letras de sufrir. Ese es el karma político chapín.