El equipo liderado por Bengt Kallen ha comprobado que menos del 2 por ciento de las mujeres del grupo tratado con hormonas desarrolló uno o más cánceres durante el período de seguimiento, comparado con casi el 5 por ciento en el grupo de control.
Además, después de tener en cuenta los datos de la edad materna, la cantidad de embarazos previos y el tabaquismo, se ha demostrado que el riesgo general de cáncer fue alrededor de un 25 por ciento menor entre las mujeres que recibieron terapia.
Según los autores del estudio, esta cifra podría deberse a que las mujeres que son aptas para someterse a las terapias hormonales para concebir un hijo son más saludables en algunos aspectos o, lo que es más probable, que se realicen más controles de cuello de útero y mamografías que la población general.
En este sentido, los investigadores no han ocultado que, si bien se detectó un riesgo de cáncer más bajo en mama y útero, el riesgo de cáncer de ovario era casi el doble en las mujeres tratadas con hormonas. Ante este dato, Kallen ha sugerido que podría deberse a anomalías en la función ovárica que podrían incrementar el riesgo tanto de cáncer como de infertilidad, de ahí la necesidad del tratamiento.
En cualquier caso, “el riesgo de dos cánceres muy comunes, como lo son el de mama y el de útero, fue significativamente menor a lo esperado”, ha añadido este investigador, quien ha subrayado que “una pareja que necesita estos tratamientos no debe tener miedo de que las hormonas usadas -al menos aquellas que se utilizan en Suecia- conlleven un riesgo para la mujer de desarrollar cáncer”.