Incautación de cocaína bajó más por efectividad de trasiego aéreo que por pandemia

De enero a noviembre de 2020, Guatemala decomisó el equivalente a la mitad de la cocaína incautada el año pasado. Sin embargo, las cifras indican que este año a las autoridades además se les pasaron de largo de 30 y 42 toneladas, aunque disminuyó la producción de la droga.

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Aeronave localizada en El Chal, el 25 de julio, es resguardada por el ejército de Guatemala. Foto: Hemeroteca PL
Aeronave localizada en El Chal, el 25 de julio, es resguardada por el ejército de Guatemala. Foto: Hemeroteca PL

El 25 de julio, cuando las autoridades colombianas ubicaron el jet Gulfstream III “realizando un vuelo ilícito sobre el mar Caribe”, la tripulación ya llevaba las de perder. El avión despegó de México rumbo a Venezuela, como varios de los vuelos interceptados este año. Luego, desplazarse hacia Centroamérica lo volvió lotería cantada: una nave cargada de cocaína que acabaría en suelo guatemalteco.

Cuando Colombia le notificó a la Fuerza Aérea de Guatemala (FAG), la ventana que los traficantes tenían para aterrizar, sacar la droga y huir se comenzó a cerrar.

El hallazgo del jet en Petén no fue ningún misterio. Para entonces, ese departamento había sido destino de 10 vuelos de aviones cargados con cocaína sudamericana. Este era el tercero solo en julio. Habría uno más en agosto y otro el 2 de noviembre.

Los aterrizajes en Petén son parte de 30 que se registraron en el norte y sur de Guatemala, de aeronaves con droga que tiene como destino final Estados Unidos. Las autoridades lograron incautar la carga, o una parte, solo en seis casos. El del 25 de julio fue uno de ellos.

Un contingente de la PNC llegó a la aldea Santa Ana Vieja, en el municipio El Chal, donde los agentes observaron desde lejos la enorme cola blanca del jet y las turbinas orondas en un terreno cubierto de zacate, a pocos metros de un tupido bosque. El resto del avión, destartalado por el aterrizaje y las llamas, era muestra de un intento fútil de los traficantes de destruir evidencias.

En los alrededores, la PNC encontró un camión, un picop y dos camionetillas calcinadas que les habrían permitido a los traficantes huir con la droga, de haber tenido más tiempo.

En cambio, iban preparados con combustible y herramientas para un plan B: quemar los vehículos y cavar una zanja para enterrar 2 mil 107 kilos de cocaína. Debieron contar con un quinto automotor para escapar, apostando a regresar y recuperar la droga. La llegada de los policías echó el plan por tierra.

Escapar con la droga no era una posibilidad tan remota. Los traficantes lo lograron después de otros 24 vuelos, que llegaron a Retalhuleu, Alta Verapaz, Quiché, Suchitepéquez y Santa Rosa, además de Petén, según datos del Ministerio de la Defensa (Mindef) y la PNC.

La incautación más reciente se reportó el 9 de noviembre, en la aldea El Chico, Champerico, Retalhuleu. Fue la primera del año en ese departamento, después que en seis aterrizajes anteriores, en enero, marzo y junio, las autoridades no lograron incautar la droga. En El Chico, en cambio, la PNC cargó con mil 28 kilos y también encontró un cadáver y dos personas heridas —capturadas—, la otrora tripulación a bordo.

La droga incautada en los sitios donde también hallaron aeronaves que la transportaban suma 8,002 kilos. Es el 84% de la decomisada entre enero y el 9 de noviembre. En contraste, en 2019 la cocaína incautada que se transportó por vía aérea sumó 632 kilos, solo el 3% del total decomisado. El porcentaje es engañoso porque refleja la incautación en nueve aeronaves, pero no revela que no hubo decomisos después de otros 45 aterrizajes, según cifras del Mindef.

En 2019, el 44% de las incautaciones se efectuaron en rutas marítimas.

¿Qué significa todo esto? a) En 2020, los traficantes han priorizado el trasiego aéreo sobre el marítimo; y b) La incautación de cocaína en Guatemala descendió más por la habilidad de los traficantes para evitar decomisos de droga transportada por aire que por la pandemia y la restricción de movilización en el primer semestre del año.

“Lejos de mermar, la presencia del narcotráfico sigue creciendo en comunidades del norte, sur y oriente del país”, señala el exministro de Gobernación Carlos Menocal (2010-2012).

“Hay una debilidad institucional para el combate del narcotráfico, que se refleja en las bajas incautaciones y falta de recursos para las fuerzas de seguridad en su conjunto”, añade. Esa debilidad dificulta el acceso a lugares remotos, donde aterrizan las aeronaves.

El portavoz del Mindef, coronel Rubén Téllez, afirma que la topografía en esas zonas dificulta llegar con rapidez para hacer incautaciones. “Faltan aeronaves militares para la intercepción de otras aeronaves en vuelo y obligarlas a aterrizar donde los órganos jurisdiccionales estén listos para hacer capturas y decomisos, y aeronaves para transportar soldados a los puntos de aterrizaje, a los detenidos y los (objetos) ilícitos consignados”.

En cambio, para el fiscal de Narcoactividad, Gerson Alegría, “hay pasos positivos”, con equipo esencial, pero el desafío está en otra parte. “La lucha contra la corrupción siempre persiste en varias entidades, no solo en la PNC o el Ministerio Público, (aunque) hay aprehensiones”, dice.

