El mundo de los jóvenes

Cada época y cada sociedad tiene sus santos y sus demonios. La nuestra tiene jóvenes, que nos avisan acerca de las características de los santos y los demonios; para que evitemos a unos y para configurar la vida según la vida de los otros.

El mundo de los jóvenes
Al efectuar un sondeo cualitativo con estudiantes universitarios, se pudo identificar algunos aspectos interesantes de cómo está la visión de la vida en el mundo de los jóvenes. Foto Prensa Libre: Luisella Planeta Leoni/ Pixabay

La identidad de una persona se define al tomar conciencia que en todo momento está y estará en “relación” con cosas, pero sobre todo con personas y con Dios. En esa condición es como cada uno construye “su” propio mundo. La relación con Dios tiene tantos matices, como una paleta de colores. Otro tanto igual, pero menos matizada, es la relación con la familia y con los amigos.

Al efectuar un sondeo cualitativo con estudiantes universitarios, se pudo identificar algunos aspectos interesantes de cómo está la visión de la vida en el mundo de los jóvenes.

En la relación con Dios.

Dios es el ser hacia donde la vida tiende y por quien la podemos tener asegurada. Eso no siempre obliga a crear relaciones bajo una religión determinada. Las relaciones son personales. Esas que no obligan.

Dios está siempre, no nos falta, aseguran los jóvenes. Aun cuando no le busquemos y emprendamos caminos como si él no existiera. Dios es como un amor asegurado, que siempre está y estará para nosotros.

 La relación consigo mismo.

La condición personal es “el mejor lugar” para ser y estar. Es “la relación” de más conciencia, que nunca se abandona: seremos toda la vida, hombre o mujer, niño o adulto, estudiante o ciudadano.  Eso que llamamos “uno mismo” es ese quien nos acompaña, siempre; donde sea que estemos. Somos pasados, presente y futuro; nacemos, crecemos, morimos, sufrimos y nos realizamos en esa identidad.

La afirmación de la identidad muchas veces emerge de las inconsistencias; pero permite sentirnos cómodos “con lo ahora somos”. Es frecuente sentirnos felices y agradecidos por lo que somos, tenemos y por lo que podemos llegar a ser.  En ese sentido, como generación espontánea, los jóvenes emergen desde sí mismos como buenas noticias.

Los amigos.

Los amigos son pocos y exclusivos. Si se tienen estos deben ser de calidad, tal como uno mismo es. Los amigos son auténticos, con valores o mejor no tenerlos.  Por eso suelen ser muy pocos.

Parecido a otros tiempos la amistad es exclusiva y es definida por cada persona. Aristóteles lo hizo hace más de 2,300 años, dijo: “Los amigos, cuando son más en número de lo que reclaman las necesidades ordinarias de la vida, son muy inútiles, y hasta llegan a ser un obstáculo para la felicidad”.

 La vida en la familia.

La familia es el lugar más seguro. Nada como ella. Dónde ir sino a la familia, porque de ella venimos y ahí vivimos toda la vida.

Parecido a lo que ocurre en la toma de conciencia de sí mismos, en la familia se describen tantas inconsistencias en las relaciones con los hermanos, y los propios padres; pero ahí y solo ahí están aquellos valores que a veces creemos encontrar en la exclusividad de los amigos.

La moral

Sin embargo, resulta que la opinión de los jóvenes a la hora de ser cuantificada en cifras, tiene una nueva lectura:

Para definir la vida moral es indispensable la doble condición: yo y Dios, que llegan a tener una importancia similar. Y para vivir esa condición, la familia es el lugar más factible. Al preguntar si con los amigos se puede vivir la moral, nadie respondió afirmativamente.  Los amigos no figuran para la vida moral, de pronto, la amistad alienta a una vida en otros marcos poco ortodoxos. Cabe decir que en la amistad hay una gran tarea pendiente para enriquecerla más allá de la rutina o  la diversión, como espacio de crecimiento.

*Fraile dominico del centro Ak’Kután de Cobán Alta Verapaz