Síndrome del emperador: cuando los niños dominan a los padres

Este síndrome se caracteriza por el sentimiento de autoridad que tienen los infantes sobre los demás. Primero tratan de imponerse y desafiar a los padres y luego a cualquiera de su entorno.

Los niños con Síndrome del Emperador suelen recurrir a los gritos, berrinches y agresión física para llamar la atención y tener lo que desean. (Foto Prensa Libre: shutterstock).
Los niños con Síndrome del Emperador suelen recurrir a los gritos, berrinches y agresión física para llamar la atención y tener lo que desean. (Foto Prensa Libre: shutterstock).

Hay niños que son los que mandan en el hogar. Determinan qué comida hay que cocinar, porque es la que a ellos les gusta, los horarios de juegos y de dormir de todos e incluso las actividades que se llevarán a cabo en el día.

Lo cierto es que esta habilidad no es positiva porque consiguen lo que quieren por medio de gritos, amenazas y, en algunos casos, agresión física hacia el adulto. Los expertos en psicología denominaron este Trastorno de Oposición Desafiante (TOD) como “Síndrome del Emperador”.

De acuerdo con Angélica Carrillo, psicóloga infantil, el nombre de este comportamiento surge debido a que los niños son como emperadores, quienes establecen las normas conductuales interpersonales para privilegiar sus caprichos y exigencias por encima de la autoridad de los padres de familia. Cuando no lo logran acuden a los berrinches y hasta agresiones para manipular a los adultos.

La violencia que ejercen los menores comienza tratando de manipular a los padres de forma psicológica. Luego tratan de conseguir que obedezcan y cumplan sus deseos. Por ello también el comportamiento suele llamarse “hijos dictadores” debido a que dominan el ambiente familiar. “Cuando los roles de padres e hijos se invierten comienza el problema y es muy fácil que el niño adopte el comportamiento de tirano, porque él se considera la autoridad y al no ser complacido acude fácilmente a la violencia física y psicológica”, dice la profesional.

¿Cómo identificarlos?

Este comportamiento suele presentarse en infantes entre los 5 y 10 años, puede durar hasta la adolescencia y llegar a la adultez si no se identifica a tiempo y se busca ayuda profesional. Los niños que presentan el síndrome del emperador son fáciles de distinguir porque suelen mostrar una personalidad de egocentrismo y tienen poca tolerancia a la frustración, por lo que lloran, gritan, patalean, empujan o agreden cuando sus exigencias no son cumplidas.

Los hijos dictadores no han aprendido a controlar sus emociones, por ello no saben cómo gestionarlas adecuadamente y se muestran enojados o nerviosos la mayoría del tiempo. Poseen pocos recursos para solucionar las dificultades que se les presentan y acostumbran a no reconocer sus errores, por lo que culpan a los demás.

Debido a que continuamente buscan atención de su entorno, no toleran el aburrimiento ni la incomodidad. La herramienta que más utilizan para llamar la atención de los adultos son los berrinches. Se muestran egocéntricos y con falta de empatía.

También imponen de manera sistemática su voluntad y suelen hacer berrinches en lugares públicos o delante de la familia. Se debe prestar atención en que el niño siempre se sale con la suya porque hacen que los demás familiares siempre los defiendan y consientan. De esta forma, poco a poco, se les permite el chantaje emocional.

Causas

Los adultos que son muy protectores y permisivos, que claudican ante los caprichos de los pequeños porque consideran que así les evitarán un sufrimiento, realmente podrían estar dañando la personalidad del niño.

Los padres de familia suelen quedarse callados y consentir a los niños, cuando comienza el berrinche, porque justifican las malas acciones con sufrimiento y falta de cariño. (Foto Prensa Libre: shutterstock).

Este comportamiento se origina cuando los padres dan privilegios desmesurados a los hijos sin ningún tipo de condición, por lo que ellos consideran que siempre se merecen los “premios” que estos les dan, incluyendo la atención. Aunque, también se atribuyen a causas de origen psicosocial, originadas por alguna razón de fuerza mayor, cuando los adultos ya no pueden compartir la misma calidad de tiempo que antes con los pequeños. Por ello, al tener pocos minutos para los hijos, los padres de familia se sienten culpables de estas acciones.

“La mayor parte de las causas radican en el trato que dan los padres. Si ellos aceptan agresiones verbales o físicas del niño cuando no se le consiente y le demuestran miedo, esto le dará una pauta importante al niño para que sienta que tiene el control. Por eso, es importante corregir en su debido momento, con paciencia y buena comunicación”, explica Julio Díaz, pedagogo y psicólogo infantil.

A los pequeños que les falta compartir hábitos familiares afectivos, como el tiempo en familia, juegos o participar en familia en los tiempos de comida y ser escuchados, suelen presentar el Síndrome del Emperador. La falta de atención los hace más proclives a desarrollar conductas autoritarias para que las personas de su alrededor los vean.

Cómo actuar ante la actitud de tiranía

Si considera que su hijo tiene el Síndrome del Emperador, puede comenzar corrigiéndolo mediante reglas claras y explicar las razones de ellas. No lo regañe, sino háblele hasta que entienda por que usted está poniendo límites. Al inicio necesitará mucha paciencia porque el niño tratará de chantajearlo y actuar como está acostumbrado.

Es importante que tanto el padre como la madre estén de acuerdo con las acciones a tomar. Deben mostrarse firmes respecto a las opiniones que den delante del pequeño.

Prestar atención y compartir tiempo con los niños ayudará a calmar la actitud de tiranía. (Foto Prensa Libre: shutterstock).

Lo recomendable, según los expertos, es no imponer ningún castigo que después no se cumpla o que sea muy duro. “Siempre hay que apostarle a la comunicación. Si el niño no pone de su parte, entonces explíquele que ya no podrá jugar con su juguete favorito porque su actitud no es positiva y correcta. Así como se castiga, también hay que gratificarlo ante cualquier esfuerzo positivo que tenga. Esa gratificación no siempre debe ser material, unas palabras de felicitación bastan”, dice Díaz.

De acuerdo con la edad, se pueden otorgar responsabilidades y tareas del hogar, como poner la mesa, sacar la basura, hacer su cama, entre otros. En todo momento recuerde inculcar responsabilidad y respeto por los mayores y la casa en donde vive y enséñele a reconocer y manejar sus emociones. También es vital que aprendan a ser empáticos y se pongan en el lugar del otro, así fomentará la conciencia y el respeto hacia los demás.

Síndrome del emperador en adultos

Cuando las conductas de tiranía no son tratadas a tiempo, no solo varían con los años, sino que pueden acrecentar con el desarrollo del niño y con los cambios hormonales. Por esto, muchos niños acaban convirtiéndose en adultos controladores, manipuladores y egoístas.

Los niños que crecen con el Síndrome del Emperador tienen esquemas mentales basados en el hecho de que los demás deben respetar y cumplir sus exigencias solo porque ellos así lo desean. Se acostumbran a obtener lo que piden, con mínima tolerancia a no conseguir los privilegios deseados. Tienen conductas egoístas con su familia y entorno social.