
Un círculo de talento crece en el occidente del país para músicos sinfónicos que llevan su propuesta a espacios que, hasta ahora, no habían tenido presencia de esa disciplina en Guatemala.
En Totonicapán está la primera sede de la Orquesta Sinfónica Regional de Occidente (Osro). Apenas en octubre del 2025 empezaron sus presentaciones, con más de 40 músicos dirigidos por el maestro Marvin Ardany López Alvarado.
“Este es un sueño que estuvo por años. Guatemala tiene la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), que cumplirá 82 años, y era necesario que el país tuviera una orquesta más, que sea en occidente. Posiblemente se empezará a formar en los próximos meses también la de oriente”, dice López Alvarado.
A la fecha han tenido cerca de 25 presentaciones, con propuestas de música académica, así como popular o de época, con arreglos de música navideña y marchas de Semana Santa.
¿Quiénes integran la sinfónica?
El músico y director trabajó casi 40 años en la Sinfónica Nacional, a la cual renunció para dedicarse de lleno a este nuevo proyecto. “Es una oportunidad de estar con una generación nueva de músicos, y sería difícil que cada uno de los miembros tuviera la oportunidad de estar en un proyecto como este, no porque no tengan la capacidad, sino porque la Sinfónica está completa y los espacios son pocos”, explica. Se espera que de 44 músicos pasen a casi 55 mediante concursos de oposición. Para la primera selección se presentaron cerca de 300 hombres y mujeres que querían formar parte de este grupo.
Por el momento, cerca de 15 son de Quetzaltenango y el resto migró de la capital; también hay algunos extranjeros en el grupo. Aproximadamente, 11 mujeres son parte de este y se espera encontrar más talentos femeninos en los espacios que faltan para completar la orquesta.
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Cristian Jonathan Castro Tobar forma parte de este grupo y el segundo al mando en la Sinfónica. “Me enteré de esta oportunidad por redes sociales, en la página del Ministerio de Cultura. Justamente ese año había renunciado a mi trabajo en un call center y había retomado el violín, que es un instrumento que siempre he amado”, relata. “Siempre me habían ganado los nervios en las audiciones y aquí logré mostrar el talento”, explica emocionado. Castro Tobar se mudó de localidad para este trabajo junto con su esposa y su hijo de 5 años.
Él vivió un tiempo en México, donde impartía lecciones de violín, pero debido a la pandemia regresó al país. “Lo difícil de estar tanto tiempo fuera es que, cuando uno vuelve, ya no tiene los contactos que tenía antes. Entonces vi complicado seguir en la música, porque no tenía dónde trabajar”, recuerda el violinista. Se siente feliz de pertenecer a este grupo; es la cuarta generación de músicos en su familia. Su papá fue concertino de la Orquesta Nacional; ahora toca en el registro de violines primeros, un poco más atrás, pero sigue activo.
“Él nos inculcó el gusto por el violín. Al principio no había mucho entusiasmo, pero con los años uno aprende a amar el instrumento”, expresa. Al igual que él, algunos de sus compañeros han tenido que migrar a la provincia para ser parte de la orquesta. Entre el grupo hay músicos desde los 19 años en adelante. “Empecé a audicionar para orquestas desde los 19 años. Mucha gente intenta una o dos veces y se rinde. Yo pasé 19 años fallando audiciones. Entré aquí a los 38 años”, explica, y considera que por ello esta oportunidad tiene un gran significado. Uno de sus deseos es que esta orquesta sea fija para seguir creciendo en su experiencia musical.

Un concierto en el que cada pieza musical, llenan el recinto de solemnidad, evocando el fervor que acompaña las tradiciones cuaresmales en Guatemala.
(Foto Prensa Libre: Moisés Xec)

