Salud y Familia

Pantallas, alimentos ultraprocesados y TDAH infantil: qué relación encontró un nuevo estudio

Un estudio relaciona el uso prolongado de pantallas y el consumo de alimentos ultraprocesados con más síntomas de TDAH infantil.

Pantallas, alimentos ultraprocesados y TDAH infantil: qué relación encontró un nuevo estudio

Los niños que pasan dos o más horas al día frente a las pantallas presentan un mayor riesgo relativo de cumplir los criterios de cribado de un posible TDAH. (Foto Prensa Libre: Kelly Sikkema-Unsplash)

Los hábitos de alimentación cotidiana y de consumo digital de los niños podrían influir en la aparición de signos asociados al trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en la infancia, de acuerdo con un estudio del grupo de investigación de la Universidad de Navarra (UNAV) y la Fundación Mapfre, en España.

Esta es una de las principales conclusiones del informe Dieta, pantallas y síntomas de TDAH en la infancia, desarrollado en el marco del Proyecto SENDO, que desde el 2015 da seguimiento a un grupo de niños y niñas para estudiar cómo factores relacionados con la dieta, la actividad física, el sueño o el sedentarismo pueden influir en su salud y bienestar.

Según la investigación, los niños que pasan dos o más horas al día frente a pantallas presentan un riesgo relativo 2.16 veces mayor de cumplir los criterios de tamizado de un posible TDAH, en comparación con aquellos que pasan menos de una hora diaria consumiendo contenidos digitales.

Por otra parte, los niños que consumen más alimentos ultraprocesados (productos elaborados industrialmente) presentan peores puntuaciones en las dimensiones de hiperactividad, relación con los compañeros, conducta prosocial e inatención (cuatro tipos de comportamiento asociados a un posible TDAH).

En el análisis, los investigadores se centraron específicamente en la alimentación y el tiempo de exposición a pantallas, y su relación con la salud psicoemocional y conductual y los síntomas de TDAH.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo frecuente en la infancia y afecta a entre el 5% y el 7% de los niños en el mundo, según la mayoría de los estudios científicos y organizaciones de salud.

Sus síntomas incluyen dificultades de atención, hiperactividad o impulsividad y pueden repercutir en el aprendizaje, la convivencia y las relaciones sociales, según explican la UNAV y la Fundación Mapfre.

“Este trastorno tiene un origen complejo en el que intervienen factores genéticos y neurobiológicos, y determinados hábitos que forman parte del entorno en el que se desarrolla la infancia”, señala la doctora Nerea Martín Calvo, investigadora del Instituto de Nutrición y Salud, especialista en pediatría y profesora titular del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la UNAV.

Una dieta rica en ultraprocesados podría modificar la microbiota intestinal, la cual interviene en la comunicación continua entre el intestino y el cerebro, que participa en el desarrollo cerebral. (Foto Prensa Libre: Tima Miroshnichenko- Pexels)

Esta especialista, que dirige el Proyecto SENDO, explica que este estudio analizó si algunos factores potencialmente modificables, como la alimentación o el tiempo que un niño se expone a pantallas digitales, se relacionan con una mayor probabilidad de que cumpla los criterios de cribado de un posible TDAH.

Los criterios de tamizado son las reglas o requisitos que se usan para determinar qué personas sanas deben someterse a una prueba médica para detectar una posible enfermedad de forma temprana. La meta de esta estrategia de detección precoz es encontrar problemas de salud antes de que causen síntomas.

Esta investigación analizó durante alrededor de dos años a 568 niños y niñas, que tenían entre 4 y 5 años al inicio del estudio. La información sobre su alimentación, actividad física, sedentarismo, sueño y otros aspectos relacionados con la salud se recogió mediante cuestionarios respondidos por sus padres.

Hábitos potencialmente modificables

El informe es un estudio observacional, por lo que sus resultados no permiten establecer una relación causal; es decir, no posibilitan afirmar que ciertos hábitos sean la causa del TDAH ni de sus síntomas, advierten los investigadores.

Sin embargo, es importante contar con investigaciones prospectivas como esta porque “permite avanzar en el conocimiento de una relación que todavía necesita más investigación y observar estos hábitos antes de evaluar posteriormente los síntomas”, señala la doctora Martín Calvo.

“La relevancia de estos resultados reside en que la alimentación y la exposición a pantallas son aspectos sobre los que las familias pueden actuar”, destaca, por su parte, la doctora Eva Arranz, médica de la Fundación Mapfre.

