#GobiernoAExamen: Las deudas pendientes de Giammattei en sus primeros dos años de gestión

Sector privado ve avances significativos, aunque tanques de pensamiento, iglesia y otros sectores creen que debe no se han atendido los problemas de fondo.

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Alejandro Giammattei rindió su informe de gestión 2021 en el Congreso el pasado 14 de enero. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Alejandro Giammattei rindió su informe de gestión 2021 en el Congreso el pasado 14 de enero. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

El Presidente de la República, Alejandro Giammattei, recibió una calificación de 56 puntos de promedio en la evaluación de sus primeros dos años de Gobierno, una nota que encierra el sentir de una parte de la sociedad guatemalteca que ve con frustración como las condiciones sociales y económicas del país no mejoran y en algunos casos, incluso empeoraron con la llegada de la pandemia.

El Centro de Investigación para el Desarrollo Regional (Cindere) y el Instituto de Análisis e Investigación de los Problemas Nacionales (Ipnusac) hicieron una evaluación de la gestión del mandatario en cuatro aspectos: cuentadancia (rendición de cuentas), gerencia, gestión de la pandemia y calidad del gasto.

En el segundo y en el cuarto aspecto es donde obtuvo una mejor nota, arriba de 60 puntos, pero su promedio se ve afectado por las calificaciones que obtuvo en cuentadancia y en la forma como ha liderado la lucha contra el coronavirus en Guatemala.

Análisis

En cuanto a rendición de cuentas, Cindere explica que “la credibilidad de la presidencia cada vez se ha reducido con el paso de los meses” por el manejo de la pandemia, en cuya lucha se han volcado casi todos los esfuerzos, pero también porque se le ha dejado de poner importancia a la lucha contra la desnutrición crónica.

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También le ha afectado que no rinde cuentas sobre promesas incumplidas, por ejemplo, el cierre de la Secretaría de Asuntos Administrativos y de Seguridad (Saas) y la reformulación del papel que debe jugar Guatemala en el Parlamento Centroamericano (Parlacén), incluso, habló de retirar al país de ese organismo.

Por su parte, el Ipnusac refirió que, aunque las instituciones rinden informes en sus portales de transparencia, necesita mejorarse la explicación que se da a la población sobre el destino de los recursos y su impacto en resultados.

En el aspecto de gerencia, Ipnusac cree que el Gabinete de Gobierno parece no seguir la implementación de la estrategia de los objetivos de desarrollo sostenible y no hay coherencia entre el discurso de Giammattei con su plan de gobierno.

A eso se le suma, agrega Cindere, las constante rotaciones que ha habido en la Secretaría de Comunicación Social que han dificultado la comunicación con la ciudadanía.

En cuanto a la calidad del gasto —que el Gobierno ha calificado de histórica puesto que casi ejecuta el 100 por ciento del presupuesto—, Ipnusac señala que hay “gastos en diversos ministerios sin resultados claros ni bien coordinados a nivel presidencial”.

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Pero es en la gestión de la pandemia donde el gobernante recibe más críticas. Una de ellas es la inestabilidad que ha habido en la dirección del Ministerio de Salud y sus viceministerios, así como por la opacidad y mal manejo del proceso de compra de vacunas, lo que causó que la mayoría de la población esté siendo inmunizada con biológicos donados.

Ambas instituciones subrayan que, a pesar de los millonarios préstamos que ha autorizado el Congreso, no se cumplió el ofrecimiento de construir nuevos hospitales lo que ha saturado al Roosevelt y San Juan de Dios con el consecuente descuido en la atención de otros padecimientos.

“Al principio de la pandemia el mandatario tenía un rol activo en la comunicación y algunas acciones se traducían en buenas prácticas. Sin embargo, cuando comienzan a incrementarse los casos sin un plan de contingencia claro y eficiente, se le salió de las manos”, acotó Cindere.

 

Sectores opinan

El presidente de la Cámara de Industria de Guatemala (CIG), Luis Alfonso Bosch, dijo que “en términos generales, la ejecución del plan de gobierno ha sido aceptable”, sobre todo si se toma en cuenta que se vio afectado por la coyuntura de la pandemia.

