Rezago en ciencia e investigación persiste en Guatemala

Informe iberoamericano coloca a Guatemala como uno de los países con los peores resultados en desarrollo científico e investigación, pues el apoyo gubernamental y de la iniciativa privada para este rubro es insignificante.

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La escasa inversión en investigación y desarrollo en Guatemala impide el aumento de investigadores y publicaciones científicas. (Foto Hemeroteca PL)

El porcentaje del producto interno bruto (PIB) que el país asigna al desarrollo de la ciencia e investigación no ha variado prácticamente nada en los últimos 10 años, con un promedio de apenas 0.035%, debido a la indiferencia del Gobierno y empresas privadas de otorgarle los recursos económicos necesarios, y el cual es determinante para mejorar las condiciones de vida de toda la sociedad.

Este y otros datos estadísticos por país y comparativos de la región se dieron a conocer el 30 de noviembre en el informe El estado de la ciencia. Principales indicadores de ciencia y tecnología iberoamericanos, de la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología Iberoamericana/Interamericana (2021).

El promedio en Latinoamérica en inversión en investigación y desarrollo es de 0.56%. Portugal y España son los países que más esfuerzo realizan en este rubro, al invertir el 1.4% y 1.25% de su PIB, respectivamente. En América Latina, Brasil alcanza el 1.6%, el más alto de la región. Sin embargo, en Iberoamérica, la inversión continúa siendo baja, en comparación con países industrializados. Corea e Israel destinan casi el 5% de su PIB. El 0.03% que asigna Guatemala equivale apenas a US$2.40 por habitante.

Según este informe, el gasto en investigación y desarrollo en Guatemala, que incluye la inversión del sector académico y del Estado, fue de US$39.81 millones para el 2019; de US$41.09 millones, para el 2018, y de US$38.56 millones, para el 2017. Brasil, por su parte, invirtió US$36 mil millones 343 mil en el 2018 y El Salvador, US$93.34 millones, en ese año también.

En relación con el gasto por sector de financiamiento, en Guatemala, el 77.9% está cubierto por la educación superior y solo el 10%, por el Gobierno, en tanto que en países sudamericanos como Argentina, el gobierno invierte el 60.8%, y la educación superior, solo 1.8%.

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Factores de falta de apoyo

Luego de esas cifras poco alentadoras para el país, es necesario establecer las causas por las que al desarrollo de ciencia en Guatemala no se le ha prestado la relevancia que merece, y dirigir los esfuerzos para revertirlas.

Uno de los factores es la falta de asignación de recursos presupuestarios por parte del Gobierno para realizar investigación, mediante la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt), al llegar, incluso, en el 2019 y 2020 a ser prácticamente nulo, expone el doctor Félix Aguilar, jefe de la Dirección General de Investigación de la Usac. “Esto se debe, posiblemente, a que los políticos no visibilizan la importancia que tiene la investigación científica para potenciar el crecimiento del país, como ocurre en otros países del continente, donde mediante la inversión en ciencia y tecnología han sido capaces de generar empleo y solución a problemas locales”, añade.

Carlos Esquit, director del Departamento de Biomédica, Electrónica y Mecatrónica de la UVG, recuerda que en la década de 1950 India envió, con fondos del Gobierno, a profesores universitarios a estudiar maestrías y doctorados a las mejores universidades de EE. UU., obligados a regresar a su país. Ahora, pese a que India enfrenta aún retos de desigualdad social, destaca a nivel global por sus avances tecnológicos, añade.

Por otro lado, refiere Aguilar, la iniciativa privada no invierte en ciencia y tecnología para desarrollar soluciones innovadoras que les permitan mejorar y optimizar sus procesos. “Guatemala debe cambiar de ser una consumidora de tecnología a desarrollar su propia tecnología”, expone.