Marvin Ardany López Alvarado es el director de la orquesta. Él fue parte de la Orquesta Sinfónica Nacional de Guatemala desde 1986 y se graduó del Conservatorio Nacional de Música Germán Alcántara..
(Foto Prensa Libre: Moisés Xec)
Castro Tobar agrega que, para él, la música es una forma de expresar emociones, de sacar sentimientos que uno lleva dentro. También es algo que disfruta mucho. Pero, además, es una forma de unión. “En una orquesta hay personas muy distintas, con pensamientos diferentes, pero el hecho de tener la música en común nos permite trabajar en equipo. Si no trabajamos en equipo, simplemente no suena nada.
En percusión está Ismari Paola Solano Villatoro, de 37 años. Es originaria de Quetzaltenango. “Empecé tocando batería en la iglesia. Después, en el 2009, decidí entrar al Conservatorio Jesús Castillo, de Quetzaltenango”, dice. Allí comenzó estudiando violín, aunque en realidad quería estudiar batería, pero en ese momento no estaba ese instrumento disponible.
Ese mismo año, un profesor le presentó la percusión sinfónica y fue entonces cuando descubrió esa rama, comparte. Al preguntarle cómo se siente en la orquesta, cuenta una anécdota que explica el sentir de la mayoría de los integrantes de este proyecto: “Es una oportunidad que muchos de los que estamos aquí soñamos durante años. Varios nos conocemos desde hace tiempo y siempre decíamos: ‘Algún día vamos a estar en una orquesta’. En ese momento pensábamos solo en la Orquesta Nacional. Yo viví un tiempo en la capital y aspiraba a entrar ahí algún día, pero no se dio”, destaca la música. Regresó a su tierra natal, y haber tenido la oportunidad de audicionar y luego saber que podía entrar es algo increíble, dice emocionada.
Solano también tiene un sueño: “Quiero seguir creciendo como músico y, si es posible, quedarme aquí toda la vida. Era algo que quería desde hace mucho tiempo. Además, este trabajo es especial porque no tiene rutina. Siempre hay algo nuevo que aprender o experimentar”, agrega.
Explica que entre sus compañeros conversan sobre que estaban considerando dejar la música porque tenían otros trabajos. Comparte que, cuando se anunció la audición, presentarse fue un acto de valentía y una forma de creer que aún era posible.
Juan Carlos Yandún Ávila comparte que empezó en la música desde los 10 años. Actualmente tiene 59.
“Cuando era pequeño comencé a estudiar violín. Después estudié en un conservatorio, luego en otro conservatorio, con un maestro, con otro maestro, y así fui continuando mi formación”.
Es originario de Ecuador, pero desde los 20 años vive en Guatemala. Estudió música en el Conservatorio Germán Alcántara. Actualmente interpreta la viola.

La Orquesta Sinfónica Regional de Occidente ha estado activa en Quetzaltenango ofreciendo conciertos y eventos que han sido bien recibidos por la comunidad.
(Foto Prensa Libre: Moisé Xec)
La meta es llegar a toda la región
Como director, Marvin Ardany López Alvarado explica que han llegado a lugares que nunca habían tenido oportunidad de una experiencia sinfónica, como Concepción Chiquirichapa y San Juan Ostuncalco. “Poco a poco vamos a visitar más lugares de esta región”, explica.
Comenzaron los ensayos entre octubre y noviembre del año pasado, aunque el frío de los últimos meses fue un reto, dice López Alvarado.
“Los primeros días de enero estuve a punto de suspender los ensayos porque los dedos no corrían, por el frío; a las 9 horas había escarcha, pero estamos felices de hacer lo que nos gusta y las condiciones poco a poco van a ir mejorando”, dice. En enero, el occidente registró temperaturas incluso de -5 °C.
Por el clima, los ensayos comienzan a las 10 horas, en busca de un ambiente más agradable. Se ensaya hasta las 13 horas y, por la tarde, la sede está disponible para que los maestros tengan sus prácticas individuales. “Algunos músicos tienen problemas con los vecinos por el sonido de los instrumentos, entonces este es un espacio para practicar”, dice el director.
La Osro fue creada mediante el acuerdo ministerial 508-2025, como parte de una iniciativa del gobierno actual. El objetivo es descentralizar el acceso a la música sinfónica y fortalecer la vida artística en la provincia. Desde su debut oficial, el 22 de octubre del 2025, en el Teatro Municipal de Totonicapán, la Osro ha ofrecido más de 25 conciertos gratuitos en distintos municipios del occidente, incluidos Quetzaltenango, Totonicapán y Sololá, y ha llevado la música sinfónica a espacios comunitarios, templos y centros históricos donde anteriormente no se había desarrollado este tipo de recitales. Esta nueva institución artística pertenece a la Dirección General de las Artes. En la actualidad, tiene una agenda activa cada mes.
La sede en la que ensayan se encuentra en el Centro Recreativo Los Cerezos, ubicado en el cantón Tierra Blanca, Totonicapán. Este lugar también se ha convertido en un sitio dedicado a presentaciones por tener parqueo disponible, así como otros espacios para los asistentes, incluso un jardín.
En este lugar se escuchan piezas de Giuseppe Verdi, Wolfgang Amadeus Mozart y de otros grandes compositores. Además de música popular y en la temporada de Cuaresma y Semana Santa, se hacen arreglos para marchas fúnebres.

