Rosa Helena Chinchilla, la guatemalteca conocida por sus investigaciones sobre lingüística, y vida medieval y colonial
Investigaciones de la reconocida lingüista guatemalteca Rosa Helena Chinchilla han sido relevantes para comprender la vida colonial en el país.
La doctora en Literatura Española e Hispanoamericana Rosa Helena Chinchilla Mazariegos se especializa en investigaciones lingüísticas y de la vida cotidiana de la época colonial. En la foto aparece en la Universidad de los Andes, en Santiago, Chile. (Foto Prensa Libre, cortesía de Rosa Helena Chinchilla).
Desde los 7 años, Rosa Helena Chinchilla, hija del connotado historiador, poeta y docente universitario Ernesto Chinchilla Aguilar, vive en Estados Unidos, donde obtuvo un doctorado en literatura española e hispanoamericana y ha destacado por sus investigaciones sobre lingüística y vida medieval y colonial.
Es, además, profesora del Departamento de Literatura, Cultura y Lenguas en la Universidad de Connecticut, desde donde conversó con Prensa Libre sobre su vida en Guatemala, la influencia de su padre y los resultados más relevantes de sus estudios.
Entrevista con Rosa Elena Chinchilla
¿Cómo transcurrió su niñez y cuáles fueron sus recuerdos más preciados?
Cuando era muy pequeña, vivíamos en el centro —de la capital— y mis hermanas caminaban al colegio. Después, nos mudamos a —la colonia— Castañas —zona 11—, donde mis padres fueron comprando un lote, y después contrataron a un albañil de Amatitlán para construir una casa grande, con un patio lleno de árboles: un matasano, un pito, un enorme nopal, guayabales y pitayos en las paredes. Había un güisquilar y una pilita dentro del bosque. El patio era un lugar precioso para esconderse y jugar. Íbamos a Amatitlán en las vacaciones en tren, y recuerdo que todavía había carretas jaladas con caballo.
¿Cómo y cuándo decidió dedicarse al estudio de la literatura y lingüística y cuál fue su inspiración principal?
Desde niña empecé a escribir poemas simples, y mi padre, Ernesto Chinchilla Aguilar, nos declamaba poemas de Garcilaso —de la Vega— y Jorge Manrique. Toda la familia leía como pasatiempo. Mi mamá —Estela— también era gran lectora, y le encantaba contar cuentos de hadas. Después, ya mayor, me pareció que convertirme en profesora de Literatura sería una profesión ideal. Primero, estudié literatura inglesa y después, en la maestría y el doctorado, literatura española e hispanoamericana.
¿Cómo era el temperamento de su padre y cómo podría describirlo como profesional, al haber sido uno de los historiadores con más amplia producción escrita en Guatemala?
Mi padre era un hombre inteligente que leía con voracidad. Conoció y entabló amistad con Adrián Recinos, Virgilio Rodríguez Beteta, Pedro Pérez Valenzuela y poetas, escritores y artistas guatemaltecos. Sus directores de tesis, Silvio Zavala, José Miranda y Javier Malagón, se percataron de su talento, y el último lo invitó a Stony Brook University, en Nueva York, para trabajar como profesor, lo cual le permitió centrarse en su quehacer histórico.
Investigó a fondo en el Archivo de Centroamérica y en el Archivo de México. Un humanista que leía poesía, biografías de artistas, arqueología maya y artes folclóricas. Le fue más fácil escribir de la modernidad desde el exilio. Sus intereses humanísticos eran realmente enciclopédicos y, a la vez, era un hombre amable.
¿Cuál ha sido el descubrimiento más sorprendente que ha hecho, como resultado de sus investigaciones sobre literatura española temprana moderna?
En mi libro sobre el mecenazgo en la primera mitad del siglo XVI pude comprobar que la mujer mecenas ha tenido un papel singular en cuanto a haber fomentado la poesía, obras devocionales en castellano y pinturas. Algunas de ellas, como Juana de Aragón, dio dinero al primer traductor de la Divina comedia; Mencía de Mendoza fue mecenas de Luis Vives, y plantó un jardín de plantas medicinales de América en Valencia; y sor Francisca de Borja fundó las Descalzas Reales, caminando con siete monjas de Gandía a Haro y de Haro a Valladolid. La poesía de Garcilaso de la Vega, en la época neapolitana (1531 a 1535) tiene fuerte influencia de Catulo —poeta latino—.