“Desde la Senacyt, hemos cabildeado para que el presupuesto que le corresponde a la institución le sea asignado para poder llegar a más personas y financiar más proyectos de investigación y de transferencia tecnológica, para formar a más talento humano de alto nivel, pero, lamentablemente, hemos perdido algunas batallas ante el Ministerio de Finanzas y el Congreso de la República, indica Ana Chan, secretaria de Senacyt. “Además, tenemos un subregistro en la información que se genera sobre esta inversión, ya que no existe un indicador temático presupuestario que nos permita analizar cuánto se invierte desde cada sector en investigación y desarrollo”, añade Chan.

El presupuesto vigente asignado a la Senacyt es de Q11 millones 444 mil, señala Chan. Tomando como año base el 2016, para hacer un cálculo de cinco años, a la fecha se ha tenido una reducción en la asignación presupuestaria de -34.2110%, lo que en datos absolutos asciende a Q-5 millones 951 mil, señala.

La deficiente calidad educativa en el país también tiene un impacto directo. “En Guatemala no se tienen procesos pedagógicos adecuados para la enseñanza de las matemáticas, biología y/o física, lo cual crea una barrera que conlleva a que muchos jóvenes no opten por carreras donde estudian estas materias, o si se animan, fracasan porque su formación base no es muy buena”, detalla Aguilar.

“En las universidades recibimos estudiantes que vienen de un sistema de educación muy pobre, que no saben redactar bien, que no les gusta leer y que no están acostumbrados trabajar arduamente, por lo que no tenemos las bases para desarrollar cultura científica y el sistema educativo no lo promueve”, dice Esquit.

Escasos investigadores

En relación con el número de investigadores, Brasil encabeza el listado iberoamericano con 421 mil 838, en tanto que Guatemala, con 508, ocupa el último lugar.

“Al no tener fondos del sector público y privado, no hay la posibilidad de tener investigadores a tiempo completo. Además, las universidades no contratan investigadores y le dan prioridad a la docencia, por lo que los profesores no se dedican a la investigación”, dice Aguilar.

Para Edgar Franco, presidente de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de Guatemala, la mayoría de universidades se dedican a ofrecer cursos y otorgar grados y diplomas y no han desarrollado la investigación como actividad importante para la formación de recursos humanos y su vinculación con la sociedad. “En los escasos centros de investigación pública no se incrementa el presupuesto para hacerlos eficientes y efectivos, lo cual los obliga a disminuir puestos de trabajo”, añade.

Para Chan, el trabajo de investigador no es debidamente remunerado en el país, lo que se traduce en insuficientes incentivos para su desempeño a tiempo completo, debido a que los profesionales no podrían sufragar sus gastos con el aporte económico que reciben. Por ello, principalmente, las investigaciones se realizan desde el sector académico, que, si bien no brinda una remuneración extra, reconoce como crédito académico el trabajo en investigación, agrega.

En cuanto a colaboración internacional en Scopus —base de datos que abarca alrededor de 25 mil revistas y más de 83 millones de publicaciones científicas de todo el mundo—, Chile es el país con mayor porcentaje en la región, con el 63%, seguido de Portugal y Argentina, con 53 y 49%, respectivamente. Guatemala ha colaborado con 357, una de las cifras más bajas de Iberoamérica, junto con Honduras (241), Nicaragua (142) y El Salvador (120). En comparación, Brasil ha presentado 87 mil 399 trabajos.

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“El tema de las publicaciones es complejo, pues hay pocas revistas indexadas —que aparecen en bases de datos de prestigio— en Guatemala, para lo cual se requiere de recurso humano que permita que las revistas puedan mantenerse indexadas y, por otro lado, tener muy buenas redes de expertos que hagan revisión adecuada a los manuscritos científicos que se presenten. Todo ello implica recurso humano y financiero”, afirma Aguilar.

Además, a muchos investigadores no les gusta publicar los resultados de sus estudios en revistas, por desconocer el proceso editorial o porque medios de prestigio cobran por hacerlo. “Se ha estado dando impulso al concepto de Ciencia Abierta, para que países como Guatemala tengan más opciones de poder dar a conocer sus investigaciones”, indica.

