Escenario
Cómo una guatemalteca convirtió la danza aérea en un festival internacional en Antigua
Nació en San Marcos y su talento en el movimiento la ha llevado a transformar vidas a través de la danza aérea y organizar un festival internacional.
Alejandra María de Jericó Fiallos Sigüenza obtuvo una licenciatura en danza contemporánea y coreografía, en la Escuela Superior de Arte de la Universidad de San Carlos de Guatemala. (Foto Prensa Libre: Escuela de Danza Q'anil)
La última semana de mayo, entre el 28 y 31, Antigua Guatemala será la sede del Quinto Festival de Danza Aérea, en el que participarán Colombia, México, Panamá y Centroamérica.
Este evento de talla internacional es dirigido por la guatemalteca Alejandra María de Jericó Fiallos Sigüenza, fundadora y directora de la Escuela de Danza Q’anil, en la ciudad colonial, que desde hace siete años forma talentos en esta disciplina.
Desde su niñez, la vida de Fiallos ha estado dedicada al arte del movimiento. Nació en San Marcos, el 9 de julio de 1984, y a sus 41 años tiene metas claras de cómo quiere seguir llevando sus enseñanzas a nuevas generaciones.
¿Cómo llegó a su vida la danza aérea?
Desde muy pequeña empecé en el mundo de la gimnasia olímpica artística. Así nacieron mis deseos de moverme y de estar vinculada con el deporte, el arte y el movimiento.
En San Marcos, realmente no tenía muchas herramientas para desarrollarme en esas áreas, así que decidí trasladarme a vivir a la Ciudad de Guatemala. Teatro y danza los estudié en la Escuela Superior de Arte, en el Paraninfo Universitario.
En las mañanas estaba en la Escuela Superior de Arte y en las tardes, en la Escuela de Historia, porque también llevé cursos de Antropología. Fue un esfuerzo para el que trabajé, a fin de costear los materiales de estudio.
Después regresé a San Marcos y trabajé con la Casa de la Cultura de San Pedro y de San Marcos. Fundé una academia de danza y estuve varios años trabajando en ella. Luego, mi hija mayor quiso profesionalizarse también como bailarina. Ella quería estudiar en la Escuela Nacional de Danza, en la zona 1 capitalina, así que me trasladé nuevamente para apoyarla. Como que las historias se repiten.

Mientras estaba en la capital, me contactaron desde Antigua Guatemala para preguntarme si podía dar clases, y así fue como empecé a trabajar en este lugar.
En esos años conocí a Juan Francisco Toralla Calderón, alias Panchorizo. Gracias a él y a otros amigos descubrí el circo contemporáneo. Lo conocí alrededor del 2013 o 2014. Nos juntábamos a entrenar con amigas en distintos espacios culturales del Centro Histórico y ahí coincidimos. Él acababa de regresar de Europa y nos contó que había estudiado en una escuela de circo en el extranjero.
Empezamos a hacer algunas obras juntos hace años. Después, nuestros caminos se dividieron porque él se enfocó más en la comedia y yo, en la acrobacia aérea.
Después me enamoré de la danza aérea y empecé a prepararme por mi cuenta. Fui a tomar talleres en Colombia, Panamá y Brasil. En Guatemala todavía era algo muy nuevo, así que no teníamos muchas herramientas.
"Muchas mujeres se acercan porque tienen problemas de autoestima o miedos, y en la danza aérea encuentran una forma de sentirse fuertes, independientes y más seguras de sí mismas”
¿Cómo nace el festival internacional?
Este festival es muy importante. Vamos a recibir a alrededor de 35 artistas de Centroamérica. También vienen artistas de España, México y Estados Unidos, pero la mayoría son centroamericanos. En este festival se ha creado un intercambio cultural.
Nos ha abierto puertas. Además, se ha ido haciendo más grande. Empezó como algo pequeño, una competencia interna con mis alumnas, pero ahora, en esta quinta edición, ya es un festival más grande.
El festival está tomando otro rumbo y se está convirtiendo en un espacio de intercambio artístico internacional. Me encanta que la gente quiera venir a conocer Guatemala y también que vean que aquí hay artistas con muy buen nivel de entrenamiento y propuestas artísticas sólidas. Estamos haciendo historia, porque actualmente es uno de los festivales más grandes de Centroamérica en esta disciplina. Tal vez existen otros, pero no todos reciben tantos artistas ni tienen tantos días de actividades.
Sus alumnos tienen edades desde 5 hasta 45 años. ¿Cómo es el proceso de aprendizaje y qué pasa con el miedo a la danza aérea?
Es un trabajo de confianza en sí mismos. La mayoría de participantes son mujeres. Las alumnas van ganando confianza y conexión con el aparato aéreo que eligen. Además, a veces les doy clases de yoga aéreo, que es más tranquilo, para que poco a poco pierdan el miedo y se sientan más seguras con su cuerpo y con las alturas. También trabajamos con todas las medidas de seguridad necesarias. Usamos colchonetas y equipo adecuado para evitar accidentes. Eso también les da mucha confianza porque ven que el espacio está preparado para entrenar de manera segura.
¿Cuál es la importancia de la música en las presentaciones?
Hemos montado espectáculos con música clásica, música de los años 80, rock y música experimental. En realidad soy muy abierta con la música. Por ejemplo, ahora que estamos preparando las rutinas de mis alumnas para la competencia, yo les doy algunas propuestas, pero también dejo que ellas elijan música con la que se sientan cómodas. Siempre buscamos que haya una conexión artística entre la música y la rutina, pero me gusta darles libertad para que encuentren algo que las represente.

¿Ha visto cambios en quienes practican estas disciplinas?
Muchas mujeres que se acercan a mis clases llegan porque tienen problemas de autoestima, problemas emocionales o inseguridades con su cuerpo. Entonces, encuentran aquí una forma de empoderarse, de sentirse fuertes e independientes.
He visto cambios importantes.
A veces termina siendo una especie de terapia. Las alumnas se vuelven más seguras, más fuertes y más confiadas en sí mismas. También pierden el miedo a presentarse frente a un público, porque hacemos presentaciones artísticas y eso les ayuda a soltarse.