Un informe del Departamento de Estado en marzo señala, como desde hace tres años, que “la corrupción endémica” vulnera a las entidades estatales ante los narcotraficantes, y “exacerba los desafíos para la seguridad, gobernanza y economía del país”.

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El efecto globo

El mismo informe indica que la efectividad de las autoridades guatemaltecas para incautar cocaína por vía marítima en 2018 empujó a los traficantes a aprovecharse de un punto vulnerable: las rutas aéreas. Lo comprueba el hecho de que las autoridades decomisaron droga después de solo seis de 30 aterrizajes.

Si incautaron ocho toneladas después de la ubicación en tierra de las seis aeronaves, ¿cuánto más pudieron haber decomisado las autoridades, de haber llegado a los otros 24 sitios de aterrizaje antes de que los traficantes cargaran con la cocaína y se hicieran humo? Un estimado conservador sugiere que 30 mil kilos, porque no todas las aeronaves tienen la misma capacidad. Las incautaciones de droga transportada por estas rutas oscilan entre 735 y 2 mil 107 kilos.

Desde hace años, el Departamento de Estado señala que el 90% de la cocaína que llega a suelo estadounidense pasa por Guatemala. ¿Cuánta es? La cifra más conservadora pero exacta hasta ahora es la incautada en EE. UU. entre enero y septiembre de 2020, según cifras del Servicio de Aduanas y Patrulla Fronteriza (CBP, en inglés): 46 toneladas (46 mil kilos). Quiere decir que al menos 42 toneladas pasaron por territorio guatemalteco —unas cuatro veces más de lo incautado en el país en lo que va del año—.

En 2019, el pronóstico estadounidense del trasiego anual por el país era de mil 400 toneladas.

El trasiego no se detiene ni en un año en que se redujo la cantidad de cocaína que produce Colombia. La reducción obedece a que las medidas sanitarias y de seguridad que generó la pandemia limitaron el acceso al combustible de contrabando que se utiliza para refinar la droga, según un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc, en inglés), que cita la revista Forbes. Sin embargo, esa reducción hace que los traficantes quieran perder la menor droga posible.

Así comienza el pulso del más astuto, o de quien le toca sortear mal clima, un accidente o terreno imposible de recorrer en un espacio no menor de unas cuantas horas. Eso no se salva con los radares primarios que tiene el Mindef, que interceptan la aeronave hasta que entra en el espacio aéreo guatemalteco. Lo sabe Larry Holifield, quien fue director regional de la DEA para México y Centroamérica, y trabajó en la oficina de la agencia en Guatemala entre 1987 y 1992.

“La logística es bastante complicada, aun cuando el país (donde aterrizará la aeronave) reciba una alerta de vuelo sospechoso con ocho horas de anticipación, especialmente si estamos hablando de una zona con una densa zona boscosa o selvática”, dice Holifield. “Se logra saber hasta el último minuto dónde aterrizará”, añade.

El aterrizaje en El Chal, Petén, fue una excepción, una afortunada combinación de factores en los que pesó la alerta de las autoridades colombianas antes de que la aeronave entrara al espacio aéreo guatemalteco. Las cifras de incautaciones en rutas aéreas confirman que este caso fue una rareza, más la excepción que la regla.

La nueva normalidad del narco (sube el consumo de otras drogas)

La reducción en la cocaína que ha producido Colombia en 2020 explica, en parte, una reducción de casi la mitad de la droga decomisada en Estados Unidos este año, en relación con 2019, según datos del Servicio de Aduanas y CBP. La incautación nacional de cocaína bajó de 149 mil a 70 mil kilos para el año fiscal 2020, que transcurre desde octubre de 2019 a septiembre de 2020 (como EE. UU. tabula sus cifras), en relación con el período anterior.

La reducción es similar en Guatemala en proporción, y también la explica no solo la baja en la producción de cocaína colombiana, sino el hecho de que en este país traficantes han logrado evadir decomisos en la mayoría de traslados aéreos de la droga.

Transcurridos casi 11 meses de 2020, las autoridades han incautado 9 mil 497 kilos, el equivalente a la mitad de la cocaína decomisada el año pasado: 18 mil 910.

El impacto del covid-19 se dio en la producción de droga en Colombia, el origen de al menos el 90% de la incautada en EE. UU., según un reporte de la Administración contra las Drogas (DEA, en inglés) de ese país. El fiscal de Narcoactividad, Gerson Alegría, afirma que la pandemia no afectó el trasiego, que utiliza puntos ciegos en las fronteras terrestres, o el transporte aéreo.

Alegría asocia la baja en el trasiego con los primeros tres meses de la propagación del covid. “Se reactivó el movimiento, las incautaciones y los seguimientos, aproximadamente, en junio”, dice el fiscal. “Igual que nosotros volvimos a la nueva normalidad, también lo hizo el crimen organizado”, señala. De hecho, en enero y abril hubo más incautaciones de cocaína que el año pasado en los mismos meses. Después los números bajan y se elevan de nuevo en julio.

El académico mexicano, analista en seguridad y narcotráfico David Martínez-Amador destaca otro aspecto fundamental: “Durante el tiempo de toque de queda y limitación de movilidad, las fuerzas de seguridad fueron utilizadas para reforzar el cumplimiento de las normativas, evitar conflictos, y eso generó la apertura de espacios”, espacios que el narcotráfico aprovechó.

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Nota de redacción: Entre el 5 de septiembre y el 30 de octubre se solicitó en al menos 10 ocasiones una entrevista al Ministerio de Gobernación con un funcionario de esta cartera, pero al cierre de esta nota no había atendido a la solicitud.

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