En Totonicapán se encuentra el lugar de ensayos de la Osro.
(Foto Prensa Libre: Moisés Xec)

En el lugar se presentan conciertos y actividades culturales. En la imagen uno de los ensayos de la orquesta.
(Foto Prensa Libre: Moisés Xec)
El origen de la OSRO
Fernando Archila, director de Fomento de las Artes, dependencia de la Dirección General de las Artes y del Viceministerio de Cultura, explica que dentro de esta dirección existen varias unidades, entre ellas, el Departamento de Apoyo a la Creación para Artistas Independientes y el Departamento de Investigación Artística. Bajo el primero se encuentra el Departamento de Instituciones Artísticas, donde se agrupan diferentes conjuntos dedicados a distintas disciplinas del arte.
Actualmente, se cuenta con dos orquestas —la Orquesta Sinfónica Nacional y la Orquesta Sinfónica Regional de Occidente—, así como dos ballets, cuatro marimbas, dos coros, entre otras agrupaciones. “Una de las premisas fundamentales del Viceministerio de Cultura es promover la descentralización y desconcentración de las artes”, dice Archila.
Como parte de ese proceso, en el 2025 se emitieron dos acuerdos ministeriales para dar vida a nuevas agrupaciones: la Orquesta Sinfónica Regional de Occidente y, próximamente, la Orquesta Sinfónica Regional de Oriente. La primera está respaldada por el acuerdo ministerial 508-2025. Esta orquesta comenzó a implementarse el 1 de octubre del año pasado, con sede en Totonicapán, agrega.
El siguiente paso es el tema presupuestario, pero el acuerdo también permite justificar la inversión y gestionar recursos para el presente y el futuro. Más adelante podrían desarrollarse otras estructuras legales, como reglamentos de funcionamiento, nuevas plazas o renglones laborales, o incluso procesos legislativos si se quisiera crear una estructura autónoma, como ocurre con la Orquesta Sinfónica Nacional.
Por ahora, el objetivo principal es crear y consolidar las nuevas orquestas, dice Archila. El director de Fomento de las Artes también destaca que la Orquesta Sinfónica Nacional está cumpliendo 82 años de existencia, lo que significa que pasaron 81 años para que se creara una segunda orquesta sinfónica estatal. Afortunadamente, esta nueva orquesta se estableció en Totonicapán, lo que rompe el patrón de centralización.
Esto ha generado oportunidades laborales para muchos músicos que antes no veían posible dedicarse profesionalmente a la música. Hasta ahora, en la provincia existían únicamente orquestas juveniles o de formación, donde los músicos participan como parte de su aprendizaje. Esta es la primera orquesta profesional de la provincia donde los músicos reciben honorarios por su trabajo artístico.
Por ahora, la Osro utiliza algunos instrumentos en préstamo de la Sinfónica. Al respecto, Archila refiere que actualmente la Orquesta Sinfónica Regional de Occidente funciona en el centro recreativo Los Cerezos, un espacio que se renta en Totonicapán. No existe en el país una infraestructura diseñada específicamente para albergar una orquesta. Incluso la Orquesta Sinfónica Nacional utiliza instalaciones del Conservatorio Nacional.
Respecto de los instrumentos, muchos músicos utilizan los propios, ya que también los emplean en otras actividades profesionales, ilustra el funcionario. Sin embargo, la institución planea adquirir instrumentos especialmente para aquellos que son muy costosos o difíciles de transportar, entre ellos timbales sinfónicos, piano, tuba, corno inglés y corno francés.
Por ahora, todos los conciertos de la orquesta son gratuitos, ya que el proyecto se financia con impuestos de los ciudadanos. Para poder cobrar entradas sería necesario crear una estructura legal específica, con cuentas auditadas y reguladas por el Estado. En la actualidad, solo algunas instituciones culturales del Ministerio cuentan con ese sistema, como la Orquesta Sinfónica Nacional, el Ballet Nacional de Guatemala y el Ballet Moderno y Folclórico.
Para concluir, López destaca que se trabaja con músicos de alto nivel. “Cuando fueron las audiciones me di cuenta del potencial de todos los que participaron y sé que van a llegar muy lejos”, afirma.
Además, reconoce que algunos no tienen la experiencia, pero están teniendo una formación intensa con los ensayos y preparación, con lo cual están demostrando mejoras diarias. “Es importante la creación de este espacio y que los músicos trabajen en aquello que les apasiona”, puntualiza.


