“The Muppet Show” se niega a modernizarse en su triunfal regreso
El especial de "The Muppet Show" es mediocre. Y así debe ser: es bueno y correcto que lo sea.
(Foto Prensa Libre: The Washington Post)
El entrañable programa creado por Jim Henson hace 50 años, tras su salida de Saturday Night Live, convirtió la imperfección manejable en su principio rector. El objetivo no era ofrecer una noche impecable de entretenimiento, sino extraer humor y alegría del caos de una producción, especialmente entre bambalinas.
En Los Muppets, lo malo siempre ha sido bueno: que Fozzie tenga chistes pésimos es justamente lo que hace divertidos sus sketches. La insistencia de Miss Piggy en su propio talento queda deliciosamente desmentida cada vez que le toca demostrarlo.
Seth Rogen —junto con productores ejecutivos como Maya Rudolph, Evan Goldberg y la guionista Albertina Rizzo— resucitó el programa en un especial de 30 minutos que también funciona como un piloto encubierto para un posible relanzamiento.
El director Alex Timbers conserva el espíritu suelto y burbujeante del original. El episodio —con una afinadísima Sabrina Carpenter como estrella invitada de Kermit— no se siente sobreproducido ni excesivamente pensado. Es, simplemente (y esto es un elogio), otro episodio de The Muppet Show.
Sí, hay momentos que subrayan la ocasión. "¡Estamos haciendo el programa otra vez, rana!", dice Rowlf con entusiasmo cuando Kermit —que inicia el especial apagado, encendiendo las luces del viejo teatro— lo encuentra tocando Rainbow Connection. Rogen aparece brevemente en un cameo en el que es desplazado sin miramientos. Pero el programa casi no se esfuerza por presentarse a nuevas audiencias.
No hay intento alguno de modernización. Esto no es The Muppets, la comedia de ABC estrenada en 2015 con Kermit y Miss Piggy distanciados (y Piggy como conductora de un talk show). Tampoco es Muppets Now (2020), una propuesta supuestamente improvisada compuesta por varios segmentos conectados por Scooter.

Nunca había pensado cómo sería lo opuesto a un reinicio, pero The Muppet Show —con una excepción a la que llegaré— lo consigue casi por completo. El especial es descaradamente nostálgico, y gloriosamente. Resulta mágico ver el viejo letrero tal como era, escuchar It’s time to play the music, it’s time to light the lights y observar a todos esos personajes peludos interpretar esa pegajosa canción de apertura sin una sola concesión al paso del tiempo. (La excepción es Carpenter, cuyas escenas junto a Miss Piggy subrayan repetidamente —para creciente molestia de esta última— cuán joven es).
Hay algunos guiños para superfans. En su número inicial, Carpenter ejerce una violencia leve contra varios Muppets masculinos, en lo que parece un homenaje a la legendaria participación de Rita Moreno, ganadora del Emmy, cuando cantó I Get Ideas mientras atacaba jovialmente a su pareja de baile. Sin embargo, el programa se siente menos académico que directo.
Scooter vuelve a tocar la puerta del camerino de la estrella invitada para anunciar cuántos segundos faltan para que se abra el telón. El segmento At the Dance aprovecha bien a Pepe the King Prawn. Gonzo —aún interpretado, increíblemente, por Dave Goelz— realiza una de sus clásicas acrobacias con un giro intelectual. No es tan buena. Un noticiero de los Muppets presenta de forma destacada a Rudolph, quien sufre algunos efectos secundarios tras un segmento particularmente desconcertante del laboratorio Muppet.
Los críticos gruñones Statler y Waldorf tienen amplio tiempo en pantalla. Y, lo mejor de todo, el fondo está repleto de Muppets moviéndose de un lado a otro sin diálogo ni rol específico. En conjunto, crean un panorama densamente poblado y lleno de un trabajo de marionetas tan refinado que quizá pase inadvertido en el primer visionado.
La energía de Carpenter está perfectamente calibrada para un programa como este, y su número final —que no puedo describir aquí y que incluye a dos Muppets principales— es genuinamente icónico. La Miss Piggy de Eric Jacobson se mantiene excelente a lo largo del episodio, mientras intenta asimilar los elogios de Carpenter sin perder su sentido de rivalidad. Hay, no obstante, un cambio notable: expresa sorprendentemente poca ternura hacia su querido Kermie.
Y eso me lleva, por decirlo así, al punto débil. Al igual que Piggy, me sentí más irritada que encantada por una rana que antes adoraba. Kermit, la estrella y protagonista de The Muppet Show, no funciona del todo en esta versión. Matt Vogel, quien asumió la voz del personaje tras el despido de Steve Whitmire hace una década, es un titiritero talentoso y versátil. Pero su Kermit no suena ni se comporta como los de antes, y ese cambio —tan drástico frente a un especial que por lo demás es tan fiel— termina siendo distractor.
El Kermit de Vogel es menos nervioso, con la mandíbula menos tensa. Es menos vulnerable, menos volátil, menos tierno, menos estresado. Ver a Kermit descomponerse a lo largo del episodio siempre fue uno de los mayores placeres del programa. Era posible sentir cómo se le subía la presión mientras intentaba mantener la paciencia hasta estallar. Este Kermit es, en comparación, demasiado sereno. Es una lástima: un Muppet con menor expresividad física resulta también menos cautivador.
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No es un problema menor. Pero quizá tampoco sea insalvable, sobre todo porque el especial parece alejarse del eterno cortejo de Miss Piggy hacia la rana a cargo, eje de muchas tramas originales.
Tengo otras observaciones. Por momentos pensé en cómo algunos sketches podrían haberse reforzado; algunos parecían más aleatorios que graciosos. Pero, pensándolo bien, eso siempre ha sido así. The Muppet Show nunca trató de ser grandioso. Siempre trató de hacer sentir bien. Y en ese sentido, este pequeño y tonto especial cumple con creces.

El especial por el 50 aniversario de The Muppet Show está disponible en Disney+.

