Pluma invitada

Medidas contra el colérico tránsito

Gustavo Gini

Es inaudito observar que en este país no podamos establecer normas para la circulación de tanto vehículo, además de que exista un control más eficaz que el de Emetra.

Los problemas ocasionados por la excesiva circulación vehicular son muchos y variados. Por mencionar algunos: los espacios en los viaductos, carriles auxiliares, calzadas y carriles son demasiado estrechos; cuando se habilitan carriles reversibles, más bien crean dificultades a los demás automovilistas, sin dejar de mencionar las altas velocidades en que se conducen pilotos irresponsables que creen que están en una competencia, y lo hacen en espacios tan cortos que cualquiera que desee entrar a una arteria principal o bulevar se expone a sufrir accidentes de gravedad. Esto es común calzadas como la Roosevelt, Aguilar Batres y San Juan.

En el ingreso a una gran vía no existe el ordenamiento del uno por uno; es decir, pasa el que entra y después el que va, con el objetivo de no ocasionar un embudo, donde se retrasa el tránsito por varias horas, debido a que hay individuos que tiran el carro porque deben pasar como el más importante, o bien valiéndose de que manejan picop o camioneta grande.

El ejemplo más inteligente para conducir donde se reducen espacios de carriles de tres en dos o uno es la circulación sanguínea, que cuenta con gran cantidad de capilares, arterias y millones de eritrocitos, que pasan sin estancamiento y con mucha fluidez. Por ello me atrevo a promover esta medida como urgente en este colérico tráfico.

Además de lo antes mencionado, ¿qué decir de los atrevidísimos motoristas que creen tener el camino como propio, además de conducir sin la debida protección? Estos imprudentes pasan por los espacios tan estrechos que dejan los vehículos entre sí, además de que no respetan reglas fundamentales como no usar las banquetas y exponer a todos los transeúntes, sobre todo a los ancianos y niños.

Debería ser una constante la exigencia, tanto para automotores como para motocicletas, de que lleven luces de retroceso y delanteras. Algunos vehículos solo tienen un farol delantero, y por la noche, otros conductores fácilmente pueden creer que se trata de una moto.

Los cepos son efectivos para vehículos que obstaculizan vías importantes, pero es una sanción onerosa que no debería requerir muchos procesos para liberar el auto. También es fácil observar que no hay vigilancia en los carriles del Transmetro y por eso automotores y motos los transgreden.

Es urgente velar por la vida de los discapacitados, sobre todo de quienes piden limosna en pasos congestionados, como la 35 calle, zona 11, viniendo de San Cristóbal. Hay que ayudarlos para que salgan de las calles, pues corren peligro.

Es ilógico que los buses urbanos circulen sin luces mientras los extraurbanos tienen una excelente iluminación. ¿Qué podemos decir de este desconcierto de la Policía de Tránsito, que únicamente sirve para usar chalecos, motos, vehículos y gorgoritos vistosos, así como colocar conos y, en ciertos carriles, agitar las manos para que pasen todos.

Considero que lo que existe en Guatemala es una total tolerancia a motoristas y conductores de vehículos particulares, no existen multas ni controles a los infractores. Tampoco se tiene un plan estratégico para encarar este problema. Las sanciones a los infractores de la ley de Tránsito deben ser severas y constantes,d e manera que se sienta la autoridad, la cual ya se perdió.