¿A qué autor/a guatemalteco/a del período colonial podría destacar y por qué?
Principalmente, he estudiado el arte gramático de lenguas de Occidente de Francisco Ximénez y la Rusticatio mexicana, de Rafael Landívar. La razón por la que empecé la investigación de Ximénez fue un curso de traducción donde argumenté que, para hacer la traducción en la Historia del Reino de Guatemala del Popol Vuh, era imprescindible saber el k'iché a fondo. Ximénez dejó un manuscrito de una traducción literal que hace posible las traducciones modernas.
El segundo sería Landívar, quien escribió el poema más complejo, lleno de nostalgia y detalles del mundo mesoamericano, con bellas descripciones de la naturaleza del Nuevo Mundo.
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¿Cuáles son las principales diferencias entre el español temprano moderno con el que se habla en la actualidad?
El español moderno temprano no es muy distinto del español que se habla en Guatemala. El uso de vos, que se puede leer en el Quijote, Santa Teresa o el Libro de buen amor, igual que muchos vocablos como vergel, platicar, mesmo o traste son muy comunes en la literatura de la temprana modernidad. Lo mismo he notado con mis estudiantes que provienen de México, Perú o Ecuador, quienes entienden obras del Renacimiento con facilidad. El dialecto extremeño todavía usa muchos de estos vocablos más vulgares, como la palabra cochito para cochinillo, arveja o durazno.

Rosa Helena Chinchilla, fotografiada en la entrega de su libro sobre el terremoto de 1717, en la Academia de Geografía e Historia de Guatemala, en el 2019, junto con su tío, el doctor Paul Chinchilla Santos, y el esposo de ella, Richard Mueller —derecha—. En el fondo se observa el retrato de su padre, Ernesto Chinchilla Aguilar. (Foto Prensa Libre: cortesía de Rosa Helena Chinchilla)
Al haber investigado con profundidad la obra del jesuita español Manuel Mariano de Iturriaga, ¿qué faceta de su vida y obra le llamó más la atención y por qué?
Manuel Mariano de Iturriaga nació en Puebla, en el Reino de la Nueva España, y su obra poética tiene dos facetas. Primero, escribió poesía mística cuando era jesuita en Puebla y, luego, en Guatemala, donde vino para enseñar retórica en el colegio Borja, que era el equivalente de un colegio mayor, o lo que llamaríamos ahora una universidad. Todos o casi todos los documentos se escribían en latín, y los profesores de retórica latina eran muy apreciados. Además, los jesuitas en Guatemala fueron autores de sermones, poesía y música para celebrar eventos destacables como la muerte del rey. El dolor rey (1759) es un libro que ejemplifica el uso de la poesía y sermones para honrar al rey Fernando VII. Iturriaga fue expulsado y se volvió teólogo en Roma.
¿Qué consecuencias desencadenó la expulsión jesuítica en Guatemala y cuáles fueron los legados que dejó esta congregación?
Al ser los encargados de poner en escena los eventos públicos conmemorativos de reyes u obispos, a lo largo del siglo XVIII, su docencia y talento motivó a los ciudadanos a crear una sociedad artística y científica muy innovadora. Como ejemplo, se puede visitar el Colegio en Antigua. Por lo tanto, cuando Carlos III se quiso vengar de jesuitas que lo humillaron en España, no tomó en cuenta el rol en la lingüística, la enseñanza de latín o la filosofía que tenía ese grupo en el Nuevo Mundo, y su expulsión tuvo un efecto devastador. Nunca más se volvió a escribir una tesis en latín, y la Universidad de San Carlos pudo suplir solo casi 40 años después.
¿Qué mujeres de la sociedad colonial guatemalteca fueron relevantes y por qué?