Bosch expuso que en términos macroeconómicos el Gobierno ha hecho un “buen trabajo”, y citó las cifras de US$3 mil millones de inversión extranjera directa y la recaudación tributaria que el año pasado superó los Q77 mil millones.

En cuanto al manejo de la pandemia, subrayó que ha sido “de aceptable a bueno”, no obstante, por la dedicación que se le ha puesto al coronavirus reconoció que no se han podido atender los problemas históricos y “hay mucho que hacer en temas de educación y salud”.

Bosch espera que en los próximos dos años el Gobierno se enfoque en el desarrollo de los proyectos de infraestructura de la iniciativa Guatemala no se detiene, así como en unir al país, que cada vez parece más polarizado.

“El trabajo que ha hecho con los ministros no debe parar, la presión hacia la ejecución presupuestaria con eficiencia y transparencia debe seguir para que veamos mejores resultados”, precisó Bosch.

Iglesias: muchas deudas pendientes

Otros sectores tienen opiniones muy diferentes sobre el accionar presidencial.

El cardenal Álvaro Ramazzini, obispo de la Diócesis de Huehuetenango, señaló que el presidente no se ha enfocado en resolver los grandes problemas que tiene el país, como la desnutrición infantil, la conflictividad social y la problemática agraria.

Algunos de estos problemas los mencionó en su discurso de toma de posesión, y “ha habido mucha bulla, pero sin resultados”, dijo.

Ramazzini reconoce que la gestión presidencial se vio marcada con la llegada de coronavirus; sin embargo, señala que en varios temas pudo haberse hecho mucho más.

Conforme avanzó la pandemia en Guatemala, la población fue perdiendo la confianza en Giammattei, debido a la mala gestión que se ha hecho de la emergencia, donde no se construyen los hospitales que se ofrecieron y se produjo una muy cuestionada compra de vacunas.

Otros desatinos mencionados por Ramazzini, incluyen la creación del Centro de Gobierno “que nunca entendimos para qué” sirvió, y la convocatoria a un diálogo nacional que se interrumpió con la llegada de la pandemia, pero ya no se retomó.

“Pusimos mucha esperanza en el Gobierno de Giammattei, yo me he sentido frustrado”, afirmó el obispo, aunque no pierde la esperanza de que en los próximos dos años el mandatario enderece el rumbo, aunque esto dependerá en buena medida de que recobre la confianza de la población, lo que debe ser su primer objetivo.

Por su parte, el pastor Cesar Ayala, miembro de la Alianza Evangélica de Guatemala, afirmó que “quizás, lo que le ha faltado al presidente es trabajar como equipo junto al vicepresidente Guillermo Castillo y al Gabinete” ya que la falta de armonía “deteriora el funcionamiento de la administración”.

Ayala dijo que Giammattei debe concentrar sus esfuerzos en atender la crisis de salud que enfrenta el país y que se ha agravado por el covid-19.

Asimismo, indicó que “se debe velar por los recursos del Estado” para distribuirlos de forma “ecuánime, honesta y responsable”, para que resuelvan las necesidades de la población.

 

Mirada sindical

Rigoberto Dueñas, dirigente sindical, reprobó la gestión de los primeros dos años de gobierno de Giammattei los cuales calificó de “desastrosos” debido a la “poca capacidad de enfrentar los problemas estructurales del país”, como la concentración de la riqueza en pocas manos, el acceso a la tierra y al trabajo.

Dueñas criticó que el Gobierno trata de atraer inversiones al país con el incentivo perverso de los bajos salarios cuando debería centrar sus esfuerzos en bajar las tasas de interés de los préstamos bancarios, mejorar la infraestructura y, como líder de la nación, contribuir a la estabilización del sistema de justicia.

Señaló que la población rural es la que más se ha visto afectada puesto que son pueblos que están “totalmente abandonados, en la miseria, pobreza, sin educación y sin oportunidades de salir adelante”.

Si quiere “corregir el rumbo” en los dos años que le quedan, agrega el dirigente sindical, Giammattei debería “desvincularse del sector empresarial”, que a su vez debe entender que debe “soltar al Gobierno” para que se beneficien todos los sectores.


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