Salud y Familia

Cómo enseñar a los niños a comer saludable sin obligarlos ni premiarlos

Más que elegir alimentos saludables para los niños, enseñarles a comer implica respetar sus señales de hambre y saciedad, evitar presiones y dar el ejemplo en casa.

Cómo enseñar a los niños a comer saludable sin obligarlos ni premiarlos

Los niños aprenden a alimentarse sanamente desde pequeños, especialmente por los hábitos que ve en casa. (Foto Prensa Libre: Freepik)

Alimentar a los niños no consiste solo en poner un plato sobre la mesa, sino en enseñarles y ayudarlos a reconocer el hambre, probar alimentos diversos y comer para nutrirse.

Pero muchas veces se cae en la imposición o la negociación, al obligar a los niños a terminar toda la comida o presentar ciertos platillos como un premio y otros como un castigo.

Las verduras, por ejemplo, pueden llegar como una imposición, mientras que los dulces o la comida chatarra pueden servir para premiar ciertas acciones o buenas calificaciones. Esto, a decir de expertas en nutrición y psicología, podría repercutir en la relación que los niños tengan con la comida durante su crecimiento.

La nutricionista clínica Isabella Trejo y la psicóloga especialista en conducta alimentaria Natalia Sandoval plantean otro camino: educar desde la exposición, el acompañamiento y la confianza en las señales del cuerpo.

Las expertas aseguran que el ejemplo de los adultos, las rutinas y el respeto por la autonomía infantil son indispensables para formar en los más pequeños hábitos que podrían mantener a lo largo de su vida.

Ofrecer sin obligar

Trejo resume la organización de las comidas en dos responsabilidades complementarias: a los adultos les corresponde decidir qué alimentos se ofrecen, cuándo se sirven y dónde se come, mientras que al niño le toca decidir si quiere comer y en qué cantidad, según cuánta hambre sienta.

Esta estructura conserva horarios y variedad, pero evita que la alimentación dependa de amenazas, ruegos o presión.

Obligar a terminar todo lo que hay en el plato puede enseñar a los niños a ignorar la saciedad y comer para complacer, lo que podría desencadenar problemas de sobrepeso y obesidad.

Además, Sandoval asegura que utilizar dulces, pasteles o comida chatarra como premio también les da un valor especial a esos alimentos, mientras convierte otros en una obligación.

En su lugar, es importante explicarles que algunos alimentos, como las frutas y verduras, les darán más energías para poder correr o lugar. Mientras que otros también son importantes, pero hay que consumirlos en una cantidad menor.

Permitir a los niños probar diferentes alimentos les ayudará a reconocerlos y descubrir sus sabores. (Foto Prensa Libre: Freepik)

La variedad se enseña poco a poco

Ante el rechazo de cierta comida, las expertas recomiendan presentar de nuevo el alimento, en pequeñas porciones y sin presión, y recordar que aceptar sabores y texturas desconocidos puede requerir varios intentos. Los niños no siempre lo harán la primera vez; sin embargo, esto no significa que no se pueda seguir intentando en días posteriores.

Para orientar las comidas, la nutricionista sugiere combinar frutas o verduras, una fuente de proteína, una de carbohidratos, una grasa saludable y agua.

Lo mismo puede aplicarse a la lonchera escolar, donde también cabe un alimento de disfrute en una porción razonable. El propósito no es alcanzar la perfección diaria, sino mantener un patrón variado a lo largo del tiempo.

Lo ideal es que en cada plato no falten los siguientes grupos de alimentos, en porciones equilibradas:

  • Proteínas: contribuyen a la reparación de tejidos, el mantenimiento muscular, las enzimas, las hormonas y el sistema inmunitario
  • Grasas saludables: participan en la producción hormonal, la absorción de vitaminas y el aporte de energía
  • Carbohidratos: son la principal fuente de energía del cuerpo y del cerebro
  • Frutas y vegetales: aportan fibra, vitaminas y minerales; variar los colores amplía la diversidad de nutrientes

Enseñar con el ejemplo

Se dice que los niños son como esponjas que absorben lo que ven y escuchan. Por lo tanto, si constantemente ven a sus padres probar todo tipo de dietas, rechazar ciertos alimentos por ser “malos” o, por el contrario, comer sin saciarse, podrían repetir esos patrones.

Sandoval señala que frases como “eso engorda”, “esa comida es mala” o “si te lo acabas, te doy postre” pueden asociar la alimentación con culpa, miedo o recompensa. En su lugar, propone hablar de alimentos nutritivos, alimentos de disfrute y opciones que reúnen ambas cualidades. Así, comer deja de ser una prueba de obediencia o de valor personal.

Agrega que el aprendizaje también ocurre por observación. Los niños ven si los adultos comen con variedad, disfrutan sin compensaciones y hablan de su cuerpo con respeto.

Involucrarlos en tareas sencillas, como elegir una fruta, lavar vegetales, preparar una receta o servir una porción, puede despertar su curiosidad y darles un papel activo sin convertir la mesa en un espacio de control.

Lea también: Hambre emocional vs. hambre fisiológica: cómo reconocerlas y mejorar la relación con la comida

Además, recomienda:

  • Evitar enseñar dietas, ayunos y restricciones como modelo de salud
  • No usar la comida como premio ni como castigo; preferir tiempo compartido, juegos o experiencias
  • Preguntar al niño cómo se siente y permitir que reconozca hambre, satisfacción y saciedad
  • Modelar en casa la conducta que se desea enseñar: variedad, movimiento, respeto corporal y disfrute

Una habilidad para toda la vida

No hay que olvidar que los niños aprenden tanto qué comer como la manera de relacionarse con la comida al observar a los adultos.

Por eso, enseñar a alimentarse no significa vigilar cada bocado, sino ofrecer estructura sin rigidez, repetir sin presionar, escuchar sin juzgar y mostrar con el ejemplo que la comida puede nutrir, dar placer y reunir a la familia.

Con ese acompañamiento, los niños desarrollan autonomía y herramientas para tomar decisiones más conscientes durante toda su vida.

Los hábitos alimenticios acompañan en cada etapa hasta la adultez, por eso es importante enseñar hábitos positivos desde pequeños. (Foto Prensa Libre: Freepik)

ESCRITO POR:

Delia Franco

Periodista de Prensa Libre para el área de bienestar, cultura y tendencias. Con 10 años de experiencia en periodismo escrito y televisivo.