La mujer más destacable es Luisa de Xicoténcatl. A ella la casaron con Pedro de Alvarado ante la comunidad en 1520, con quien tuvo cuatro hijos. Vivió en Almolonga o Ciudad Vieja hasta 1596, según las ayudas de costa del Ayuntamiento de Guatemala, donde la describen como "india vieja que participó en la Conquista". Ella se escondió cuando Alvarado regresó a España, donde se casó, primero, con Francisca de la Cueva y, después, con su hermana Beatriz, por una dote inmensa de su padre, un grande en la corte. Luisa dejó de participar en la vida social, pero vivió honrada por los tlaxcaltecas, sobreviviente de varios partos, con un séquito pequeño de mujeres de Tlaxcala.
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¿Cuál era el papel de la mujer en la sociedad de Santiago y cómo lidiaban ante la inequidad de género?
La mujer indígena tuvo que sobrevivir a enfermedades europeas, separación de sus seres queridos y sus pueblos, cuando sirvieron en casas de criollas como cocineras, amas de leche —nodrizas— y maestras, ya que las mujeres castellanas de rango nobiliario no hacían estos quehaceres. Los reyes medievales reconocen que la mujer es la clave de la reconquista exitosa y, por eso, promovieron que vinieran de España desde 1528.
Ellas trajeron mujeres afrodescendientes esclavas para trabajo doméstico. Hacia el fin del siglo XVI, viudas jóvenes recibieron dinero del Gobierno para su sustento, y algunas fueron ganaderas, las más prósperas, dueñas de tiendas y encomenderas. Criollas ingresaban en conventos, y mestizas, en beaterios.
¿Qué aspecto de la sociedad colonial en Guatemala resulta incomprensible para la actual?
La sociedad de hoy es mucho más secularizada, y no creo que tendrían tanto poder algunas instituciones eclesiásticas como la Inquisición. Viajar o volver a España era más incómodo, largo y costoso. Las mujeres vinieron en olas, siempre acompañadas por parientes y padres. Había muy poca oportunidad para el cambio. Se produjeron más terremotos fuertes cerca de Santiago en los siglos XVII y XVIII, y por eso se le dio mayor atención a la reconstrucción. Muchos objetos coloniales se perdieron.
¿Qué dificultades o retos afrontaron los indígenas en la Colonia para comunicarse en sus idiomas?
La comunicación entre indígenas y españoles fue muy poca. Inicialmente, sacerdotes asignados a parroquias indígenas tuvieron que aprender todas las lenguas para recibir la confesión. Estos frailes dominicos, jesuitas o franciscanos escribieron métodos —lingüísticos— para el siguiente que ocupara su puesto, pero esta información no se imprimió hasta el siglo XVIII. La cátedra de kaqchikel se dejó de dar en la universidad hacia 1759. El arzobispo —Francisco de Paula— García y Peláez intentó conocer mediante encuestas qué sabían los niños: los descendientes de los tlaxcaltecas, nahuas o mexicas, kaqchikel y castellano. Los niños kaqchikeles no querían escolaridad, para evitar contagiarse de sarampión y otras enfermedades mortales.
¿Cuáles son las investigaciones actuales en las que está trabajando y las futuras?
Ahora trabajo en una serie de documentos de 1590-1610 que son encuestas o listas de pobladores, sus oficios y su dependencia con el Ayuntamiento. Espero, de esa manera, poder saber más de la vida cotidiana en Santiago de Guatemala. Me interesa hacer un estudio de las fiestas que celebraron los jesuitas en el siglo XVIII, antes de la expulsión. Además, quiero publicar varios artículos acerca de Cervantes, Sevilla y la mujer en el siglo XVI, que he presentado en varias conferencias.
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Perfil Rosa Helena Chinchilla
- Rosa Helena Chinchilla Mazariegos obtuvo su licenciatura en Literatura Inglesa en 1983, y maestría (1987) y doctorado (1989) en Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad Estatal de Nueva York, en Stony Brook.
- Desde el 2019 es profesora del Departamento de Literatura, Cultura y Lenguas de la Universidad de Connecticut.
- Ha publicado ocho libros sobre literatura y vida colonial, así como gran cantidad de artículos científicos, capítulos de libros y traducciones.
- Ha dictado innumerables conferencias internacional y ha recibido diversos reconocimientos por su trayectoria.
- Además de inglés y español, habla con fluidez francés, portugués e italiano, y sabe latín.