“Promover hábitos saludables, como priorizar una alimentación basada en alimentos frescos y limitar el tiempo que los niños pasan frente a dispositivos electrónicos, puede formar parte de un enfoque integral para favorecer la salud y el bienestar infantil”, destaca Arranz.

“Existen varias hipótesis que podrían explicar las asociaciones observadas en esta investigación, aunque es importante insistir en que nuestros estudios no demuestran que las pantallas o los productos ultraprocesados causen TDAH”, señala la doctora Martín Calvo en una entrevista por escrito con EFE.

“Lo que observamos es que una mayor exposición se asocia posteriormente con más síntomas relacionados con la atención, la hiperactividad o la conducta, y existen algunos mecanismos que hacen que esa asociación sea biológicamente plausible”, precisa.

La exposición frecuente a contenidos muy estimulantes, con cambios rápidos de imágenes y recompensas inmediatas, podría influir durante una etapa en la que el cerebro infantil se está desarrollando. (Foto Prensa Libre: Samu Lopez-Unsplash)

Asociación entre pantallas y TDAH

“En el caso de las pantallas digitales, una de las hipótesis es que una exposición frecuente a contenidos muy estimulantes, con cambios rápidos de imágenes y recompensas inmediatas, podría influir durante una etapa en la que el cerebro todavía está desarrollando la capacidad de mantener la atención, controlar los impulsos y tolerar estímulos menos intensos”, puntualiza.

“El cerebro infantil se adapta al entorno en el que se desarrolla y, si recibe de forma repetida estímulos muy rápidos y gratificantes, podría resultar más difícil mantener la atención en actividades que requieren un esfuerzo sostenido y ofrecen una recompensa más lenta, como escuchar una explicación, leer o realizar una tarea escolar”, explica la profesora e investigadora de la UNAV.

“Además, probablemente existe una vía indirecta. Consiste en que el tiempo dedicado a las pantallas podría desplazar otras actividades fundamentales para el neurodesarrollo infantil, como el sueño, el ejercicio físico, el juego libre o la interacción con otras personas”, añade.

En este sentido, “el sueño puede ser especialmente importante: ya que utilizar pantallas durante muchas horas o a última hora del día puede alterar tanto su duración como su calidad, y sabemos que dormir poco o mal repercute directamente sobre la atención, el control de los impulsos y la regulación emocional”, apunta.

Relación entre ultraprocesados y TDAH

En el caso de los productos ultraprocesados, probablemente tampoco existe un único mecanismo, según explica la doctora Martín Calvo.

Explica que “una dieta rica en estos productos podría modificar la microbiota intestinal, y hoy sabemos que existe una comunicación continua entre el intestino y el cerebro —el llamado eje microbiota-intestino-cerebro— que participa también en el desarrollo cerebral”.

Según la experta, “se han descrito además posibles cambios epigenéticos asociados a un mayor consumo de ultraprocesados, es decir, modificaciones en la forma en que se expresan determinados genes implicados en el neurodesarrollo”.

Otra hipótesis especialmente interesante, según la doctora Martín Calvo, es la neuroinflamación: “Algunos patrones alimentarios ricos en grasas, azúcares y productos muy procesados pueden favorecer una respuesta inflamatoria que no se limita al resto del organismo, sino que también puede afectar al sistema nervioso”.

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“Se ha observado experimentalmente que este tipo de dietas puede activar células inmunitarias y aumentar señales inflamatorias en el cerebro. (…) Durante la infancia, cuando los circuitos relacionados con la atención y el control de la conducta todavía están madurando, una alteración mantenida de ese entorno podría tener consecuencias sobre su funcionamiento”, señala la especialista.

Añade que se trata de una hipótesis plausible, no de un mecanismo que hayan demostrado directamente en los niños.

Por lo tanto, en ambos casos (exposición a las pantallas y consumo de ultraprocesados) “pensamos más en una suma de pequeños mecanismos que actúan durante una etapa especialmente sensible del desarrollo cerebral que en una relación simple de causa y efecto”, reitera.

“A partir de este estudio observacional, el objetivo es replicar estos resultados, mejorar la medición objetiva de los hábitos y estudiar si modificar estas exposiciones produce cambios en los síntomas”, concluye Nerea Martín Calvo.

Aquellos pequeños que consumen más alimentos ultraprocesados presentan peores puntuaciones en las dimensiones de hiperactividad, relación con los compañeros, conducta prosocial e inatención. (Foto Prensa Libre: Jeff Hendricks-Unsplash)

ESCRITO POR:

Delia Franco

Periodista de Prensa Libre para el área de bienestar, cultura y tendencias. Con 10 años de experiencia en periodismo escrito y televisivo.