“Otra causa es la falta de cultura en el proceso de publicación y la no exigencia de publicar en revistas de corriente principal los hallazgos científicos de quienes se gradúan en los programas de posgrado”, señala Franco.

Chan coincide en que el costo de publicación en una revista científica indexada es bastante alto, el que normalmente desembolsa el investigador, por lo que muchos prefieren no publicar o eligen un número mínimo de publicaciones. Además, el bajo número de investigadores tiene relación directa con el escaso número de publicaciones.

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Soluciones

Es importante mejorar la formación base desde primaria hasta la etapa previa a la educación superior. Las universidades deben invertir en investigación, y el Gobierno debe facilitar el trabajo conjunto entre academia, sector productivo y Gobierno para que se dé el valor real a la ciencia y tecnología como motor para la solución de los problemas de país y para fomentar su crecimiento económico, señala Aguilar.

Se debe invertir en capacitaciones a investigadores, en intercambios —estancias de investigación fuera del país— y en la habilitación de centros de investigación en Guatemala que permitan incorporar científicos.

Para Franco, la educación, desde los primeros años, debe propiciar la construcción de conocimiento, desarrollo de habilidades intelectuales, destrezas y valores, aspectos que deben fortalecerse en el nivel primario y medio, para consolidarse en la formación universitaria. La enseñanza desde la indagación y la reflexión basada en los fenómenos y hechos es importante para motivar la búsqueda del conocimiento y el uso organizado de este para resolver problemas e innovar, agrega.

La formación en ciencias básicas —biología, física, matemáticas y química— a nivel de básicos y diversificado es deficiente; las pruebas realizadas a los estudiantes lo demuestran, por lo que el estudiante no cuenta con la base de conocimientos para desarrollarse adecuadamente a nivel universitario en una carrera científico-tecnológica y tampoco tiene los incentivos para hacerlo, ya que siempre se les ve como carreras “difíciles”, dice Chan.

El problema se origina desde la formación de los profesores, por lo que una de las medidas sería proveer a los docentes de las herramientas y las capacidades necesarias para formar al estudiante, expone Chan.

Acciones fundamentales son definir las prioridades nacionales para la producción de conocimiento y desarrollo tecnológico, conocer la capacidad nacional actual, planificar con horizonte de 25 años el desarrollo de centros de excelencia en sectores y áreas del conocimiento prioritarios y crear instrumentos para promover la vinculación de los centros de investigación con los sectores de la sociedad para mejorar la calidad de vida de los habitantes, dice Franco.

“Necesitamos líderes con poder de decisión y acción, a nivel político, que inviertan a largo plazo en investigación y desarrollo, porque deben pasar muchos años para ver los resultados de esa inversión, tal como ha sucedido en países desarrollados”, expone Esquit. “La industria de Guatemala debe invertir en este rubro para vender servicios de alta tecnología y así atraer a talento humano científico a esas áreas”, añade.

“Si la niñez y la adolescencia gozan de buena salud y alimentación, tienen los recursos económicos para estudiar y el entorno educativo les provee lo necesario, no solo en la parte formativa sino en infraestructura para desarrollarse, podrían mostrarse más interesadas en optar por carreras científico-tecnológicas”, puntualiza Chan.

Pandemia afecta

Al comienzo de la pandemia, para llevar a cabo investigaciones, no se disponía de laboratorios o áreas de trabajo para tal fin, pero en la medida en que las restricciones se liberaron, los procesos se fueron retomando, indica Félix Aguilar, director de Digi.

La virtualidad generó un movimiento particular de intercambio, añade, pues antes de la pandemia la comunicación con investigadores de otros países era muy difícil, y prácticamente solo de forma presencial. Asimismo, se impulsó el acceso a información en repositorios y bases de datos virtuales, con lo cual hay mayor posibilidad de hacer investigación


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