Cuestiones tan simples como dónde colocar la nevera, al norte o al sur, y cómo reconducir el calor que la propia casa genera, por ejemplo, a través de este electrodoméstico es importante, asegura Juliana Qiong Wang, economista de energía, y miembro del Instituto Yale de Clima y Energía de la Universidad de Yale, quien participó en la Cumbre del Clima.
Para ello es necesario un cambio de mentalidad, políticas adecuadas y tecnologías de uso público y privado, para reducir el consumo de energía y mejorar la eficacia energética de los edificios. “La comunidad científica y los políticos deben centrarse en la causa del sector de la construcción porque, según cálculos termodinámicos, enfriar una casa en sólo un grado gastará tres veces más energía que calentarla. La humedad cuenta también mucho”, manifiesta Wang.
Diferentes zonas, diferentes necesidades
“Al haber distintas zonas climáticas, hay diferentes tecnologías que pueden ser empleadas por igual. Es crucial intercambiar información a partir de una base de datos que recoja todas estas tecnologías”, apunta la investigadora de la Universidad de Yale.
La científica explica que en Arizona (EE UU), por ejemplo, el tiempo es muy seco mientras que en Florida es muy húmedo, por lo que “la energía empleada para enfriar la misma casa supone un gasto de energía diferente por cuestiones de humedad aunque en las dos zonas haga calor”.
“Aunque ya se estén construyendo muchos edificios verdes que son muy buenos si se calculan en términos de energía por metro cuadrado, no son tan eficientes si se calcula la energía per capita. Tiene que cambiar el estilo de vida de las personas”, señala Wang.
A pesar de que para los países industrializados el acceso a estas tecnologías sea más fácil, para los países en vías de desarrollo, la falta de financiación, la pobreza, los altos costes, las limitaciones en el diseño de los propios edificios y la disponibilidad de la tecnología, son un obstáculo. A esto se añade el empeoramiento de su salud.
Un hogar verde mejora la salud
“Hay más de mil 100 millones de hogares en países en desarrollo que todavía cocinan con tecnologías precarias como piedras y leña. Esto causa la mitad de los casos de neumonía en niños de todo el mundo, la mayor causa de mortalidad infantil”, señaló Carlos Dora, médico epidemiólogo y coordinador en el departamento de Salud Pública y Medio Ambiente en la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Ginebra (Suiza).
Hay que promocionar más hábitats “pasivos” como abrir las ventanas para adaptarnos al medio ambiente”, afirma Wang.
“La ventilación natural reduce la transmisión de infecciones, que ocurre en espacio cerrados, lo que está bien demostrado en hospitales, con la transmisión de tuberculosis, asegura Dora.
En zonas más frías, el aislamiento térmico reduce la humedad y el moho en los interiores, lo que lleva a una reducción de los casos de asma, neumonía y enfermedades respiratorias. En Nueva Zelandia la mejora del confort térmico lleva a una mejor salud mental, y a una reducción de casos de depresión, asevera el epidemiólogo.
Según los expertos, contar con edificios inteligentes será más sano para la gente, aunque estas nuevas casas sean más caras. “Con la esperanza de vida de la casa y la energía que se ahorra no resulta tan caras a largo plazo”, concreta la científica.